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martes, 22 de julio de 2014

Schumann: la obsesión y ambición sinfónica.

Robert Schumann (1810 – 1856)

  • Vida de un romántico. Artista incomprendido. Un gran crítico
  • La obsesión sinfónica de Schumann. Sinfonías y oberturas
  • Obras concertantes
  • Música de cámara

La vida de un romántico. Un artista incomprendido. Un gran critico

También la vida de Schumann, como la de Berlioz, es típica del artista romántico. En Schumann se reflejaron todos los aspectos del romanticismo. La suya era una personalidad introspectiva, idealista; Schumann nos deja la historia más bella y real de una pasión romántica, muere loco. Ningún músico romántico ha sido tan consciente de la tragedia romántica como Schumann. Fue excelente escritor, critico de agudeza extraordinaria y espiritualmente íntimamente ligado  al movimiento literario alemán. Innovador y propagandista de lo nuevo.

Nacido el 8 de julio de 1810 en Zwickau, Sajonia. No encontró dificultades familiares en la iniciación de sus trabajos musicales, aunque dudase seriamente entre la música y la poesía. El conocimiento y el aprendizaje bajo la dirección de profesor Wieck determinó después de amores pasajeros, el gran dúo Schumann-Clara Wieck, bellísima y verdadera historia romántica, que a pesar de la tenaz oposición del Profesor Wieck, padre de Clara, terminó en boda. El matrimonio con Clara Wieck, fue idílico, la unión de dos mentes extraordinarias. Ella era la fuerza estabilizadora en la vida de Schumann; él era el faro espiritual en la vida de Clara.

En 1834, Schumann funda La Nueva Gaceta Musical, órgano y vanguardia de la música alemana. De Leipzig y después de su fracaso en Viena, Schumann se traslada a Dresde como centro de excursiones y de las de su mujer, que fue una grandísima pianista de su tiempo. Después de un viaje a Rusia, Schumann acepta en 1848 el puesto de Director en Dusseldorf. La enfermedad cerebral que le venía amenazando desde 1833 progresó de modo alarmante. Se arrojó al Rin. Salvado, vivió todavía dos años en el manicomio de Endemich donde muere el 29 de julio de 1856.

Clara Schumann, prolongará como instrumentista la esencia del arte de Schumann y se convierte en lazo de unión con la generación antiwagneriana que capitanea Brahms.

Un compositor impopular en su tiempo.

Sin embargo pocos de los principales compositores provocaron tanto desagrado como Schumann en su propia época. Wagner fue odiado en muchos lugares, pero su música fue ejecutada innumerables veces, y su obra discutida en Europa entera. Pero con el gentil Schumann no sucedió nada parecido. Nunca contesto a los ataques, a diferencia de lo que hicieron Berlioz y Wagner.

Hombre de gran corazón, generoso y consagrado, enamorado de la música, y dispuesto a ayudar a los jóvenes talentos. Mientras sus punzantes armonías, sus disonancias desmesuradamente intensas y los ritmos sincopados, su nuevo concepto de forma libre pero funcional, todo esto fue descrito por los conservadores como la obra de un loco. Solo después de su muerte se aceptó que Schumann era uno de los inmortales.

Nadie tenía buena opinión de la música de Schumann. En Paris, Chopin se burlaba de ella. Mendelssohn, que era la fuerza musical más poderosa de Alemania y que simpatizaba personalmente con Schumann, no encontraba muchas cosas elogiables en su música. Más tarde, cuando Schumann comenzó a componer sinfonías, Mendelsshon, las presentó al público. El propio Liszt, el gran Liszt, había intentado ejecutar en público algunas obras de Schumann y había fracasado.

Su demonio le dictaba un tipo de música que no había sido imaginada por compositor alguno hasta ese momento. Es fácil identificar las formas de influencia que se manifestaron en la música de Bach, Haydn, Haendel, Mozart y Beethoven. Incluso en un genio tan sorprendente como el joven Chopin, puede descubrirse la influencia de compositores anteriores (Weber, Hummel). Pero desde el principio Schumann siguió un curso absolutamente propio y es difícil hallar precedentes para su música.

En la medida que Schumann es el compositor más archirromantico, el más personal y el menos objetivo de los grandes creadores, su mensaje se opone a la estética que prevaleció en el mundo occidental después de 1918.  Se le calificaba, como reliquia, sentimental, autocomplaciente. Pasó inadvertido el eje mismo de su música, esa fusión perfecta de la forma y el contenido en las obras más breves, esa audacia y originalidad abrumadoras, esa pureza esencial. En Schumann todo era puro, su vida, su amor, su consagración, su integridad, su mente y su música.

