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domingo, 15 de febrero de 2015

Brahms: Los conciertos y la música de cámara. El piano y la música sinfónico coral.

Obras concertantes
Música de cámara
Música para piano solo
Música sinfónico Coral
Canciones

Obras concertantes
 
Los cuatro conciertos, dos para piano, uno para violín y otro para violín y violonchelo, alían un alto nivel de virtuosismo a una rica escritura sinfónica, y son los mas populares de este tipo de repertorio.
 
La primera gran obra orquestal de Brahms fue el concierto para piano nº 1 en re menor opus 15, estrenado en 1859 y que marca el final del primer periodo de su obra llamado de Sturm und Drang (época de Tormenta e ímpetu.) No era una obra calculada para merecer muchas presentaciones, porque resultaba demasiado difícil, demasiado inflexible, demasiado grande, demasiado exigente desde el punto de vista intelectual. El consenso inicial se expresa en el comentario de un crítico que dijo que “el publico se aburrió y los músicos se sintieron desconcertados.” “ Una sinfonía con obligato del piano, comentaban los críticos. La parte solista fue tan ingrata como lo permitían las posibilidades, y la parte orquestal, una serie de acordes lacerantes.”  Aunque el concierto hoy es apreciado por su atmosfera ensoñadora y sombría, se deja notar que la obra fue al principio concebida como una sinfonía, por consejo de Schumann, por un compositor todavía no familiarizado con la orquesta.
 
Johannes Brahms - Piano Concerto no. 1 in D minor, op.15
Brahms-Piano Concerto no. 1 in d minor op.15

Hasta 1878, no abordará Brahms otra vez el concierto para piano, esta vez el numero 2 en si bemol mayor opus 83, estrenado en 1881. El concierto tuvo un gran éxito. Es sin discusión una de las obras maestras de Brahms y uno de los mas grandes conciertos de todo el repertorio tanto por su calidad musical como por sus dimensiones. Tiene cuatro movimientos en lugar de los tres habituales y el segundo es un scherzo, inhabitual en una obra concertante. Contrariamente al primer concierto para piano, que había desconcertado a los oyentes, este tuvo enseguida un enorme éxito.
 
 


El Concierto para violín en re mayor opus 77
 
Fue estrenado en Leipzig en 1879 por su amigo, el violinista Joachim. El concierto fue favorablemente acogido pero tardó tiempo en imponerse. Su dificultad de ejecución fue una de las causas; la otra, la incomprensión que sufría la música de Brahms en algunos países, sobre todo en Francia. Lalo y Fauré, desaprobaron la obra, y el gran Sarasate se negó siempre a tocarla. Hoy en día es una de las obras mas populares de Brahms y de todo el repertorio violinistico, como los conciertos de Beethoven, Mendelssohn o Tchaikovsky.
 


Doble concierto para violín, violonchelo y orquesta en la menor opus 102.
 
Es la ultima obra concertante de Brahms, que termina con unos efectivos poco corrientes en la época romántica, y mas bien forma de la época barroca o clásica. El triple concierto de Beethoven se ha dicho que ha podido servir de modelo en cierta medida. Lo poco tradicional de la obra explica quizá su reducida popularidad. Menos favorecida que otras obras concertantes de su autor, no por ello deja de poseer innegables cualidades de invención. Su segundo movimiento, andante, es una de las más bellas páginas de la madurez de Brahms.
 


Música de cámara.
 

La dimensión camerística está, como hemos visto, en la raíz de toda la creación de nuestro compositor. Que Brahms iba a ser un gran creador de cámara se pudo ya apreciar en una obra tan temprana como el Trío en si menor opus 8, para violín, violonchelo y piano, de 1854, dotado de elementos que poco después cuajarían en la juvenil perfección del Sexteto para cuerda opus 18. Sus primeras obras de cámara están revestidas de una terrible dignidad, una seriedad profunda y al mismo tiempo honesta, unos rasgos que elevan esta música por encima del nivel corriente. Brahms prefería que no se ejecutara estas obras de su etapa temprana. La fijación beethoviana se manifiesta con exceso.
 
 
Edwin Evans, uno de los estudiosos que más y mejor ha profundizado en la obra de Brahms resumía así su importancia como compositor camerístico: "No ha aparecido ningún otro músico que pueda disputarle su derecho a ocupar la suprema posición ganada por la habilidad de saber combinar el amor por la belleza formal con el completo y claro equilibrio entre la ciencia y la inspiración".
 
