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sábado, 11 de octubre de 2014

Wagner: La Tetralogía o el Anillo del Nibelungo I . El Oro del Rin. La Valquiria

La Tetralogía. El Anillo Del Nibelungo.
-Introduccion
-Significado e interpretacion del Anillo del Nibelungo
-Simbiosis entre música y poesía en la Tetralogia

El Oro del Rin
-Los personajes del Oro del Rin y su significado
-Valoración Musical del Oro del Rin
-Argumento y analisis del Oro del Rin

La Valquiria
-Su significado de la Valquiria
-Valoración musical de la Valquiria
-Argumento y analisis musical 



La Tetralogía. El Anillo Del Nibelungo.

La Tetralogía cuyo proyecto acompaña a Wagner desde su primera estancia en Paris, es su obra más nacionalista. Busca Wagner una nueva fe para la antigua mitología nórdica; fe que se inserta dentro del amor y del pesimismo de la concepción wagneriana.

El ciclo del  Anillo del nibelungo (Der Ring des Nibelungen,) consta de cuatro óperas épicas (si bien el autor prefería el término drama).
El Anillo del Nibelungo, va precedido por el prólogo, El Oro del Rin (Das Rheingold). La historia del origen es La Valquiria (Die Walküre). La gloria es Sigfrido (Siegfried) y la derrota de este héroe es El Ocaso de los Dioses (Götterdämmerung). La música y el libreto fueron escritos por Richard Wagner en el curso de veintiséis años, de 1848 a 1874.

Casi un cuarto de siglo abarca la gestación de Anillo de los Nibelungos. Los años de 1851 y 1852 son dedicados a la elaboración del texto, mientras el compositor se encuentra exilado en Suiza. La música del Oro del Rin  (Prólogo de la tetralogía) es escrita entre 1852 y  1854. El autor relata en su autobiografía la manera en que concibió su preludio orquestal, mientras se encontraba en un estado de somnolencia durante un caluroso día campestre: "Súbitamente se sintió sumergido en el agua, cuyo ruido fue convirtiéndose en un acorde de mi bemol mayor, sostenido a través de arpegios ininterrumpidos de movimiento cada vez más rápido."
Los años de 1854 a 1856 son empleados en La Valquiria (Primer día de la tetralogía), comenzando este último año con Sigfrido (Segundo día de la Tetralogía), personaje central de la obra y el más querido por Wagner. Pero, en 1857, interrumpe el trabajo al final del segundo acto para dedicarse a 2 óperas ajenas a la mitología. Son Tristán e Isolda y Los Maestros Cantores que le sirven a la vez de descanso y renovación (hay que recordar que su último estreno había sido Lohengrin siete años atrás). En 1869, luego de un intervalo de 12 años, continúa con la obra dejada, finalizando Sigfrido en 1871 y El Ocaso de Los Dioses (Tercer y último día de la tetralogía) en 1874. Si bien El Oro del Rin y la Valquiria fueron estrenados en Múnich por el rey Luis II contra la voluntad de Wagner (quien deseaba presentar la Tetralogía siempre como un todo) en 1869 y 1870 respectivamente, el estreno del  Anillo de Los Nibelungos en su forma completa, correspondió a la inauguración del teatro de Wagner en Bayreuth en 1876.
 
Wagner quiso crear  un mito -como los grandes mitos de la civilización griega que no fuera una mera anécdota, sino una fábula sobra la naturaleza humana con un valor universal e intemporal. Se basó en textos épicos medievales (siglos XI-XIII) como el “Canto de los nibelungos”, y en las leyendas germánicas y escandinavas medievales de Edda a fin de crear una mitología genuinamente alemana. Así mismo, añadió el tema de las maldiciones. Además, los dioses con características humanas de las narraciones nórdicas los convirtió en un reflejo de una sociedad que se desintegraba por momentos, como era la del siglo XIX.
 
La Tetralogía quiso hacer del wagnerismo un sistema completo de concepción del mundo; Esa es la razón de que resulte incomprensible en muchos momentos, no ya para oyentes latinos, sino para toda la sensibilidad moderna. Debemos recordar la desazón de Debussy, de Stravinsky y de Falla ante esta gigantesca mole de pentagramas, una desazón que no aparece ante Tristán. Los trozos más populares de la Tetralogía, los que suelen darse en forma de concierto, o gustan por el poderío orquestal o emocionan por elevarse hacia alturas de un plano amoroso y lirico, como el dúo de Sigfrido.

Causa impresión el ingenio musical que supone poner música maravillosa para esta cosmogonía que es la Tetralogía. Hay rincones puramente musicales en la Tetralogía de acierto insuperable. Desde un punto de vista  estrictamente musical, la Tetralogía es el esfuerzo más titánico y ambicioso que conoce la historia de la música.


Cuando escuchamos estas óperas, se asiste a un milagro, pues desaparece el análisis y el oyente se ve arrastrado a algo primario, intemporal, y las fuerzas elementales  que lo empujan. El anillo es una concepción que alude no a las mujeres, sino a la Mujer; no a los hombres, sino al Hombre; no a la gente, sino al Pueblo; no a la mente sino al subconsciente; no a la religión sino al rito fundamental; no la naturaleza sino a la Naturaleza.

Significado e interpretacion del Anillo del Nibelungo.

Acerca del significado e interpretación del Anillo del Nibelungo, escribe acertadamente Ramón Bau en ArchivoWagner.com :
“Desde siempre ha existido una cierta tendencia a interpretar de una forma lógica las obras de Wagner, ya sea desde una visión esotérica, religiosa, filosófica o social, dejando aparte la única interpretación realmente importante, que es la artística.