Su labor de crítico.

Como critico aunque no tenía la claridad y brillantez de Berlioz, debe destacarse que nunca lo hubo más generoso. La prueba de un gran crítico no consiste en comprobar cuantos talentos merecen el excesivo elogio, sino cuantos genios reconoce. En este sentido el historial de Schumann es casi perfecto. Una de sus primeras críticas presentó a Chopin y una de las últimas a Brahms. Tenía reservas acerca de Berlioz, pero su extensa y detallada crítica de la sinfonía Fantástica constituye un modelo de equidad y comprensión.

Adoraba a Mendelssohn y respetaba a Liszt, aunque le decía a Clara que el mundo de Liszt no era el suyo. Algunos creen que no entendía a Wagner, pero eso no es cierto. Destacó los fallos de Tannhäuser, que los contiene, sin embargo no escuchó ninguna de las obras de madurez y por tanto no puede censurársele por algo que estaba fuera de su control.

Con respecto a sus escritos acerca de los músicos del pasado, contribuyeron  dilucidar el sentido de la música de Beethoven durante el último periodo. Así como de la música de Schubert prácticamente olvidada. Y muchos de los artículos sobre Bach fueron determinantes en su renacimiento.

La obsesión sinfónica de Schumann. Sus cuatro sinfonías y las oberturas


Interesante es la cronología de su obra que revela dos cosas importantes: de 1829 a 1839 publica lo esencial de su producción pianística. Sus veintiséis primeros opus, y no pública más que eso. En 1840, año de su matrimonio con Clara, publica lo esencial de su producción vocal, sus veinte primeros lieder, dúos y coros, y no pública sino eso.  Solo a partir de 1841 se consagrará a la música de cámara a la música sinfónica y a esa vana tentativa de creación de la ópera nacional alemana que durante tanto tiempo persiguió.
 
Clara, pese a lo mucho que amaba a Robert y la música que él hacia sentía que no lograría realizarse del todo mientras no comenzara a competir con Beethoven y los restantes héroes del mundo de la sinfonía. Escribía en su diario: “Seria mejor que el compusiera para la orquesta. Su imaginación no puede satisfacerse del todo con el piano. Sus composiciones responden todas a una sensibilidad orquestal. Mi deseo más profundo es que componga para la orquesta.”

“Me dan tentaciones, dice Schumann en una carta, de destruir mi piano, porque ya es demasiado estrecho para contener mis ideas.” Schumann joven parecía obsesionado con la ambición sinfónica. “No puede figurarse, le dice a su madre, con que actividad trabaja siempre mi espíritu. Habrían ya llegado mis sinfonías al centenar si las hubiera escrito….Desde el punto de vista orquestal, me siento completamente dueño de mí; podría luchar con todos mis rivales, vencerlos, juntarlos en un rincón y expulsarlos a todos a la vez.”

No solo es la ambición de gran forma lo que determina a Schumann a escribir sus cuatro sinfonías; se trata, en el fondo de ampliar el sentido del intimismo, de buscarle nuevos matices gracias a la complejidad orquestal. Y precisamente en el dominio de los instrumentos es donde falla muchas veces la técnica de Schumann.

De este modo, después de las composiciones para piano y de sus ciclos de canciones, abordó la gran forma sinfónica en 1841. El sueño más deseado de Clara se realizó. Necesitó solamente cuatro días para esbozarla y tres meses después estaba completada su primera sinfonía.

Animado por el éxito de su primera sinfonía,  Schumann completó una obra a la cual denominó, obertura y el mes siguiente le agregó dos movimientos. Hoy se designa a la obra, Obertura, Scherzo y Fínale opus 52; hermosa obra ignorada por los directores. Tiene una introducción lenta y soñadora. El Scherzo, sobre un ritmo de cabalgada, aéreo dentro del espíritu mendelssohniano. El fínale se preocupa de combinar la forma sonata con la fuga.
Overture, Scherzo and Finale, Op.52

En mayo compuso la Fantasía para piano y orquesta en un movimiento. A su tiempo reapareció y se convirtió en la obra más popular de Schumann,  el concierto para piano en la menor. Perfecto es sinfónicamente este concierto, bellísimo y muestra de compenetración, de ausencia de decisivo contraste virtuosista entre el piano y la orquesta.

Las cuatro sinfonías de Schumann, ocupan un lugar importante en el repertorio, a pesar de los defectos estructurales y orquestales señalados por los comentaristas desde el día mismo del estreno.

