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miércoles, 23 de julio de 2014

El sinfonismo de Schubert y Mendelssohn

Schubert y sus sinfonías

La obra sinfónica de Schubert, camina paralelamente a la beethoviana y nos da de golpe una especial impresión de flaqueza. Sin embargo Schubert, contribuye de manera importante a la emancipación del clasicismo sinfónico. Su contribución está precisamente en el paso de su melodía sencilla e íntima al juego sinfónico que se resiente del trabajo sobre material tan suave.

Las tres primeras sinfonías de Schubert son obras de aprendizaje, aunque la numero dos, vivaz y melodiosa, ya deja entrever al Schubert esencial.

La primera sinfonía en re mayor (1813) es tributaria de Haydn y sobre todo de Mozart.

La Segunda Sinfonía en si bemol mayor en su segundo movimiento ya refleja el típico lirismo Schubertiano. (1815)

La Tercera Sinfonía en re mayor (1815 - 1816). Obra más corta que las anteriores, desbordante de ardor juvenil, perfectamente equilibrada y de una gran luminosidad y optimismo.

La Sinfonía nº 4 en do menor (Trágica) (1816) es una obra subestimada. Se supone que se trata de un homenaje de Schubert a la sinfonía propia del estilo de Beethoven, y los eruditos solían adoptar frente a ella una actitud condescendiente.

A decir verdad la obra contiene muy poco de Beethoven. Sorprende cuan consecuentemente Schubert consiguió evitar la influencia de su gigantesco contemporáneo.

El primer movimiento evoca la música fúnebre masónica de Mozart, pero Mozart es más opresivo, más conmovedor, mientras que el tema que comienza el allegro es más conquistador que desesperado. El andante nos instala en un clima típicamente Schubertiano, de tierna intimidad y discreto lirismo, subrayado por su ligera instrumentación.

Esta obra cuyo título, solo puede darnos una falsa idea de su contenido, abre unas apasionadas perspectivas sobre composiciones posteriores , con sus flaquezas que la tiene , en especial en sus dos últimos movimientos, lo cual es comprensible en un músico de solo 19 años.
Symphony No.4 in C-minor "the tragic", D.417
 
La quinta sinfonía en si bemol mayor (1816), elegante y con una partitura desenvuelta, constituye una vuelta al estilo de Mozart y Haydn. Obra de juventud, pero obra maestra. Su allegro está impregnado de gracia juvenil enternecedora y basta para probar la maestría a la que había llegado Schubert. El equilibrio de la instrumentación, el hábil juego del contrapunto entre sus diversas partes, todo respira claridad, transparencia. A propósito del Minueto, todos los comentarios evocan la Sinfonía K 550 en sol menor de Mozart.
Schubert: Symphony no. 5 in B flat major

La Sexta Sinfonía en do mayor (1817-18), con pasajes muy hermosos y también la “joie de vivre” propia de Rossini, no es un éxito total y no mantiene muy bien su unidad, aunque todavía es Schubert.

Sinfonía nº 7 en mi mayor (1821). Su carácter premonitorio aparece sobre todo en los movimientos extremos, próximos a lo grandioso.

La sinfonía nº8 en mi menor incompleta (1822) fue descubierta después de la muerte del compositor. Una de las obras más populares del repertorio sinfónico, tiene ese especifico sello vienes, de melancolía y gracia, que priva de vejez a toda la producción sinfónica de Schubert, salvada por ritmos y detalles, de una construcción formal larga y esquemática. Sigue siendo la favorita universal que ha dado lugar a que se escriban millones de palabras en un esfuerzo por explicar su carácter inconcluso. Estas páginas sublimes se encuentran entre las más dramáticas que se hayan escrito nunca y aseguran lo esencial de la fama de su autor.
Unfinished Symphony No.8

Fue finalmente Schumann quien exhumó la novena, la gran sinfonía en do mayor (1828). Schumann hablaba así acerca de la partitura: “no es posible describírtela. Todos los instrumentos son voces humanas. Tiene cualidades inconmensurables, y esta instrumentación, pese a Beethoven, y la duración, esta duración celestial, es como una novela en cuatro volúmenes, más larga que la Novena Sinfonía de Beethoven  (Schumann exageraba). La sinfonía provocó en nosotros un efecto que no conocíamos desde los tiempos de Beethoven.”


