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viernes, 25 de julio de 2014

Franz Liszt y el Poema Sinfónico

Los próximos cuatro capítulos o entradas se van a dedicar a la música sinfónica romántica. Empezamos con Liszt (1811-1866) y el poema sinfónico. Continuaremos con el sinfonismo de Hector Berlioz y el análisis de sus dramas musicales. Después trataremos las clásicas Sinfonías de Schubert y Mendelssohn y terminaremos con la música sinfónica de Schumann y con su obra de cámara.
 
El Poema Sinfónico
 
“La música es una revelación más alta que la filosofía.” Esta frase de Beethoven que llega a la medula de la misma filosofía de Schopenhauer y de Nietzsche, es el gran lema de los músicos románticos.
La música es una auténtica concepción del mundo y lo es en dos sentidos. Por un lado como perfecta expresión de la intimidad, de la vida amorosa y por otra parte como símbolo de la naturaleza. La naturaleza es una gran creadora que se manifiesta más por ruidos y sonidos que por formas y colores. Como consecuencia de ello, entra en la naturaleza toda la lírica romántica. El poema sinfónico romántico no es imitación de la naturaleza, sino plena humanización o en términos románticos, idealización del paisaje. Esto es ya el gran modelo de la sinfonía pastoral de Beethoven.
 
Evolución de la obertura al poema sinfónico.
 
Los compositores románticos no hacen sino continuar la historia lógica de la obertura. De mera introducción a la ópera pasa a ser un resumen del drama. Se hace apta para expresar el contraste de sentimientos generales y se independiza de la obra. Así es el caso de Egmont de Beethoven,  el modelo concreto del poema sinfónico del romanticismo.
 
El poema sinfónico tiene  tantas ambiciones liricas como descriptivas. En el prólogo de Años de Peregrinaje expresa perfectamente Liszt esta doble faceta:
 
“Habiendo recorrido en estos últimos años, nuevos países, muchos lugares distintos, muchos sitios consagrados por la historia, los aspectos variados de la naturaleza y de las escenas que con ella se relacionan no pasaban ante mis ojos como imágenes vagas, sino que removían en mi alma profundas emociones. He tratado de convertir en música algunos de mis sentimientos más vivos y de mis más vivas percepciones. A medida que la música instrumental progresa, se desarrolla y se desprende de sus primeras trabas, tiende a impregnarse cada vez mas de esta idealidad que ha marcado la perfección de las artes plásticas y a convertirse no en una simple combinación de sonidos sino en un lenguaje poético, más apto tal vez que la poesía misma para expresar todo cuanto en nosotros va más allá de los horizontes usuales, todo cuanto escapa al análisis.”

Fue Liszt quien bautizó las obras teñidas de un intenso contenido literario, e incluso sometidas a un programa, como poemas sinfónicos; pero su verdadero creador fue Berlioz.
 
Liszt y los Poemas sinfónicos.
 
Las sinfonías de Liszt, como su sonata en si menor, son vastas construcciones poemáticas donde el calificativo de sinfonía no se ciñe a la designación de la forma estricta. En la Sinfonía Fausto (1854) o en la sinfonía de la Divina Comedia (Sinfonía Dante) (1856) ambas sinfonías literarias , nacidas de la época fecunda de Weimar, Liszt eleva hasta la perfección el ideal romántico, que consiste en hacer lirica grande con los descriptivo, no limitarse al elemento narrativo, sino montar sobre él una confesión propia. Buena muestra de ello son las maravillosas anticipaciones del éxtasis wagneriano que viven en los poemas de Liszt.
 
Sinfonía Fausto para tenor, coro de hombres y gran orquesta.
 
Liszt que había conocido la obra de Goethe gracias a Berlioz, había soñado al comienzo con escribir una ópera sobre el tema, pero al final se decidió por este triple retrato orquestal en el que se suceden, en tres movimientos las evocaciones de Fausto, Margarita y Mefistófeles. Son evocaciones psicológicas que examinan a los personajes interiormente y deben hacer sentir al oyente que efectivamente están ligadas entre sí. (Cambios y recuerdos temáticos de uno a otro movimiento. Liszt corona el último movimiento con un coro de hombres y una parte de tenor solo celebrando la victoria del eterno femenino. La partitura privilegia la expresión de los conflictos más terrestres y humanos.)

 


1º movimiento. Fausto: es el movimiento más desarrollado. No hay traza de la forma sonata clásica, sino la explotación de cuatro temas principales que surgen en medio de un desorden sabiamente concertado. El primer tema Lento Assai se distingue por un cromatismo exacerbado. El segundo tema, allegro agitato, afirma agresivamente las impaciencias de Fausto, opuestas a su desasosiego interno. Con el tema siguiente (motivo descendente de los oboes y clarinetes) parecen apaciguarse los conflictos internos para evocar la fuerza del amor. Finalmente el cuarto  tema, es una marcha triunfal en los instrumentos de metal que se acompaña de acentos heroicos.
 