Pero quizás en la Tetralogía y en Parsifal es donde más se ha debatido este tipo de interpretaciones. Creo que hay que aclarar antes que nada una diferencia radical entre “el objetivo que tenía Wagner al crear una obra” y “las posibilidades de usar su obra para sustentar o plantear ideas sociales o religiosas”.

 
Esto es fundamental, porque Wagner sabemos que tras sus planteamientos en 1849 y 1851 deja muy claro que su OBJETIVO es crear la Obra de Arte del Porvenir, una forma de expresión artística completa, un Drama Musical que permita la expresión más completa posible de sentimientos humanos y a su través despertar la sensibilidad humana y elevar la Humanidad. Este, y no otro, es el Objetivo fundamental de Wagner.
 
Para ello decide, y así lo deja perfectamente definido en su obra teórica, usar argumentos mitológicos y alejarse de los históricos. Pero Wagner usa la base mitológica para poder desarrollar su historia humana, no para asentar la base Mitológica en sí misma, que por otra parte no siempre respeta en absoluto, sino que la cambia en función de su Objetivo principal.
 
Si observamos la Tetralogía en su conjunto vemos que el tratamiento del Oro del Rin es realmente muy distinto que el del resto de la obra. Desde La Walkiria al Ocaso se puede observar claramente que el elemento mitológico es usado para poder desarrollar los grandes debates humanos:  Wottan o Siegfried, Brunilda o Fricka desarrollan sus sentimientos y sus problemas de forma absolutamente independiente del elemento mitológico, y desde luego sin que el Oro tenga nada ya nada que ver.
 
El gran conjunto cosmológico de la Tetralogía en sus tres grandes jornadas no tiene una base fundamentalmente mitológica sino humana. En cambio en su Prólogo, en el Oro del Rin, existe una sensación inversa, allí el desarrollo lógico de los elementos mitológicos parecen tener más fuerza y estar usados en un sentido más simbólico.
 
Wagner vive su periodo revolucionario en Dresde en 1849 y el libreto del Oro está acabado en 1852. Después tardará más de 30 años en acabar la Tetralogía completa. Esto puede explicar una cierta propensión a exponer ideas en su Prólogo, mientras que el resto ya fue ajustado totalmente a su idea global del drama musical.”
 
Simbiosis entre música y poesía en la Tetralogia
 
Esta Tetralogía de cuatro dramas musicales con texto y música de Wagner que tiene como hilo conductor la posesión de un anillo mágico, forjado por el nibelungo Alberich, que otorga a quien lo posee el dominio del mundo. Todos sus habitantes, dioses, hombres y nibelungos, están dominados por el deseo de poseer el anillo excepto el protagonista: Siegfried, un héroe libre de las servidumbres gregarias del poder y del oro.

Wagner otorgó su propio significado al anillo (der Ring), joya que simboliza la determinación de gobernar que sólo puede conseguirse mediante la renuncia fatal al amor.

 
Wagner, es el primero que utiliza a través de una obra completa la técnica del leitmotiv. Fue la solución al problema de cómo la música podría servir para la fusión de dos lógicas narrativas distintas, la épica y la dramática. Utilizando motivos musicales como símbolos de las cosas y personajes de la historia, Wagner crea una forma artística unificada que rompe con la tradicional estructura periódica y logra esa magia asociativa en la historia que tanto alababa Thomas Mann.

Llama la atención el ver cómo Wagner depura en cada asunto su genuino carácter, para expresarlo con absoluta propiedad en el poema y en la música. En la Tetralogía, dentro del trágico ambiente general de la obra, puede notarse también esta particularidad. Las palabras y la música van tomando aspectos distintos según el desenvolvimiento de la acción, y singularmente la música (por lo mismo que refleja lo íntimo del drama), se nos presenta diversa en cada jornada. Los temas iniciales, fundamentales, del prólogo, nos transportan al mundo verdaderamente sobrenatural de los dioses y los gigantes. En la Valquiria, la pasión humana penetra a torrentes dentro de la música llena de vida y movimiento. En el Siegfried, la juventud y el vigor, el amor más intenso, desbordan de aquellas palabras exuberantes y aquellas melodías que abrasan. En El Crepúsculo de los Dioses, el cuadro aparece con épica grandeza, y se siente latir aquellos corazones de guerreros primitivos, con sus vigorosas frases y sus robustos acentos.
La forma del poema es el de una Tetralogía (así lo llama su autor) constituida por el prólogo y las tres sucesivas jornadas, cuyos títulos se acaban de exponer.
La unión íntima de la poesía y la música, da a este poema una especial estructura que hace indispensable la representación teatral, o la lectura de la partitura, para comprenderlo claramente.
Un efecto de gran fuerza expresiva, es el empleo de la aliteración, recurso admirable para unir el ritmo literario y el musical. De esta manera se verifica una especie de melodía de las palabras que se une naturalmente con el ritmo de la música y produce en el lenguaje un colorido extraordinario, por cuanto el lenguaje se reviste de aspectos suaves y dulces, o enérgicos y fuertes, en armonía con el orden de sentimientos expresados.

El Oro del Rin.
 
El Oro del Rin fue compuesto a partir de 1853, cuando Richard Wagner decidió dar una forma más amplia a su ciclo sobre Sigfrido. Debido a que el maestro debía justificar su trabajo ante la corte de Baviera de la que provenían las subvenciones para su teatro en Bayreuth, El Oro del Rin tuvo que estrenarse antes que sus compañeras, el 22 de septiembre de 1869, en Múnich. Por fin en el verano de 1876 se estrenó en su posición natural dentro de la Tetralogía, en el primer festival de Bayreuth.
 