No cabe duda de que Schumann era un orquestador defectuoso; pensaba pianísticamente más que por referencia a la orquesta, a pesar de su ambición orquestal en su música para piano. También se admite que Schumann no se sentía cómodo cuando trabajaba con la orquesta en el marco de la forma sonata. Sus transiciones pueden ser trabajosas y los desarrollos poco refinados. Un ligero desequilibrio, vuelve a aparecer en las cuatro sinfonías. Son páginas de admirable expresión pero padecen por una parte del malestar que siempre experimenta Schumann dentro de una forma clásica. Por otra parte, de su imposibilidad de lograr, como en el piano y en el Lied, la forma correspondiente a su pensamiento, y por ultimo de su falta de técnica en el dominio instrumental.
 
En el terreno orquestal, Schumann se queda en la mitad de la ruta que hasta cierto punto, realizaran las sinfonías de Brahms. Solo más tarde, y con la figura de Brahms, la sinfonía romántica encuentra su equilibrio completo , lo cual fue predicho por Schumann.
 
Pese a todo, produjo cuatro sinfonías que abundan en ideas originales, y entre ellas había ideas acerca de los nexos temáticos. Esta fórmula fue llevada a sus últimas consecuencias en la cuarta Sinfonía en re menor, en un movimiento, donde se ejecutan los cuatro movimientos sin pausa, y se usa una suerte de transformación temática que anticipa la Sonata en si menor de Liszt.

Lo que mantiene vivas sus sinfonías, es la elevada calidad de sus ideas musicales.  Bellísimas todas por la calidad de los temas, por el arrebato que lucha siempre por no desperdigarse en la orquesta.

El estilo visual de Schumann hace de sus sinfonías, unas obras muy sugestivas. En las sinfonías Schumann va más allá de la evocación de la sinfonía pastoral de Beethoven y llega a algo más impalpable, más interior, de verdaderos estados sentimentales y psicológicos. Sabemos por sus cartas y por testigos, que sus sinfonías están basadas sobre un pretexto poético concreto. La primera está dedicada a la primavera. La tercera está dedicada al Rin medieval, católico y popular. Estos son elementos nuevos típicamente románticos, que penetran directamente la sinfonía alemana.
 
Cada una de ellas posee su característica propia: la animación de la primera sinfonía (Primavera 1841) en si bemol mayor opus 38.

Esta Sinfonía responde a un triple reto, Seguir los consejos de Clara y buscar nuevas formas de expresión, imitar a su amigo Mendelsshon y sobrepasar a los maestros clásicos tratando la sinfonía como músico romántico.
Schumann - Symphony n°1
Symphony nº 1
 
El ardiente romanticismo de la segunda en do mayor opus 61 (con su sombrío movimiento adagio, uno de los más bellos creados por un compositor). Fue esbozada en 1845 cuando ya había compuesto el concierto para piano, cuando ya manifestaba los primeros síntomas de su fatal enfermedad. Es una obra, del dolor y la victoria sobre sí mismo, lo patético  inclinado  unas veces a la resignación, otras a la expresión de la alegría. Pero es Beethoven en quien nos hace pensar la partitura, sobre todo en la “Heroica” en el allegro inicial y en el cuarto movimiento.
Symphony n°2
 



La grandeza y el orgullo de la Tercera Sinfonía en mi bemol mayor opus 97 (Renana 1850). Schumann quiso expresar en la obra todo lo que puede evocar el rio, sus paisajes, sus leyendas, el alma de los románticos alemanes.
Symphony n° 3 (E flat Major, Op. 997) 'Rhenish'
Symphony nº 3


 
Las innovaciones de la Cuarta sinfonía en re menor opus 120 (1841), la más lirica de todas. El titulo original de Fantasía sinfónica, manifiesta la intención de Schumann de hacer estallar el cuadro sinfónico tradicional: los movimientos se encadenan sin interrupción y los temas circulan a través de ellos; es ya la puesta  en marcha del principio cíclico tan amado por Liszt y luego por Cesar Franck.
Symphony n°4

Symphony nº 4
 

Juicio sobre sus polémicas sinfonías. Los pedantes pueden preocuparse a causa de ciertos defectos de las partituras, y los escritores poco sensatos pueden menoscabar las sinfonías de Schumann comparándolas con las de Beethoven. Pero si los oyentes están dispuestos a aceptarlas por lo que son, podría afirmarse que se encuentran entre las creaciones más inspiradas del siglo XIX. Sus sinfonías son como un chorro romántico incomparablemente fresco, de libre inspiración, sin la natural elegancia lógicamente un poco excesivamente cuidada de las de Mendelssohn.  Si se las compara con las de Mendelssohn, las de éste son sin duda técnicamente más claras, mejor escritas y de gran calidad orquestal, pero carecen de la inspiración arrebatadora de Schumann.