En verdad, al lado de Beethoven no hay probablemente ningún otro creador (ni siquiera Haydn y Mozart) a estos niveles que haya alcanzado un dominio, una concentración y una altura formal y expresiva similares en el campo de la música de cámara.
 
Brahms escribió 25 partituras completas más un Scherzo y un Trío póstumo de cuya autenticidad se duda ampliamente. 23 números de opus en un conjunto de 122; una porción similar a la que ocupa la música para piano solo. Entre 1854 y 1895 Brahms compuso sus partituras camerísticas: 3 sonatas para violín y piano, 2 sonatas para violonchelo y piano, 2 sonatas para clarinete (o viola) y piano, 3 tríos con piano, un trío con trompa, un trío con clarinete, 3 cuartetos de cuerda, 3 cuartetos con piano, 2 quintetos de cuerda, dos sextetos de cuerda, un quinteto con clarinete y un quinteto con piano.
 
Combinaciones tan atractivas y definitorias del género como el cuarteto de cuerda o la sonata para violín tardarían en aparecer en su catálogo.
 
El compositor tardó bastante en acometer la forma camerística por excelencia, el cuarteto de cuerda; ahí tenía, como en otros terrenos, el antecedente, que él consideraba poco menos que insalvable de Beethoven. Hasta 1873 no escribe su primera obra en esta parcela, dentro de la que solamente llegó a crear tres, después de destruir previos intentos no satisfactorios para su inveterada auto exigencia. Son los cuartetos en Do menor y  La menor opus 51, y el número 3 en si bemol opus 67.

 


La forma Sonata para Violín  se inaugura con la opus 78, la Sonata n° 1, escrita en 1879.
 
Es característica muy brahmsiana, por el contrario, el gusto por las formaciones inéditas o inusitadas para la época, como los cuartetos o quintetos con piano, los sextetos de cuerda, el trío con trompa o la sonata para clarinete. Fueron notables, el elocuente par de sextetos de cuerda y el cuarteto para piano nº 3 en do menor opus 60, reconocido por ser autobiográfico.

 


Pocas músicas tan puras o, si se quiere, abstractas, como la de Brahms. En el campo de cámara, localizamos rasgos poemáticos en las Sonatas para violín y piano opus 78 y opus 100, elementos melancólicos naturales en las Sonatas para clarinete y piano opus 120, en el Quinteto para clarinete, en los dos Sextetos de cuerda y rasgos claramente folklóricos (zíngaros) en multitud de puntos.
 
En el aspecto formal Brahms plantea una rigurosa recuperación de los esquemas clásicos y retoma gustoso los presupuestos sonatísticos, que él sabe actualizar de manera adecuada e inteligente y acompañar de los más diversos recursos conectados con la variación continua (la variación desarrollada, que decía Schonberg), con la permanente interrelación temática y con las estructuras de carácter cíclico a lo Franck.
 
La flexibilidad del discurso, la elasticidad de la melodía, el tratamiento contrapuntístico y polifónico conducen en ocasiones a la construcción de unas texturas realmente orquestales; piénsese en el rotundo Quinteto con piano opus. 34 (verdadera síntesis del clasicismo romántico), a unas combinaciones instrumentales muy ricas que guardan en su interior un alto contenido emocional muy propio de la época romántica en la que están escritas y que procura una especial expresividad y un directo y contundente sentimiento nada sensiblero.

 


En lo tocante a la Sonata para violín y piano, al insistir en la renovación de la forma clásica por antonomasia, la sonata, se le consideró por ello entonces un músico a contracorriente.
 
Sus sonatas para Violín y piano y Violonchelo y piano nos presentan al Brahms maduro entre 1865 y 1894. Las tres sonatas pianísticas de juventud (1852-53),  a pesar de su innegable encanto, son un hecho aislado en su catálogo para piano: Cuando vuelva a la forma sonata, más de una década después, será siempre en dúo instrumental: violonchelo, violín, dúo de pianos o clarinete, siempre con el piano al lado.
 
Brahms es en buena medida, también aquí, un seguidor de Beethoven, su gran antecesor. En ciertos rasgos formales más que nada. Porque en las líneas de inspiración, en el melodismo cálido e íntimo, en la secreta poesía, es más bien hijo de Schubert y de Schumann. Particularmente del primero, a quien se asemeja por la habilidad para tratar elementos líricos derivados del mundo de la canción y del acervo popular.
 