2º movimiento. Margarita: (andante soave). Las flautas y los clarinetes introducen el tema Margarita, de una gran ternura e inocencia angelicales.
 
3º movimiento. Mefistófeles: “Yo soy el espíritu que niega” declara el Mefistófeles de Goethe. Liszt, genialmente, se contenta con prestarle todos los temas de Fausto, para ser deformados, caricaturizados hasta la burla. La orquesta es una gran risa burlona, que es finalmente interrumpida por el inefable tema de Margarita. El coro de hombres, místicamente contemplativo aporta la conclusión apaciguadora, utilizando el texto Goethiano ( Alles Vergängliche ist nur ein Gleichnis) mientras la voz del tenor canta Das ewig Weibliche zieth uns hinan, proclamando la supremacía redentora del eterno femenino.
 
La sinfonía Fausto es una de las cimas de la música sinfónica del siglo XIX que ofrece una síntesis del pensamiento de Goethe.

Faust Symphony

Sinfonía Dante, para coros y orquesta.

Es la divina comedia la que ha inspirado a Liszt este gran poema sinfónico con la forma de variación. Consta de las siguientes partes: Infierno,  Purgatorio y el Paraíso; este último es un magníficat con coro femenino y otro de niños, que encadena al movimiento precedente ( Purgatorio.)

1º Infierno: Comienza con un lento cuyo motivo se calca sobre la inscripción que Dante hace figurar sobre la puerta del infierno: "Por mí se entra en la ciudad doliente…Abandonad toda esperanza los que entráis.” Los trombones, tuba y cuerda grave claman este tema siniestro y potente. Luego las trompetas comentan (Abandonad toda esperanza) y penetramos en las estancias del Infierno (descenso cromático de la cuerda grave) describiendo la entrada al infierno en un allegro frenético. Desordenado, de carácter fantástico, con cerrados e incesantes cromatismos, alteraciones de acordes.
La evocación de la pareja de condenados (Paolo y Francesca da Rimini) es con un andante amoroso con sonoridades dulces de las arpas, madera y violines y cellos que aportan su consuelo. Recitativo de dos clarinetes sobre los versos (No hay mayor dolor). Pero el tema de la desesperanza con los timbales, gruñe de nuevo hasta llegar al fortísimo del breve adagio final, propiamente demoniaco.

Purgatorio: Es el recorrido del alma hasta el arrepentimiento, la contrición y la luz divina. En un andante con moto, se eleva un bello canto de meditativo lirismo. Un motivo de carácter religioso anuncia a su vez la segunda parte del movimiento, lamentoso, fugado, que expresan el dolor y la plegaria del alma aspirante a su salvación.

Magníficat (El Paraíso). Página grandiosa y seráfica en la que el coro entona un himno de loa a la divina Creación, un himno inspirado en un canto llano de una perfecta ortodoxia litúrgica.

Dante Symphony S.109 Dante Symphony

La idea de poema sinfónico tal y como Liszt lo concibió, fundado en la transformación temática y cuya mejor realización está en el poema los Preludios, ilusionará a todos los músicos posteriores. El camino de su progreso será doble y paralelo con el crecimiento de la orquesta, con un progreso naturalista hacia mayores conquistas en la descripción y nuevas rutas hacia la descripción de estados interiores. La Sinfonía Alpina y la Sinfonía Domestica de Richard Strauss, son los puntos culminantes de esta evolución romántica cuyo origen está en Egmont y su madurez en los Preludios.

Del primer periodo de Weimar  proceden los doce poemas sinfónicos (1848-1858), nueva forma sinfónica creada por Liszt.
Son ejemplos de la música de programa en un movimiento, inspirados por un estímulo externo, un poema , una pieza, un cuadro o lo que fuese. El nombre de poema sinfónico y a menudo un fragmento literario publicado con la partitura, aportan la clave. La música ilustra específicamente el programa, aunque a su modo puede estar organizada tan rigurosamente como la sonata está organizada en el suyo. Después de que Liszt dio ejemplo, la moda de componer poemas sinfónicos recorrió Europa.