Los personajes del Oro del Rin y su significado

Seguimos a Ramón Bau en Archivowagner.com

http://www.archivowagner.com/indice-de-autores/21-indice-de-autores/b/bau-ramon-1948/68-el-oro-del-rhin-el-oro-y-su-relacion-con-lo-humano


Las Hijas del Rin:
 
No es en absoluto casualidad que el Oro del Rin se inicie con los temas de Naturaleza y Ondas, marcando claramente la música inicial el clima de estabilidad, armonía y perfección natural del mundo. En esa Naturaleza inocente y bella las hijas del Rin juegan más que vigilan la fuente de esa belleza, la Luz que ilumina su mundo natural. El Oro es fuente de belleza y Luz, de armonía y naturalidad, lo material es bello y necesario en su entorno, sirviendo de alegría, sin valor dinerario.

Wagner ha explicitado en el texto y en la música este estado armónico natural, y no hay duda sobre su idea de simbolizar en el Rin el estado natural de la riqueza, su belleza y su función de Luz armoniosa, donde el juego y la alegría estaban exentos de los males del Dinero, del Oro convertido en valor.
 
Las hijas del Rin pierden el oro debido a su confianza, a su incapacidad en imaginar la existencia del mal, de alguien que renuncie al Amor. Este es exactamente el gran peligro de las sociedades naturales, su incapacidad para entender el mal.
 
Alberico
 
Es el jefe de los Nibelungos. Como ellos, enano y deforme. Es un frustrado sexual que cambia los placeres del amor por la riqueza material. Es quien arrebata el oro a las ninfas que habitan en el fondo del río, cuidándolo.
Sin duda es el personaje central en su relación con el Oro, y así mismo marca en el texto una denuncia tan clara que es difícil de no ver una cierta voluntad simbólica en Wagner sobre este personaje. Cuando su hermano Mime dice: “Con maligna astucia conquistó Alberic el Oro del Rin y de él forjó un anillo cuyo sorprendente influjo admiramos temblando todos; con él domina el ejército nocturno de los Nibelungos. En otros tiempos forjábamos sin cuidado y descansados, riéndonos en medio de tan insignificante fatiga, adornos y joyas para nuestras mujeres. Ahora ese perverso nos obliga a deslizarnos por entre las peñas y a trabajar tan sólo para acumular inmensos tesoros”.
 
Mime, hermano de Alberico, maltratado y explotado por éste. Es el fabricante del anillo y el yelmo mágico, de los que su hermano se apropia. Está definiendo tan concretamente el mal, la usura, el trabajo asalariado bajo el interés dinerario, cuyo único objeto ya no es satisfacer las necesidades loables sino acumular el oro al usurero, que es casi imposible no asignar esa relación entre Alberic y la visión de una Finanza que desea el Poder universal.
 
Más aún si vemos lo que el mismo Alberic dice: “a vosotros, los que habitáis allí arriba, donde sopla la suave brisa, entregados a la dulzura del amor y de la alegría, a todos vosotros dioses, os cogeré con mi puño de Oro. Así como tuve que renunciar al Amor, vosotros tendréis que renunciar a todo lo viviente; el oro ha de ser vuestro único deseo…. Cuando vosotros estéis bajo mi poder, vuestras hermosas mujeres que desprecian mis galanteos servirán de placer al enano”.

 ¿cómo no relacionar estas concretas denuncias con la realidad de una Finanza que compra el placer, convierte el amor en sexo y somete a la humanidad por la avaricia y la envidia?
 
Alberic quiere el Oro para vengarse en primer lugar (“Os apagaré la Luz y forjaré el anillo vengador”) pero con el objetivo final de obtener el Poder y Dominar, o sea usar el Oro como medio de dominio. No lo quiere admirar, no busca su belleza ni su posesión. Cuando Alberic cae por su afán de ostentación, por la vanidad y el exceso, ya ha sembrado el mal, y nadie se salvará de su maldición sobre el Oro. Una vez ha perdido su lugar natural, el Oro es un centro de corrupción. Y si al final de la Tetralogía el Oro vuelve al Rin será tras una caída global de todo lo existente, una destrucción de todo, un final del ciclo.
 
Wotan y los Dioses
 
Wotan, el dios supremo, jefe del clan, esposo de Fricka –la diosa del matrimonio– y padre de Brunilda y sus hermanas Valquirias, hijas de Erda.

Wotan, es en todos los sentidos, el verdadero protagonista de toda la epopeya, porque es quien con sus actos dicta lo que ha de ser. Fricka, es la diosa del amor, concebido como contrato, es decir, del matrimonio. Es calculadora, conservadora, dictadora y bastante interesada: un verdadero símbolo de lo femenino en la clase burguesa.
 
Freia. Es la cuñada de Wotan. Diosa portadora de las manzanas de la vida, único alimento capaz de hacer conservar la juventud a aquellos que lo ingieran. Es la moneda con que Wotan ha negociado con los gigantes la construcción del Walhalla.

Loge, Dios del fuego. Un marrullero y liante dicharachero cuya misión, es tener que sacarle las castañas del fuego a Wotan en un asunto que no tiene solución, le convierte en personaje fundamental. A él acude Wotan en los grandes momentos. Por ejemplo, al castigar –ya en la segunda ópera– a su amadísima Brunilda.

Erda. La diosa de la Naturaleza, un personaje vital en toda la Tetralogía. Consejera de Wotan, es traicionada por él al decidir construir su lanza.
El afán de Wotan por el Walhalla, por ese monumento a su Honor, Valentía y al Poder (“el honor y el poder alcanzarán la gloria” dice Wotan admirando el Castillo), pero un Poder representativo, no ejecutivo, no en el sentido de dominio que desea Alberico.
 