Sus tres Sonatas para violín y piano  fueron escritas en el espacio de 8 años, de 1878 a 1886.
 
Sonata n° 1 en sol mayor op. 78.  Es una obra interior, iluminada por una extraña y difusa luz, envuelta en un halo nostálgico de severa poesía
 




Sonata n° 2 en la mayor op. 100 y Sonata n° 3 en re menor op. 108
 
El canto a media voz, la íntima y recogida poesía de las otras dos Sonatas son sustituidos en ésta por el apasionamiento, la intensidad expresiva y el calor, que son servidos por una escritura de mayor entidad violinista, de carácter casi sinfónico, que se mueve en todos los registros. De ahí que sea la preferida por los instrumentistas. Lo que no quiere decir que sea la mejor de las tres pese a sus bellezas innegables y a su riqueza melódica y temática; algo esto último en lo que coincide con sus hermanas. Aunque no han faltado autores que le han negado casi el pan y la sal y la colocan muy por debajo de aquéllas.
 
Si las sonatas para violín fueron escritas en un espacio de nueve años, las destinadas al violonchelo, en la que no se alcanzan las altas cotas de aquéllas ni de otras partituras camerísticas, están separadas nada menos que por veintiún años. Son obras fogosas, apasionadas, en las que el piano aplasta muy frecuentemente el timbre velado del chelo, al que se le reclama una expresión y un vigor en ciertos registros que exceden de sus capacidades.
 




El mundo del clarinete, es muy importante para el Brahms maduro. Llegó a conocer a fondo este instrumento durante sus numerosas estancias en Meiningen, lugar de residencia del magnífico clarinetista Richard Mühlfeld. Sus habilidades se resaltan con el Trío opus 114, que unía este instrumento al piano y al chelo, y con el famoso Quinteto op. 115, que combinaba ese dulce timbre con el cuarteto de cuerda. Las dos Sonatas para clarinete  de la opus 120, compuestas a lo largo del verano de 1894, cierran la conexión del ya casi anciano Brahms con el instrumento.
 


Ha sido muy diversa la importancia concedida por los estudiosos a estas obras. Mientras que Landormy las estima poco y destaca lo mal que se pliega la sonoridad del clarinete a la del piano. Rostand reconoce su alto valor y la tacha de maestras: "son composiciones escritas para uno mismo, como las hojas de un diario íntimo". Algo que sin duda podría extenderse a la magnífica partitura de la opus 115, donde el solista cobra su máxima importancia.
 
 
Música para piano solo
 
Sus obras para piano están perfectamente adaptadas al intimismo romántico. Con relación al piano, se aleja  del virtuosismo de Liszt y de los tiernos adornos de Chopin. En conjunto su obra pianística se preocupaba principalmente de la idea y no de la textura. Rasgo común  a todas sus obras, es su dificultad para los interpretes. La textura pianística en densa, sobrecargada de acordes, con armonías complejas y profundos momentos contrapuntísticos. Es un piano con ambición sinfónica en la línea de Schumann, y en esto se aleja de Chopin. El pretendido carácter sinfónico de muchas obras de Brahms, viene de esa monumentalidad de planteamientos, de la abundancia de desdoblamientos y amplitud de disposiciones que por su densidad hacen pensar en la orquesta sin que por ello pueda concluirse que ese sea su origen.  La melodía no siempre está acabada y se desdibuja. En algunas obras los ritmos son muy diferentes para cada mano, lo que las asemeja a un estilo pianístico a cuatro manos.
 
Las obras de su primera etapa, hasta 1860,  están sobre todo influidas por Schumann. Son sus obras mas densas, con bajos rumorosos. Escasea el encanto pero brillan ya por su grandeza y monumentalidad. A este periodo denso y serio de su piano, pertenecen, las sonatas nº 1 opus 1, nº 2 opus 2 y nº  3 opus 5. Sinfonías disfrazadas las denominaba Schumann. También las Variaciones sobre un tema de Schumann opus 9.  El scherzo opus 4 y  las cuatro Baladas opus 10.
 
En la década de los 60, su estilo se vuelve mas seguro, entusiasta y brillante y encuentra una de sus formas más originales y personales, la Variación. De éste periodo destacan las Variaciones  sobre un tema de Haendel (opus 24 – 1861) y las Variaciones sobre un tema de Paganini (opus 35- 1862-63). En la línea de la variación,  bajo la influencia de Schubert y su amado Strauss en Viena, 1865, escribe sus tiernos Dieciséis valses; una obra maestra en que la conocida danza experimenta los más diversos e ingeniosos tratamientos variativos.
 