Otras obras orquestales.

Oberturas.

De las siete que compuso solo dos se mantienen en el repertorio. Deben mencionarse, La novia de Mesina opus 100 y Hermann y Dorotea opus 130, respectivamente de Schiller y Goethe. Pero hoy en día solo figuran en los repertorios, las oberturas de Manfred y de Genoveva.

Genoveva opus 81 (1847). Si la opera no ha logrado nunca implantarse en el teatro,  la obertura es una de las más bellas paginas orquestales de Schumann.
"Overture to Genoveva

Manfredo opus 115. (1848-49). Música compuesta para algunas escenas escogidas del poema de Byron (Manfred). Desde su juventud, Schumann adoraba a este héroe romántico y encontraba en él, reflejo de su propio destino. La música de escena tiene una decena de números. A despecho de las bellezas que contiene la partitura integra, hoy solo se interpreta su obertura.

Manfredo ha amado a su hermana Astarté, que se mata por su culpa, y este lanza se lanza a los abismos para volver a encontrar a la amada  y obtener su perdón. Pero la voz de Astarté se eleva suplicante y Manfredo comprende que encontrará el alma de Astarté cuando cruce las puertas de la muerte. Es pues expirando como encuentra la paz al fin y el alma de Astarté le acoge en un mundo purificado.

La obertura sintetiza estos datos esenciales. Tiene forma de allegro de sonata y expone tres temas principales; la introducción lenta se efectúa sobre un motivo cromático de carácter tenso, desesperado (angustia de Astarté) que da nacimiento al tema apasionado de Manfredo, en que el tempo se precipita. Este segundo tema engendra por sí mismo un tercer motivo (llamada de Astarté) que reintroduce una progresión cromática ascendente. Los tres temas son tratados con una orquestación sombría, mientras que la tonalidad en mi bemol crea una atmosfera de febril angustia y en el modo menor de oscura fatalidad, ambas características del héroe byroniano.
Manfred Ouverture


Obras concertantes

Concierto para piano en la menor opus 54.
 
Inmediatamente después de la primera sinfonía a comienzos de 1841, Schumann compone para Clara una fantasía en la menor para piano y orquesta. Esta pieza es la que se convertirá en el primer movimiento del concierto para piano, terminado en 1845. El concierto, es una composición interior  en la que la melodía brota con abundancia espontanea, es una de las más bellas y significativas del genio Schumanniano por su suave y soberbio lirismo.
 
Schumann olvida el concierto mozartiano y sus equilibrios divinos, el dramatismo del concierto beethoviano y sus luchas y se aleja del virtuosismo propio de la época, para entregarnos a una de sus más originales creaciones, el puro concierto Schumanniano con su libre inventiva, su aire de improvisación y ese virtuosismo que nunca existe por si mismo. La obra tiene algo entre el concierto, la sinfonía y la gran sonata según el propio Schumann.
El Concierto para violonchelo y orquesta en la menor opus 129.
 
Compuesto en 1850, seguido de la Sinfonía Renana. Las tres partes se encadenan sin interrupción, favoreciendo una gran libertad del discurso musical. No hay en la obra un pasaje de puro virtuosismo o de inútil retorica que perjudique el clima poético de esta obra que sin llegar a tener la fama del concierto para piano, sigue siendo una importante obra del repertorio del violonchelo.
Schumann- Cello Concerto in A minor Op129

Cello concerto - Schumann
 
El concierto para violín en re menor, una obra que suele pasar desapercibida, pero teñida de un gran lirismo, de intensa nostalgia e inspiración melódica.
Violin Concerto

Schumann - Violin Concerto
 
Música de cámara

Schumann se agotó, en apariencia con la composición orquestal y se centró en la música de cámara. Relativamente poco abundante, la música de cámara es de una rara belleza expresiva, que no siempre tiene el equilibrio,  la unidad de pensamiento y de estilo de los Lieder y de las piezas para piano. Los cuartetos para cuerda parecen obsesionados por el recuerdo de Beethoven y en el marco de la forma clásica tal como éste lo había hecho estallar, era evidentemente imposible ir más allá, al menos con los medios de la época.
 
De su música de cámara  pueden destacarse: Las sonatas para piano y violínlos tres cuartetos de cuerda, el cuarteto para piano en mi bemol, y el radiante Quinteto para piano en mi bemol y dos violines, viola y violonchelo, obra de gran inspiración y corte clásico. El trio en re menor, sumamente romántico y una de las producciones más características del genio de Schumann.