Pero Wotan es profundamente humano, ya en el Oro del Rin. Se debate entre su Autoridad y su Deseo, entre pasiones y deberes. Al conocer la existencia del Oro lo desea, pero no por avaricia ni para utilizarlo para el dominio. No muestra al principio gran interés, y sólo poco a poco va interesándose en él. Primero por el peligro de que lo posea Alberic (“Si no se lo arrebatamos nos dominará a todos” le dice Donner a Wotan). Luego, una vez consigue el Anillo, siente el deseo de su posesión, de ser considerado como el más poderoso (esa consideración es lo que busca, más que el uso de ese Poder… “por fin tengo lo que me hará el hombre más poderoso de la tierra”. Le costará desprenderse del Anillo pero lo hará, y luego se olvidará del Oro para ir a su Valhala.

Es significativo el desprecio de Wotan por el Tesoro: “Amontonadlo pronto. El verlo me repugna” dice a los Gigantes que lo reclaman. Sólo le interesa el Anillo, no el Oro, como símbolo de Poder y Autoridad.
Wotan desea el Oro pero no a cualquier precio, es tentado por el Poder y lo material, y su humanidad es sin duda la más interesante de la obra. No parece que Wagner pensase en Wotan como un mero simbolismo sino como base de su sentido humano en la obra.
 
Los Gigantes Fafner y Fasolt:
 
La maldición de Alberic sobre el Oro : -“¡Que su dueño lo posea en paz, pero que le traiga el verdugo!. ¡Sea el miedo el constante tormento del condenado a muerte, y la vida, eterna agonía para el esclavo del Anillo!…”-  se cumple en los Gigantes. Los Gigantes han Trabajado, han ganado con su fuerza bruta y su simpleza mental el sueldo que Wotan les prometiera, Freia, la dulce mujer, la más sensible y delicada. Para ellos Freia no es más que la mujer hermosa, el deseo de mujer. Y cuando la cambian por el Oro no buscan en ello el Poder, ni utilizar el Oro para dominar o mandar, quieren sólo la eterna posesión. Esa posesión que trae la envidia entre ellos, avaricia, envidia, muerte y posesión. No hay para el necio valor en el Oro sino en tanto causa la envidia en los demás y alimenta su avaricia. El trabajador enriquecido, Fafner, se convierte en Dragón y tras asesinar a su hermano, se convierte en la Bestia venenosa que matará por el Oro, sin hacer con él nada más que poseerlo.
 
Los Nibelungos:
 
El Pueblo de la Tierra, que trabajaba alegre para dar joyas y adornos a sus mujeres, sin cansancio ni agobio, es dominado por el Anillo, por la usura y codicia, y el látigo de Alberico. Mime y los Nibelungos lloran bajo el castigo de Alberico, se afanan para lograr más y más oro para el que ya lo tiene todo; es el destino del pueblo bajo la usura. Movidos por la envidia y la codicia, no se dan cuenta que son esclavos de los que dominan el secreto (el anillo) de la Usura. Soñando con ser ellos los nuevos Albericos, como hace Mime, no son más que una mayoría de esclavos para una minoría de usureros. “Oh Nibelungos, inclinaros ante Alberic, por todas partes os estará vigilando, despedíos para siempre de la tranquilidad y el reposo”. Dolor y Trabajo para otro, esta es la herencia que el Oro deja en el Pueblo otra hora feliz, cuando el Oro estaba en la Naturaleza y no existía la Usura. Los Nibelungos no cantan. Se requiere un potente coro de niños para lanzar sus gritos.
 
Sigfrido : Los héroes no aparecen en El Oro del Rin, ni Siegfried ni Brunilda. Ambos tendrán una corta relación con el Oro. Para Siegfried el Tesoro no le interesa, y lo dejará con el cadáver de Fafner y Mime, “Yace tú también aquí en la cueva, oscuro dragón. Guarda este brillante tesoro en compañía de tu enemigo. Así ambos encontrareis al fin la tranquilidad”. Sólo el Anillo le servirá como símbolo de su Amor a Brunilda, cumpliendo así el destino inicial del Oro, ser motivo de belleza.
 

Antes de correrse el telón, la música deja oír sus primeras notas, con las cuales se establece la base de la colosal creación que vamos a presenciar.
Y como germen simplicísimo de donde ha de surgir esplendoroso árbol, así empieza en la orquesta el inmenso poema por lo más simple, lo más elemental que en armonía puede darse: “la octava”. De las profundidades de la orquesta surge un misterioso rumor que va determinándose siempre con mayor claridad, y al fin comienza a moverse lentamente, formando el primer rudimento de melodía en aquellas hondas regiones del sonido; de este modo nace el tema fundamental del gran poema, como del seno de la noche nacen los mundos. “De no se sabe qué profundidad, dice Catulle Mendes,  en su ditirámbico Richard Wagner, nace sordamente un sonido. Informe, apenas perceptible, parece escucharse el primer aliento de un mundo que va a vivir. Aquel sonido crece, empieza a moverse, únese a él como un deseo de ascensión, de desenvolvimiento; se multiplica en sonoridad que, confusas al pronto, van encadenándose,  formando una línea vaga, la cual aparece luego en pleno desarrollo; se eleva, y menos oscura cada vez, extendiéndose más y más en su lenta expansión, alcanza pleno desenvolvimiento en una inmensa ola de melodía”.
 