 
Esta etapa podríamos decir que culmina con dos soberbias piezas en las que Brahms nos demuestra lo que es capaz de componer un gran músico;Las ocho piezas breves de 1878 y las dos Rapsodias opus 79 de 1879,  una de las obras mas apasionadas de este Brahms ya maduro.
 


En sus últimos años, década de los 90, se acentúa el abandono de las formas grandes para concentrarse en las obras breves. Su estilo, aunque sin concesiones a la frivolidad se hace más suave, soñador y encantador. Su música se vuelve mas dulce y personal. Son sus maravillosas piezas cortas para piano: las siete fantasías opus 116, los tres intermezzi 117, las seis piezas opus 118 y las cuatro piezas opus 119. Son obras abstractas, serias y refinadas técnicamente, leves de materia y que no exigen tanto virtuosismo como las terribles Variaciones Paganini opus 35
 
7 Fantasien, Op. 116
3 Intermezzi, Op. 117 6 Klavierstücke, Op. 118
4 Klavierstücke op 119 

4 Klavierstücke op. 119. A. Schiff, piano(llamamos la atención sobre la primera pieza en si menor de este opus 119 , donde la música brota dulce, soñadora, llena de una ligera tristeza nostálgica muy lejos de sus primeras y serias obras para piano.

Música sinfónico- coral
 
En cuanto a su música Coral, gracias a las enseñanzas que extrajo de los maestros antiguos, domina todo lo que en el siglo XIX se ha hecho en ese género.
 
Réquiem Alemán opus 45
 
A este respecto debe citarse una obra sumamente original que es el Réquiem Alemán cuya concepción y forma son totalmente insólitas por la manera en que Brahms se coloca al margen de la liturgia; La obra fue acometida en 1866 y estrenada en 1868 ( de forma parcial ) y total en 1869.
 
Brahms se pone él mismo románticamente en escena, siempre utilizando un estilo severo, clásico, a veces voluntariamente arcaico, con textos entresacados libremente de las Sagradas Escrituras que enfocan mas los aspectos humanos de la muerte que los puramente religiosos. La obra es una contribución muy particular al genero apartándose de la tradicional misa de réquiem Aquí volvemos a encontrar el espíritu vibrante de poesía y de humanidad, el fervor de las pasiones de Bach. Brahms se aparta de la tradición católica y se sitúa en las enseñanzas del luteranismo. Se llama alemán porque el texto está tomado de la traducción que hizo Lutero de la Biblia, en vez de tomar el texto en latín habitual en el Réquiem.
No es una misa de difuntos sino una reflexión sobre la muerte, una expresión de dolor y de esperanza también. En palabras de Brahms, un Réquiem humano.

 
Desde el punto de vista formal es una forma mixta entre la cantata y el oratorio, compuesta para barítono, soprano, coro y orquesta.
La obra se estructura en siete partes y dos son los temas fundamentales que lo recorren: el consuelo (Núm. 1, 3 y 5) y la redención (1, 2, 5, 6). La redención como esperanza como transformación del dolor en alegría, de la muerte en vida. Y si la redención va unida por lo general a la figura de Cristo, éste no es mencionado en toda la obra, con la intención de dar un carácter universal a la obra y desligarla de la Iglesia.
 
El Consuelo y la Esperanza bañan los siete números

I- Bienaventurados los que lloran porque ellos recibirán consuelo
II- Tendrán gozo y alegría y huirán de la tristeza y el gemido
III- Señor, ¿Dónde hallaré consuelo?
IV- Cuan amables son tus moradas Jehová de los ejércitos
V- Vosotros ahora tenéis tristeza pero os volveré a ver y se gozará vuestro corazón
VI- Y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados
VII- Bienaventurados de ahora en adelante los que mueren en el Señor

En los siguientes enlaces se muestran unos breves pero completos análisis musicales de los siete números
 
http://oidofino.blogspot.com.es/2010/12/brahms-requiem-aleman-giulini-wpo.html
http://www.riveramusica.com/blog/partituras/requiem-aleman-brahms
 
La Rapsodia para Contralto y Coro masculino, Op. 53
 
Su composición data de 1869 y fue escrita por Brahms como regalo de bodas para Julie, hija de Clara Schumann. Una vez más, Brahms acude al genio literario alemán de Goethe, en concreto a unas estrofas de su obra Viaje por el Harz en invierno. Obra  de sereno desgarro, con pequeñísimas luces de esperanza, donde Brahms traduce espléndidamente, los versos de Goethe.
La obra pretende hacer el retrato del alma de un misántropo que busca el consuelo espiritual para eliminar su sufrimiento y en donde podemos hallar similitudes con la vida y el carácter de Brahms.
 