Como era frecuente que sucediera, Schumann tenía razón. Por su amplitud y su pasión, la Sinfonía en do mayor merece un lugar junto a la novena de Beethoven, siempre que en su interpretación se respete su arquitectura. De ahí la obligación de interpretar todas las repeticiones, condición sine qua non para llegar a comprender el genio de un compositor de veintinueve años.
Compuesta entre 1825-1826 y estrenada en 1839 por Mendelssohn, se trata de una obra monumental que según algunos comentaristas anuncia ya a Bruckner.
Schubert Symphony.9 Sawallisch/Wiener Philharmoniker
Schubert: Great Symphony No.9

Obertura Rosamunda opus 26 y Música para la escena.


Overture to Rosamunde, Op. 26

Schubert fue durante toda su vida un compositor de opera frustrado. Cuando Weber en 1821 con el  Cazador furtivo sacaba a la opera alemana de su estancamiento, Schubert tenía ya trece tentativas de ópera. En 1823 tuvo lugar la representación de Rosamunda, princesa de Chipre. El mediocre drama solo fue interpretado dos noches, pero la música recibió una calurosa acogida. La obertura en do mayor nunca fue tocada con la obra, ni tiene relación musical con la restante música de Rosamunda y se encuentra entre sus obras más encantadoras, por su orquestación y su riqueza melódica, como por su sencillez y soñadora poesía.



El Clasicismo sinfónico de Mendelssohn. Sinfonías y oberturas. Los conciertos

Desde muy joven se nutrió de Palestrina, Bach y Haendel, lo que es excepcional en un hombre de esa época. Su nacimiento en una familia judía convertida al protestantismo, su educación en ambiente de fortuna, le dieron un temperamento armonioso, equilibrado y sereno, elegante en suma, en completa oposición con el romántico tipo, quien ante todo es atormentado. En Mendelssohn todo está en orden. Su melancolía solo es ligera y si a veces revela alguna agitación, es para marcar el entusiasmo.

Nada más sintomático de la postura clásica de Mendelssohn dentro del romanticismo que sus oberturas. La Gruta de Fingal es la más representativa en este aspecto. La forma beethoviana, el tinte descriptivo, la fantasía instrumental, aparecen armónicamente equilibrados.


El octeto en mi bemol 1825, es típico de Mendelssohn como compositor. Se limita a los principios establecidos de la forma sonata y en este sentido nunca intenta abrir nuevos cauces. No se observa en ningún momento la sugerencia de que en la composición de este jovencito de 16 años exista un intento revolucionario de avanzar libremente. El tema inicial de la obras no incluye irregularidades métricas del tipo que utilizaban Chopin o Berlioz o Schumann. Y ese motivo inicial de su octeto prefigura los temas que fluyen serenamente, los lemas de configuración clásica de su propia madurez. Esa composición elegante, salatarina, leve como el aire, era un milagro entonces y continua siéndolo hoy.
Mendelssohn Octet in E-flat major, Op. 20 (1st part)
Mendelssohn Octet in E-flat major, Op. 20 (2nd part)


Este tipo de composición llegó a su culminación al año siguiente, cuando Mendelssohn compuso la obertura del Sueño de una Noche de Verano. Tenía 17 años y nunca compuso una obra más perfecta. Oberón, Titania, los amantes, Bottom , todos desfilan a los largo de este paisaje mágico. La música se ha conservado eternamente joven y constituye un perfecto ejemplo de contenido fusionado con la técnica.


Eso incluye la orquestación. Tanto como orquestador como compositor, Mendelssohn representaba el áureo término medio. Usaba con exactitud lo que tenía que usar y nada más; pero lo que utilizaba lo hacía con buen gusto, destreza e imaginación.


Las Sinfonías.


Escribió cinco sinfonías para orquesta sinfónica, más doce sinfonías de su juventud para orquesta de cuerda.


Entre las sinfonías destacan y se ejecutan la número 3 “escocesa”, la número 4 “Italiana” y la número 5 “De la Reforma”. Se caracterizan por el rigor en la construcción, por el equilibrio instrumental y la belleza de sus temas. Las sinfonías de Mendelssohn, aunque aprovechan los avances beethovianos,  crean un estilo de mesura, de simetría, de estabilidad tonal, que las ponen muy cerca del clasicismo vienes. Son siempre sinfonías románticas por el color melódico y por cierta gracia popular leve y aérea. Las hace clásicas el primado de la elegancia.


Sinfonía nº 3 en la menor “Escocesa.”