El lector curioso puede notar en esta Tetralogía (cuya larga elaboración tanto se relaciona con la vida del poeta) los cambios que va sufriendo la personalidad de Wagner, siempre en progresión ascendente hacia el perfeccionamiento de la expresión. En El Oro del Rin,  todavía pueden notarse vestigios de formas melódicas, peculiares de las obras anteriores de Wagner; los pasajes declamados ofrecen todas las trazas de los recitativos de  Rienzi  o de las fórmulas de Tannhäuser.  En este sentido, los dramas siguientes (sobre todo los dos últimos,  Sigfrido y  El Crepúsculo de los dioses) ofrecen mayor concisión y mayor energía en la acentuación musical de las palabras. Los que niegan a Wagner melodía (¡cuán pueril nos parece hoy este cargo!), pueden observar la riquísima variedad que ofrece el Prólogo de la Tetralogía, en el cual se ven hasta fragmentos líricos bien determinados, formando en realidad, verdaderas piezas de canto, por ejemplo: el relato en que Mime cuenta sus cuitas a Loge y a Wotan; la delicada fantasía de Loge cuando explica su viaje al mundo en busca de alguien que renunciara al amor; el apóstrofe del gigante Fafner a Wotan  para que cumpla lo pactado; la magnífica invocación de Donner a la tempestad..., fragmentos todos ellos que revelan la riqueza de invención de Wagner, así como su incomparable vigor dramático.
 
En cuanto a la orquesta, parece un organismo que vive, que palpita y siente con la acción teatral. Los “temas conductores”, ya en las voces, ya en los instrumentos, los llevará el músico a través de la partitura como sangre vivificadora de las ideas del poeta, a las que dan exuberante plasticidad. Después de la creación formidable a que parecemos asistir en el preludio, van naciendo las melodías con todo el carácter, con toda la fisonomía que les prestan los momentos que la sugieren.
 
Los dioses, con sus acordes tonales, nos hacen sentir la majestad de los moradores del Walhalla. Los gigantes y los nibelungos tienen sus ritmos y sus armonías que se oponen. En resumen, el conjunto es completo por su equilibrio y sólidas bases.
 
Y luego, la convergencia de los efectos, esa conjunción que juzgaba Taine como exigencia de una obra completa de arte, aparece realizada plenamente. Con justicia ha podido decir M. Kufferath, que se necesitan la incomprensión más voluntaria y el prejuicio del más vulgar y estrecho realismo, para considerar este prólogo como ininteligible. No se trata, en efecto, de alegorías  ni abstracciones, sino que “ante nosotros aparecen nuestra misma vida, nuestras faltas y desenfrenos, nuestras luchas vanas y sangrientas que crea la egoísta persecución del interés personal, presentados ahora en el brumoso pasado, en el fantástico alejamiento de un mundo imaginario de dioses, gigantes, gnomos y ondinas. Hasta las fuerzas de la Naturaleza tienen su parte en esta divina comedia, como sucede con la tempestad final, que purifica el aire restableciendo la calma por cortos instantes, entre las pasiones y los elementos desencadenados”.
 
Argumento y analisis del Oro del Rin.

Fuente:  ( Por Alice Leighton Cleather y Basil Crump. "El Anillo del Nibelungo"  )
 
“Mi poema del Nibelungo, muestra la Naturaleza en su verdad desnuda, con todas sus contradicciones innatas, cuyos choques infinitamente variados incluyen el de la repulsión mutua. Todo el curso del poema muestra la necesidad de reconocer el cambio, la diversidad, la novedad eterna de la realidad de la vida y de hacerle lugar
Este preludio comienza con una impresión del principio de las cosas en el elemento agua primitivo, y Dioses, Gigantes, Enanos y Ondinas se aparecen como personificaciones de las diversas fuerzas de la naturaleza y de la conciencia humana.
Los elementos más importantes que hay que tomar en consideración desde el principio y que deben llevarse en la mente durante toda la obra son la voluntad, representada en Wotan; la sabiduría y la intuición representada por la Diosa Erda y la Fuerza que puede emplearse por la Voluntad por el bien o para el mal, simbolizada por el Oro del Rin. En realidad es Wotan el principio activo de todos los personajes, tal como la voluntad obra en todas las fases de la naturaleza humana, egoístas o altruistas.” ( Richard Wagner en su correspondencia a Roeckel y Liszt)
 
Escena primera. Puro e inofensivo descansa el Oro en las aguas del Rin, guardado por las tres Hijas del Rin (Woglinda, Wellgunda y Flosshilda.) Se levanta el telón para la primera escena y las tres nadan y cantan. No tarda en aparecer el enano Alberico que atraído por las tres Ondinas trata de atraparlas y ellas le esquivan graciosas y burlonas.
 
Alberico personifica el elemento más rastrero de la Voluntad, los deseos groseros y la pasión de poder. Ante su frustración sexual y a la vista del Oro su codicia se despierta.
 
Las Ondinas le informan que quien consiga fundir un Anillo con el Oro, alcanzará un poder ilimitado. Pero esto solo puede conseguirse mediante el voto de Renunciación al Amor. Para Alberico, cuya naturaleza es Deseo y Odio, el Amor no tiene valor. Alberico renuncia al amor para siempre y arrebata el Oro y desaparece con él en su morada infernal, entre los gritos de desaliento de las Hijas del Rin. El poder que obra para el mal, dice Wagner,  la ponzoña que envenena el Amor, se condensa en el Oro robado a la Naturaleza y mal empleado en el Anillo. Este acto de absoluto egoísmo es la causa de todo el drama que sigue. La Voluntad tiene que aprender que solo con un acto correspondiente de abnegación puede anularse la Maldición.
 