A pesar de su brevedad, se inscribe entre las más profundas y hermosas, escritas por Brahms, en la que en varias secciones, alude en forma casi textual, a fragmentos orquestales, de su Réquiem Alemán.
La obra tiene una expresividad clásica o apolínea, pero nunca, fría. Incluso esta Rapsodia, debido a su fuerza musical, puede comunicar la esencia del  mensaje, aunque se desconozca el texto.
Brahms ajusta el sentido de cada estrofa a una tonalidad, tempo y ritmo particular. Una obra en la que se ha considerado que Brahms estuvo cerca de la ópera.
 
Sus partes son tres

1-Adagio en do menor. Escrita para solista y orquesta. Comienza con un desconfortante arranque orquestal y luego el canto de la estrofa Aber abseits wer it´s? ( Pero quien vive apartado?)
2- Poco Andante en do menor. Se mantiene la tonalidad y orquestación anterior, pero cambia el ritmo y se introduce la estrofa Ach wer heilet die Schmerzen (Ah, ¿quién podrá curar las penas de aquel que del bálsamo hizo veneno?)
3- Adagio en do mayor. Cambia a la brillante tonalidad de do mayor y se introduce el coro masculino e introduce la estrofa Ist auf deinem psalter ( ¡si en tu salterio hubiera Padre de amor!)
Las dos primeras estrofas describen el dolor del vagabundo misántropo. La tercera, el rezo a un espíritu celestial para aliviar ese dolor. En el siguiente enlace puede leerse el texto de Goethe.
 
Además del Réquiem y la Rapsodia para contralto, en su etapa de madurez Brahms compuso una serie de obras para coro y orquesta basadas en textos de los mejores poetas alemanes: El Canto del Destino, Nänie y la Canción de las Parcas.
 
La Canción  del Destino ( Schicksalslied ) Opus 54. ( 1871)
 
Dentro de la música sinfónico-coral , Brahms compuso esta Canción del Destino sobre un poema de Hörderlin y es una de las obras corales mas importantes escritas por Brahms, quizá la mas perfecta de sus obras corales pequeñas, escrita en tres movimientos , Adagio, Allegro, Adagio. Una de las raras ocasiones en las que Brahms se propuso trazar un retrato de su yo más profundo: el resultado es emoción en estado puro. El compositor eligió el poema de Friedrich Hölderlin para la primera hacer una reflexione sobre la muerte.

Traduccion del Poema
Nänie opus 82 ( Canto fúnebre)
 
Nänie, Opus 82, obra compuesta entre 1880 y 1881, es un profundo y reposado lamento sobre un texto de F. Schiller (1759-1808), que junto con Goethe, fue el máximo representante de la poesía alemana y uno de los más destacados miembros del romanticismo literario. Brahms compuso esta obra en memoria de su amigo Anselmo Feuerbach, pintor neoclásico fallecido en enero de 1880. Sin embargo, y a pesar del motivo sombrío que le indujo a componer la obra, Brahms trata el texto, que evoca los Noeniae de la Antigua Roma (procesiones cantadas por los parientes de los difuntos) en un tono lírico y vital, cargando la composición de una visión de la muerte más próxima a aquella del Réquiem alemán.
La obra está dividida en tres movimientos: andante, più sostenuto y tempo I. Comienza con un radiante Re mayor que introduce la orquesta, y da paso al coro que convierte los hexámetros de F. Schiller en un canon ágil y conmovedor, protagonizado por el coro. La obra se desarrolla dentro de un sobrio estilo polifónico con pasajes breves fugados.
 
En este magnífico Blog sobre Brahms podéis seguir el texto de Nanie
 
El canto de las Parcas opus 89, sobre texto de Goethe, es un llanto por el hombre, la búsqueda de consuelo en un mundo de seres abocados a la muerte.
 
Sobre el significado de la lejanía de los Dioses y la conciencia de la muerte en la música coral de Brahms, donde se tratan las tres ultimas obras, os dejo este bonito ensayo de Jacobo Zabalo.
 