Esbozada en 1829, no la termina hasta 1842. La partitura está impregnada del ambiente de las Highlands, de su historia, de sus leyendas, de sus lugares grandiosos y  de las sonoridades de las gaitas. La intención de pintar con la música aflora a cada momento. Pero sería inútil buscar en Mendelssohn, el color local: todo está transpuesto, humanamente transpuesto al registro del sueño y de la nostalgia, como hubiera hecho Schumann. El adagio, es una de las páginas más bellas del autor, con un sentimiento casi brahmsiano.


La sinfonía Escocesa no puede asimilarse a la música programática y debe escucharse sencillamente como transcripción de unas visiones dispersas, como un canto sometido a las intermitencias de un corazón romántico.
Mendelssohn: Symphony No.3


Sinfonía nº 4 en la mayor “Italiana.” Sus primeros bocetos se remontan a 1830 fecha en que el compositor vivía en Roma y se termina en 1833. Mendelssohn veía en Italia el país cuya naturaleza “dispensa felicidad”.
Symphony No 4 'Italian'
Mendelssohn - Symphony n°4 - NYP / Bernstein


Sinfonía nº 5 en re menor “De la Reforma”. En ella se expresa el íntimo conflicto que opuso durante toda su vida a las dos tendencias creadoras del músico: la imposible unión de la tradición musical de la Alemania que había bebido en el coral luterano y un lenguaje más decididamente moderno. Esta sinfonía es más austera que las anteriores y se nutre con préstamos que toma a la liturgia protestante, más o menos felizmente integrados en la obra. El movimiento final de la sinfonía “Coral y final” es la piedra angular de la partitura, construido sobre un famoso tema luterano ( Ein Burg ist unser Gott, Nuestro Dios es una poderosa muralla) que se presenta aquí bajo forma de un coro instrumental de las maderas.
Mendelssohn - Symphony n°5 - BSO / Munch
Mendelssohn: Symphony No.5 - Koopman/RSO  


La Sinfonía nº 1 en do menor (1824) está bajo el signo de Weber y más aun de Schubert. En la Sinfonía nº 2 en si bemol mayor (1838-1840), Mendelsshon se inspira en Beethoven, resultan unas obra increíblemente monótonas.

Su estilo sinfónico

Desde el punto de vista sinfónico, la contribución técnica de Mendelssohn es casi nula, aparte de una agradable manera de orquestar discretamente sugestiva y coloreada que le pertenece en forma exclusiva.
En el plano formal su respeto a los esquemas clásicos podría llegar hasta el academicismo si no fuera por  su sensibilidad que se manifiesta sin cesar, sea por su sentimiento de la naturaleza ( Sinfonia Escocesa, e Italiana y la Gruta de Fingal), sea por su sentimiento de los fantástico como veremos en Sueño de una noche de Verano o la Bella Melusina), sea por el fervor de su sentimiento religioso ( Sinfonia de la Reforrma) o sea finalmente por su sentido de la intimidad y de la confidencia discreta como ya vimos al tratar de sus Romanzas sin Palabras.
Mendelssohn es un melodista, pero también en esto es reservado y distinguido y no llega nunca a las efusiones Schubertianas. Es un armonista elegante que nunca trata de sorprender o inquietar. Es un virtuoso que nunca cae en los excesos tan frecuentes entonces  y a los que el mismo Liszt no siempre escapó.


Sueño de una noche de verano. Obertura y música para la escena.


Esta obra sigue siendo sin duda una de las más populares del músico. La obertura fue compuesta en 1826 cuanto tenía 19 años. La música para escena data de quince años más tarde. Si bien se observa una madurez en la técnica, las ideas siguen siendo igual de jóvenes. Es por eso que la obertura y la música para escena se complementan armoniosamente.


Obertura opus 21. Mendelsshon tiene muy presente a William Shakespeare. Su familiaridad con la obra del dramaturgo se debe a que constituía un auténtico culto familiar.