Escena segunda. El tema del Anillo se une con el del Walhalla cuando el elemento agua cede a las alturas montañosas en la que moran los Dioses. Ahora vemos a Wotan y Fricka durmiendo. En el fondo las torres del Walhala. Dentro de sus muros espera Fricka mantener a su esposo Wotan en un estado de reposo y satisfacción egoístas.
 
El Walhalla ha sido construido por los Gigantes, Fafner y Fasolt, que han pactado con Wotan que recibirán de él como pago a Freia, Diosa de la Inmortalidad. Freia sirve las manzanas de oro con que los Dioses renuevan diariamente  sus fuerzas. Wotan recuerda por las palabras de Fricka, el pacto que ha hecho con los Gigantes y que junto con otros pactos que se desarrollan, coartan la libertad del Dios. El símbolo externo de este poder, es la Lanza del Dios hecha con una rama del Fresno del Mundo y en cuya asta están esculpidas las runas de dichos pactos. Fricka forma parte de aquello por cuya adquisición trocó Wotan su visión interior, representada por la pérdida de un ojo.
 
Después sale Freia, perseguida por los Gigantes que llama a sus hermanos Donner, Dios del Trueno y Froh, Dios de la Belleza para que la amparen. Wotan la tranquiliza diciendo que cuenta con el astuto Loge, semidios del fuego, para que la saque del apuro. Cuando los dos Gigantes piden la recompensa, les dice Wotan que Freia no está en venta.
 
Protestan los dos Gigantes por esta falta de lealtad, cuando se presenta Loge y anuncia que ha buscado en vano un rescate para Freia, pues en ninguna parte puede encontrar nada que iguale a la maravilla y el valor de una mujer. Pero Loge ha sabido por las hijas del Rin, la espantosa acción de Alberico, y apremia a Wotan para que los auxilie a recobrar el Oro. Explica que Alberico ha renunciado al amor para conseguir el Oro y que otro puede conquistarlo, robando al ladrón. Wotan parece ver la manera de salir del dilema. Los Gigantes están dispuestos a aceptar el Oro como rescate y toman a Freia como prenda, prometiendo volver a la caída de la noche. Con la marcha de Freia, los Dioses empiezan a consumirse y envejecer. Loge les recuerda la causa. “ Dudo que hoy hayáis catado la fruta de Freia.” Wotan llama a Loge para que le guie por el país de los Nibelungos para recobrar el Oro y desaparecen por una hendidura de las peñas.
 
Tercera escena. La escena cambia ahora gradualmente por los abismos del mundo subterráneo y el tema de la forja en la orquesta es reforzado por el martillar de los enanos Nibelungos. Grandiosa y terrible escena.

Descenso de Wotan y Loge al pais de los Nibelungos
 
Alberico entra arrastrando a su hermano Mime, a quien ha ordenado que forje el Tarnhelm y termine su labor. Alberico ha fundido con el Oro robado el Anillo Mágico y con su poder tiene sumidos en la esclavitud a los enanos que trabajan para él en el acopio de tesoros.

El Tarnhelm o casco invisible, permite a quien lo lleve hacerse invisible, trasladarse a cualquier distancia en un instante y cambiar bajo cualquier forma. Mime esperaba quedarse con el Anillo y también con el casco mágico. Pero solo Alberico conoce las propiedades del Tarnhelm. Se lo arrebata a Mime, se hace invisible y demuestra su poder descargando crueles golpes sobre su hermano.
 
En ese momento entran Loge y Wotan y preguntan a Mime la razón de su desconsuelo y su deseo de ayudarle contra Mime. Reaparece Alberico maltratando a una multitud de Nibelungos que llegan cargados de tesoros que amontonan según sus instrucciones. Alberico ve a Mime entre los desconocidos y  extiende el poder del Anillo haciéndole desaparecer junto con los Nibelungos entre gritos y aullidos. Luego pregunta a los desconocidos que hacen en sus dominios. Wotan le dice que enterados de las maravillas que ha forjado, han ido a verlas por sí mismos. Alberico revela su intención de dominar aun a los mismos Dioses con el poder del Anillo y de subyugar al mundo entero con su maldición de avidez y desamor. Loge mediante hábiles adulaciones induce a Alberico a mostrar el poder del Tarnelm cambiando de forma. Se trasforma en una monstruosa culebra, lo cual no realiza el propósito de Loge. Entonces le induce a convertirse en algo pequeño. El incauto Alberico obedece y cambia su forma en la de un sapo. En ese momento Wotan y Loge lo capturan , lo atan y se lo llevan arrastrando al mundo de arriba.
 
Cuarta Escena. Cambiase la escena una vez más en las montañas, oscuras aun por la perdida de Freia. Wotan y Loge prometen soltar a Alberico si les entrega el Tesoro.  Alberico gracias al poder de su anillo, llama a los Nibelungos  y  les ordena  que  traigan  sus  bienes y  los reúnan en un montón. También le piden el Tarnhelm, no obstante las protestas de Alberico. Además Wotan le pide el Anillo, pero el enano se niega furiosamente a entregarle la fuente de su poder y Wotan se lo arrebata por la fuerza. Wotan satisfecho se lo pone en su propio dedo y Loge desaprobando la acción desata al Enano. Levanta Alberico entonces un rapto de rabia y condensa toda la fuerza de su perverso natural en una Maldición a todo el que en adelante llegue a poseer el Anillo. “¡ Así como yo lo hallé en una maldición, acompañe la Maldición al Anillo!” ¡ Su riqueza no gane poderes para nadie! ¡ Tenga el que lo posea el corazón consumido por los cuidados y a quien no lo posea que sea roído por la envidia. Sin dar ganancia a su dueño, traiga la espada del asesino. Predestinado a la muerte, esté el cobarde encadenado por el miedo; aunque viva muchos años, muera día por día y sea siervo del Anillo. Yo te lo doy, pero no podrás librarte de la maldición.”