Una vez más podéis seguir en el siguiente enlace el texto del Canto de las Parcas, en http://opus-brahms.blogspot.com.es/2011/02/opus-89-canto-de-las-parcas-gesang-der.html
Alex, enhorabuena por tu trabajo y por tu Blog sobre Brahms http://opus-brahms.blogspot.com.es/
 
Las canciones de Brahms
 
En el terreno de la música vocal, Brahms da prueba, de menor originalidad; se mantiene fiel a la tradición ya de Schubert, ya de Schumann y su contribución en el plano técnico carece de importancia.
 
Con todo, es necesario señalar aquí dos realizaciones particularmente excepcionales que son el ciclo caballeresco de los maguelone-Romanzen (La Bella Magelone opus 33), que son 15 lieder de carácter narrativo que evocan el amor cortés y los  cuatro cantos serios, sobre textos de la Biblia (opus 121) (Vier ernste Gesänge, Opus 121)  en los que un acento de grandeza muy nuevo se introduce en el lied y la parte del piano cobra un carácter casi sinfónico. Estos Lieder son los más ilustres y típicamente Brahmsianos que se ocupan de reflexiones acerca de la muerte.
 
También son canciones que se agrupan en un ciclo, las Canciones Gitanas opus 103.
 
Brahms fue un gran maestro del género y en las canciones expresaba con facilidad sus sentimientos. Sus canciones se caracterizan por la riqueza de su armonía, y una perfecta unidad entre texto y música. Predominan sobre todo entre sus canciones, las de carácter nostálgico y otoñal. Podemos destacar entre sus canciones: La canción del amor eterno (Von ewiger liebe op 43 ) , la célebre canción de cuna ( Wiegenlied op 49) ; la canción de lluvia ( Regenlied op 59); nostalgia ( Heimweh op 63)  o el ruiseñor ( Nacthtigall op 97).
 
Son muy representativas de su estilo las dos canciones para contralto, viola y piano opus 91 o la serie importante de Canciones populares alemanas.
 
En los Liebes-Lieder Waltzes opus 52, que son unas gratas evocaciones de la familia Strauss, Brahms aparece exultante de encanto. La música roza lo sentimental.
 
Conclusión y legado
 
A semejanza de Bach, Brahms, resume una época. A diferencia de Bach, contribuyó poco al desarrollo de la música. Incluso en tiempos de Brahms, los progresistas no tenían elevada opinión de él. Mahler decía de Brahms que era un maniquí con un corazón estrecho. Los impetuosos, dominados por Wagner, como Hugo Wolf, se cebaban sobre cada composición de Brahms para burlarse de ella. En una critica de la tercera sinfonía, Wolf proclamó que Brahms era el epígono de Schumann y Mendelssohn, y por tanto un academicista con nula influencia. “El hombre que ha compuesto tres sinfonías y que parece que quiere componer otras seis, es solo una reliquia de los tiempos primitivos y no una parte de esencial de la gran corriente de su tiempo.”

Recordemos que a J.S Bach, muchos de sus contemporáneo lo llamaban peluca y antigualla.
Pero por tratarse de una reliquia, Brahms ha demostrado una gran capacidad para perdurar. La parte principal de su obra continua siendo parte esencial del repertorio. Es un compositor adorado por los públicos de todos los países y es extenso el repertorio de sus obras que siguen en candelero. Es más, Brahms ha rivalizado constantemente con Beethoven como el mas popular de los compositores sinfónicos. Sus cuatro sinfonías, los dos conciertos para piano, el concierto para violín e incluso el doble concierto, son obras básicas del repertorio. También lo son las Variaciones Haydn. La sonata en fa menor y las variaciones Haendel y Paganini son con frecuencia ejecutadas por los pianistas. Los grupos de cámara, consideran indispensable el Quinteto para clarinete, el quinteto para piano, y los tres cuartetos de cuerda. También sus canciones aparecen con regularidad. Con regularidad se ejecuta el Réquiem Alemán. Para los violinistas son indispensable las tres sonatas.
 
Durante una época en que las gigantescas óperas de Wagner dominaban en las casas de ópera, en que los impresionantes poemas sinfónicos de Strauss eran el tema de conversación en toda Europa, la música de Brahms continua representando: la integridad, el espíritu de Beethoven y Schumann, la actitud del músico puro y serio interesado únicamente por crear una serie de sonidos abstractos con la ayuda de las formas que mejor pudieran realizarlas.


Histoclasica@gmail.com

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