Aquí en orden cronológico los poemas sinfónicos del Liszt:

Lo que se oye en la montaña 1848-49 ; Tasso, Lamento e Triunfo 1849-1854; Los Preludios 1848; Orfeo 185-54; Prometeo 1857; Mazeppa 1851; Sonidos de Fiesta 1853; Heroida Fúnebre 1849-1850 ; Hungaria 1854; Hamlet 1858; La Batalla de los Hunos 1856-57; Los Ideales 1857; De La Cuna a la Tumba ( 1881-1882 , posterior en más de veinte años a los doce anteriores)

Lo que se oye en la montaña 1848-49

Es el título de un poema de Víctor Hugo incluido en su colección Hojas de Otoño que inspiró la partitura. En una dualidad típicamente Hugoniana se oponen la alegre y pacifica voz de la naturaleza a los llantos de la humanidad perpetuamente sublevada. Una amplia primera parte expone los temas de la naturaleza y de la humanidad en un poco allegro misterioso tranquilo. En oposición, los temas de la humanidad sufriente, blasfemante se expresan con violencia en un allegro agitato assai.

Ce Qu'on Entend Sur La Montagne

Tasso. Lamento y Triunfo 1849-54. Es uno de los poemas más bellos de Liszt y más emocionante. Pese a que está dividida en dos partes, la obra es monotemática. En la primera parte se describen la soledad, la desesperación y la locura del poeta. El canto lamentoso del poeta se transforma en tempestuosa pasión antes de que estalle, en la segunda parte, el espléndido triunfo con una fuerte intervención de los metales. La música de este poema en esencialmente psicológica y sugiere sentimientos de estado de ánimo opuestos.

Tasso, Lamento, e Trionfo
Franz Liszt - Tasso, Lamento e Trionfo


Los Preludios 1848

Hay que señalar, en el comienzo de la obra ,  el parecido con el tema del comienzo de la Sinfonía en re de Cesar Frank, unos treinta años posterior.

Los preludios es un comentario musical de Liszt sobre  “Nuevas inspiraciones poéticas” de Alphonse de Lamartine. El programa de la obra se basa en la siguiente pregunta ¿Que es la vida sino una serie de preludios a ese canto desconocido cuya solemne nota inicial es entonada por la muerte? A través de la música, Liszt nos conduce  paso a paso por el camino de la vida con sus tormentos, sufrimientos, amor el consuelo de nuestras desilusiones, luchas que llenan nuestras vidas hasta el último instante. La obra es un cuadro sonoro que pinta estados de ánimo y conceptos muy diversos. Posee un solo movimiento pero atendiendo a su contenido expresivo podría dividirse en cinco partes. I Prologo: humanidad un ser mortal. II La Felicidad del amor. III Las tormentas de la vida; IV Vueltas a la Naturaleza; V La lucha y victoria.

Seguidamente se suceden los preludios. La Felicidad, con una tierna melodía; después la Inquietudes con una allegro tempestuoso que hacen surgir los cromatismos de la cuerda; Mas tarde la Serenidad, con un allegro pastoral con aire de danza campesina de color mendelssohniano y por último el allegro marziale enérgicamente ritmado por las intervenciones  de la percusión que retoma el tema inicial.


Les préludes

Orfeo 1853-1854 
En este poema , Liszt se marcó como fin oponer a los tiempos de barbarie el mito órfico, la figura del primer poeta músico que simboliza “el carácter serenamente civilizador del canto que irradia toda la obra de arte, su suave energía, su augusto imperio, su sonoridad noblemente voluptuosa para el alma, su dulce ondulación, como las brisas del Eliseo”. Esta fraseología nos hace sonreír, pero define el espíritu de la obra y calidad de su orquestación, aérea, fluida, suave.

Orpheus, symphonic poem No. 4 Franz Liszt - Orpheus, S98

Mazeppa 1851

De toda la serie de poemas sinfónicos, es el único que se puede  calificar de descriptivo. Trata de la aventura del personaje histórico (Siglo XVII) seductor de una noble dama de la corte de Polonia, al que atan desnudo a un caballo salvaje y este lo transporta hasta Ucrania, donde los cosacos le soltarán y le harán inmediatamente su atamán (su comandante). De esta pieza magistral para piano el músico conserva el material temático para realizar el poema, que es una extraordinaria cabalgata orquestal.

Liszt sigue al poeta Víctor Hugo para describir el viaje del héroe a través de las vastas estepas en el primer movimiento. La sección de cuerdas, allegro agitato, esboza el tema principal, que se transforma y distorsiona. Brusco, poco ritenuto: seis golpes de timbales evocan la caída del caballero.

Liszt - Mazeppa, Symphonic Poem Part 1 of 3

Después de un silencio, las cuerdas, el fagot y la trompa expresan el entorpecimiento del héroe abatido por el cromatismo doloroso del andante. Pero una llamada de las trompetas le resucita, allegro marziale: los cosacos, liberadores, colocan a Mazeppa a la cabeza de su ejército. Ritmo de marcha y el tema del héroe se despliega con toda su nueva gloria para concluir.