Esta maldición sigue su terrible curso a través de la Trilogía.

Maldicion de Alberico
 
Los Gigantes retornan con Freia y acceden a tomar como rescate de la Diosa todo aquella parte del Tesoro necesaria para ocultar completamente a Freia. Pero cuando se ha amontonado todo el Tesoro e incluso el Tarnhelm, todavía queda una rendija por la cual pueden verse los ojos de Freia. Fafner pide entonces el Anillo del dedo de Wotan para completar el trato. Pero el poder fatal del Oro está ya obrando en el Dios que quiere conservarlo. Entonces Fafner dice que no se hable más y que ha llegado el momento de llevarse a Freia para siempre.

En ese momento aparece la misteriosa Erda, la gran Madre-Tierra. Tendiendo la mano a Wotan, le apremia a que entregue el Anillo; previniéndole de la Maldición y de la suerte que espera a los Dioses.  Aquí vemos a la Sabiduría o a la Intuición poniendo un freno a la Voluntad testaruda en su carrera destructora, ambiciosa y egoísta. Conservar el Anillo a expensas de Freia significa la perdida de la inmortalidad, a cambio del poder y de los bienes terrenales. Además le anuncia a Wotan otros negros presagios que turban a Wotan. Wotan sumido en una gran confusión y desanimo, renuncia al Anillo, haciendo así posible que se abra un camino de redención.
 
Cuando los Gigantes se apoderan del Anillo, la Maldición hace su efecto sobre ellos. Se pelean por el reparto del tesoro y Fafner mata a Fasolt. Mirando sombríamente al muerto Titán, exclama Wotan. “ ¡ Temeroso hallo ahora el poder de la Maldición!” Desea el Dios nuevos consejos y aclaraciones de Erda, pero la Wala ha desaparecido, y Fricka ruega a Wotan que entre con ella en la paz y deleites del Walhala; En tanto Donner Dios del Trueno desata una tormenta para despejar las nieblas y el mal ambiente que encumbran las montañas. El Castillo aparece ahora radiante a la luz del sol y desde sus puertas al valle del Rin se tiende como puente el Arco Iris.
 
Wotan que ha estado pensando profundamente en sus problemas, se vuelve a contemplar la nueva morada, y una gran idea se apodera de su mente. El cómo voluntad creadora, puede desarrollar un nuevo poder. El poder de la abnegación heroica que reconquiste el Oro a las fuerzas del odio y la codicia y lo devuelva a su puesto en la Naturaleza.

El nacimiento de esta idea en la mente de Wotan se trasmite dramáticamente a nuestra comprensión en una forma solo posible por la nueva creación que hizo Wagner del verdadero drama musical. Los imperiosos acentos de las trompetas proclaman dos veces un notable tema heroico y el ademan simbólico que lo acompaña es de la espada levantada en la mano de Wotan con la exclamación :

 “Así saludo al Castillo, exento de desaliento y temor”. Este tema va siempre asociado en adelante a la espada Nothung, que Wotan pone en manos del héroe que crea , Sigmund. Su aparición en este momento crítico es el signo exterior y visible de la idea íntima y espiritual de la Redención por el Amor y el Heroísmo.
 
Wotan se vuelve a Fricka, diciendo: “¡Sígueme esposa! ¡ Habita ahora conmigo en el Walhala. Fricka pregunta sobre el significado de la palabra Walhala y Wotan le responde la idea que acaba de concebir. “ Lo que ha encontrado mi espíritu para dominar el temor, cuando se haya logrado su triunfo hará claro su significado.”
 
Cuando los Dioses se encaminan al Walhala, se oye muy abajo en el valle, la lastimera queja de las Hijas del Rin que gimen por su perdido tesoro. ¡ Lamentamos tu perdida que nos deja solas! ¡ Danos el Oro! ¡ Vuelve a traernos su esplendor! Wotan se siente turbado por estos lamentos. En el camino hacia el Walhala, Loge que es un semidios y que no tiene el honor de entrar, al igual que hizo Erda, también vaticina el Ocaso de los Dioses.
 

Loge es uno de los personajes más misteriosos del drama. Usualmente se le considera como el Mefistófeles de la mitología septentrional, pero también es Lucifer, el portador de la Luz. Es una divinidad bifronte cuyo aspecto de Lucifer recalca claramente Wagner. Vemos que Loge como Erda, encarecen la restitución del Oro a la Hijas del Rin. Sus últimos actos, como muro de fuego en torno a Brunilda ( En el drama La Valquiria) y por fin como consumidor de todas las cosas ( En el Ocaso) son significativos.
 
En cuanto al estado actual del anillo, Wotan por su acto de renunciación lo ha puesto a custodia segura, hasta el advenimiento de aquel Poder que, por la abnegación, ha de redimir la Maldición proferida por Alberico. Fafner se retira a una remota cueva y por medio del Tarnhelm se convierte en dragón y monta guardia de su tesoro. Con arreglo al cambio en la Voluntad de Wotan, Fafner, de constructor del Walhala, ha pasado a ser custodio del Anillo y del Tesoro. Así termina el Prólogo de este Drama. En la jornada siguiente, la Valquiria se verá como adquiere existencia este Nuevo Poder imaginado por Wotan.

La Valquiria
 
Se terminó en Zúrich el 23 de marzo de 1856. Fue estrenada en el Hoftheater (Teatro de la Corte, hoy Teatro Nacional de Múnich) el 26 de junio de 1870, por insistencia del Rey Luis II de Baviera. Se estrenó en el Festival de Bayreuth como parte del ciclo completo el 14 de agosto de 1876.
 