De entrada seis lentos y luminosos acordes de la madera crean la atmosfera encantada del reino de Oberón. Seguido los violines divididos se encadenan vivamente, en staccato, aéreos como los habitantes del mundo de los elfos  y de las hadas. Se trata de un allegro di molto, durante el cual pueden escucharse las fanfarrias de Theseo y la imitación burlesca de los rebuznos de Bottom, convertido en asno (saltos de cuerda) o el rugido del león que imita la tuba. Maravillosa instrumentación, susurro de la cuerda. La obertura toda ella según Schumann “un chorreo de juventud.”
Mendelssohn - A Midsummer Night's Dream: Overture
Mendelssohn A Midsummer Night's Dream Overture Op.21


Música de escena para dos sopranos, coro femenino y orquesta (opus 61)


En la actualidad la obra se ejecuta bajo la forma de suite de concierto abreviada, reagrupada con la obertura. Consta de las siguientes partes: Scherzo (preludia las escenas del bosque durante la noche de San Juan.) Intermezzo (los amantes perdidos en la noche, Lisandro y Hermia y Helena y Demetrio, se persiguen y se esquivan por turnos) Nocturno (envuelve el sueño en que se han sumido todos los personajes bajo la vigilancia de Puck. Con esta sencilla página, Mendelsshon paga su tributo a la Noche, tan fundamental en la metafísica romántica. Marcha Nupcial y Finale (breve marcha fúnebre de una fingida tristeza (la muerte de Piramo)
Suite 'Ein Sommernachtstraum' / A Midsummer Night's Dream Op. 61


Obertura de las Hebridas (La gruta de Fingal) 1830-31


Las ideas de esta obra se concibieron en un viaje por el norte de Escocia. No es una obra descriptiva, ya que por el contrario proviene de una visión impresionista anticipada. Puede verse también en ella el primer gran cuadro marino de la música romántica. Es un poema sinfónico que trata de comunicar al oyente las imágenes- recuerdo que superponen lo real y lo fantástico sin proponer ningún programa preciso.
Hebrides Overture (Fingal's Cave)

The Hebrides (Fingal's Cave) - Overture

Obertura de la Bella Melusina opus 32


Mendelssohn se inspira aquí en la leyenda de Poitiers y los cuentos de Melusina, hada y princesa que tenía el poder de transformarse parcialmente en serpiente. La introducción es ya un puro encantamiento. Sin duda una de las obras más poéticas del compositor y también del repertorio romántico alemán.
La Bella Melusina


Las Obras Concertantes.

Su producción pianística con orquesta se extiende desde 1822 a 1837. En esos años compone un primer concierto para piano y cuerda, su primera experiencia en esta forma, en la línea de sus sinfonías para cuerda. Después llegará el escrito para violín y piano, de 1823, los dos para dos pianos, del mismo año y del siguiente, y, por último, los que han quedado como números 1 y 2, para piano y orquesta, de 1831 y 1837. La sencillez clásica de los primeros contrasta con el trabajo más desarrollado de los dos últimos, en especial el segundo.


Los conciertos para piano.

Son obras de puro virtuosismo, de los que solo dos que merecen el favor de los intérpretes. El concierto en sol mayor opus 25 (conocido como primer concierto) 1831. Después de su audición, el juicio de un agudo critico fue “Muchas notas y poca música”. El concierto en re menor opus 40 (el segundo concierto 1847) tiende hacia una expresión más lírica y concentrada y tiene más inspiración que el primero.
Piano Concerto no. 1 op. 25
Piano Concerto No. 2 in d minor Op. 40


Con solo trece años Mendelsshon componía el bonito concierto en la menor para piano y orquesta de cuerda, de inspiración mozartiana. 
Piano Concerto in A Minor


Los dos Conciertos para violín. 


De los dos, solo el segundo en mi mayor, ha conocido una justa celebridad. Se ha dicho de él, que si el concierto para violín de Beethoven es de carácter masculino, el  de Mendelssohn, es femenino. Ambos están entre las glorias de la literatura violinistica. El concierto en mi mayor opus 64 (1838-1844), es una partitura de maravillosa inspiración que en cierto modo ha conquistado su fama mundial gracias a una equivocación: muchos virtuosos han brillado en ella para su mayor gloria, mientras que la obra, tanto por su naturaleza como por los refinamientos de su estilo concertante, exige una interpretación llena de sobriedad
Janine Jansen - Mendelssohn Violin Concerto in E minor, Op. 64

Mendelssohn Concerto E Minor (1)
Mendelssohn Concerto E Minor(2)
Mendelssohn Concerto E Minor(finale)

Finalmente tenemos el concierto en re menor para violín y cuerda en re menor , fue escrito en 1822, obra de juventud y se inspira directamente en los de la misma factura de Bach.
violin concerto in D minor for string orchestra

Concerto for Violin and String Orchestra in D minor