Mazeppa, Symphonic Poem Part 2 of 3
Mazeppa, Symphonic Poem Part 3 of 3

Mazeppa (Tone Poem) completo

 
 
Hungaria 1854

Es una especie de himno orquestal a su país natal. La partitura es brillante, vivamente contrastada, generosa, digna de la reputación adquirida desde su estreno, aunque eclipsado en parte por las célebres Rapsodias Húngaras.

Symphonic poem - Hungaria (1/2)
Symphonic poem - Hungaria (2/2)



Hamlet 1858

Retrato psicológico del héroe shakesperiano. Muy lento y melancólico, comienza la partitura con la entrada de la madera, seguido de un solo de trompa acentuado por los timbales (monologo de Hamlet.) Seguidamente viene un episodio atormentado en el que la orquesta se densifica, con la cuerda marcando una especie de obsesión rítmica (Allegro appassionato e agitato assai). Alternan los instantes de serenidad y de calma soñadora, que según el autor, hay que interpretar como una especie de sombra que evoca a Ofelia. El tema del héroe, preso de todas las dudas, resurge y se impone para conducir (Moderato fúnebre) al epilogo, vasta conclusión de una patética vehemencia. Al final con la pregunta del “ser” planteada al comienzo, todo se disuelve, desembocando en los últimos pizzicati de la cuerda grave, como en suspenso.

Hamlet
Hamlet, symphonic poem

 


La Batalla de los Hunos 1856-57
 
Es la intención descriptiva lo que prima. La obra nos hace asistir con un realismo eficaz a la batalla que los hunos de Atila libraron en el siglo V contra el ejército de los romanos. La introducción del órgano en la masa orquestal, merece señalarse. En el curso de la batalla orquestal oímos la exposición majestuosa del coral Crux fidelis, inter omnes que el órgano entona piano. La conclusión proclama la victoria de los romanos.
 
 
 
Los Ideales 1857
 
Se inspiran sobre unos versos de Schiller tomados de los poemas filosóficos. El poema está constituido por un movimiento único, muy ampliado, que encadenará varias secciones, cada una de ellas prefaciada por un extracto del poema de Schiller, con los cual la obra se convierte en un verdadero poema convertido en música. La introducción es un andante en re menor, sombríamente expresivo, impregnado del pesimismo ostentado por el escritor alemán al comienzo de su poema. La partitura posee bellas inspiraciones melódicas, únicamente aminoradas por ciertas redundancias y por un patético discurso insuficientemente abreviado.
 

 
De la cuna a la tumba 1881-82
 
Los tres movimientos del poema son en verdad tres pretextos para realizar una evocación, muy abstracta, de los episodios esenciales de la vida. No hay ninguna intención descriptiva. “La cuna” ( Die Wiege), tiene un carácter más suavemente melódico que atractivo. Por el contrario “el combate por la existencia” ( Der Kampf ums Dassein) tiene otro relieve, con una orquesta a menudo imprevista y siempre brillante. La última parte se titula “ hacia la tumba, cuna de la vida futura”( Zum grabe, die Wiege des zukunftigen Lebens). Simbólicamente el tema inicial es repetido en los últimos compases de esta pieza, en donde se expresa una resignación teñida de nostalgia (solo de corno ingles), volviéndose a encontrar el  pianisssimo final, la dulzura del primer movimiento.

 

 
Del periodo de Weimar además de obras tan ambiciosas como la Sinfonía Fausto y la Sinfonía Dante, está la sorprendente Danza Macabra o Totentanz para piano y orquesta ( esbozada en 1838 y terminada en 1849) y una proporción considerable de música para órgano y religiosa.
La danza macabra (Variaciones sobre el Dies Irae) para piano y orquesta
Tiene cinco variaciones sobre el Dies Irae. Liszt pudo haberse inspirado en los grabados de Holbein o en el Triunfo de la Muerte cuadro del pintor Camposante, en Pisa. Y porque no imaginar que puede haber encontrado también la inspiración en la Noche del Sabbat de la sinfonía Fantástica de Berlioz. Sea como fuere el pianista en esta obra terrible, se entrega al virtuosismo de su instrumento para suscitar todos los efectos.
 

 
 
Describir la totalidad de la música de Liszt es tan difícil como hacerlo con el hombre mismo, pues se trata de una combinación de nobleza y sentimentalismo, de poesía y efectos vulgares.

El género del poema sinfónico fue abandonado en el siglo XX por las corrientes musicales contemporáneas. Especialmente crítico con este género fue Stravinsky por entender que la música no puede expresar nada que esté más allá de la propia música. La música no puede narrar ni expresar lo que es propio de otras artes como la poesía , la literatura o la pintura.