Su significado.
 
Tras el Oro del Rin, prólogo de la Tetralogía, la Valquiria presenta por primera vez los personajes humanos del mito y las situaciones cargadas de pasión y significado. Wagner tenía como fin último, por encima del texto, de la puesta en escena, e incluso de la música: el drama. En la Valquiria vivimos la firmeza del amor a primera vista entre Sigmundo y Siglinda, la renuncia de Wotan a su propia hija, la Valquiria Brunilda, la convicción de ésta de que el amor disuelve el poder.  La esencia de Die Walküre estriba en su capacidad para mostrar las miserias y grandezas del ser humano, sus limitaciones y ambiciones, sus perversidades y sus actitudes más nobles y generosas. Y he aquí que tanto los dioses como los seres humanos, los nibelungos o los gigantes del mundo imaginario wagneriano cobren una dimensión universal, al margen de la condición de cada uno de esos seres y criaturas. La grandeza de Wagner se encuentra en la universalidad de su mensaje: el amor lo redime todo, incluso a la muerte.
 
Sigmundo y Siglinda: la historia de un amor prohibido
 
La enorme emotividad que rodea al romance apasionado y fugaz entre Siegmund y Sieglinde viene aderezada por su condición morbosa. Sin duda, para la sociedad de la época en la que nuestro protagonista tuvo que vivir, el incesto, al igual que en la actualidad,  era una actividad repugnante y despreciable, condenada moralmente. Es, pues, insólito que Wagner plantee la gestación de su héroe Sigfrido,  personaje al que ya había ideado psicológicamente,  como producto de la unión carnal entre dos hermanos. Llegados a este punto de la argumentación, conviene recordar que el mensaje principal,  y finalidad de este primer drama de la Tetralogía,  defiende el amor como sentimiento supremo que redime de toda culpa.
 
La Valquiria  presenta la primera aparición del amor en la Tetralogía, pues en  El Oro del Rin  son otras las encantadoras actitudes humanas que distinguen a sus personajes: la avaricia, eje central de la obra, el afán de poder, el crimen como medio para un fin. De entrada, Wagner reta a la sociedad de su tiempo al exponer uno de esos amores que no se atreven a decir su nombre. Es, de hecho, la primera de las grandes ópera wagnerianas donde aparece en plenitud el amor entre “humanos”, aunque concebidos por el dios Wotan, pero los protagonistas de ese amor son literalmente destruidos por la satisfacción del deseo sexual: los gemelos Siegmund y Sieglinde desatan su frenesí amoroso sin importarles su condición incestuosa y mueren por consumarlo, su castigo se da por un prejuicio moral que fuera tan alto en Wagner como en su personaje Fricka, quien condiciona a su marido Wotan a destruirlos.
 
Valoración musical

Fuente: http://www.archivowagner.com/201-indice-de-autores/l/lopez-chavarri-eduardo-1875-1970/el-anillo-del-nibelungo/587-la-walkyria

Son muy pocas las óperas que pueden compararse a la belleza, profundidad y emotividad de La Valquiria, para la que Wagner compuso una música de un lirismo arrebatador, y que pocas veces se repetirá en el resto del Anillo; es tal la continuidad musical y dramática que el oyente se siente transportado a ese mundo mítico y al mismo tiempo tan humano, sin que exista distracción o pérdida de atención en algún momento, por esa unidad que Wagner consigue en todo el devenir de las escenas. En Die Walküre, el espectador oyente,  se embarca en una aventura de pasiones humanas y de violentas emociones; Wagner extrae de su paleta musical una coloratura orquestal realmente admirable. Es evidente que su técnica como orquestador es más depurada que cuando comenzó a acometer la tarea de componer Das Rheingold. La soltura y extraordinaria habilidad con la que manejaba los timbres de los diferentes instrumentos de la orquesta y sus posibles combinaciones.

La Valquiria comienza con un corto preludio vigoroso y agitado, que coloca inmediatamente el ánimo en la sombría situación del drama. El sobresalto de una huida desesperada de Sigmundo bajo el fragor de la tempestad, los gritos de los que persiguen a un fugitivo, parecen escucharse en la orquesta. Mientras los instrumentos de cuerda (violas y segundos violines) mantienen una nota (re) que da siniestra impresión en su estremecimiento, se escuchan en los contrabajos y violoncelos un diseño rudo y anhelante.

En el siguiente enlace puede seguirse el drama musical completo escena a escena, en una versión magnificamente remasterizada.  



Una de las más renombradas versiones a cargo de Georg Solti y la Filarmónica de Viena


La Versión de Pierre Boulez en representación teatral . El video da la opción de poner subtítulos



Argumento y análisis

Por Alice Leighton Cleather y Basil Crump. El Anillo del Nibelungo

Desde la construcción del Walhala, Wotan ha creado nueve hijas, llamadas Valquirias, vírgenes guerreras cuyo deber es, según la leyenda, llevar las almas de los héroes muertos al Walhala, donde forman una guardia personal de Wotan.

Tomando forma terrenal como Walse (Lobo), y trabajando para la creación del nuevo poder, Wotan produce en el mundo terrenal a los Woslungos gemelos, Sigmundo y Siglinda. Firmes son en su amor, y heroicos en la adversidad.
Cuando Sigmundo está fuera con su padre, su hogar es saqueado, su madre muerta y Siglinda arrebatada y casada a la fuerza con el terrible guerrero Hunding.
 
Acto primero.
 
Sigmundo exhausto y desarmado, después de mucho errar y combatir, busca refugio en la morada de Hunding, y Siglinda le atiende y cuida. Los dos desconocen que son hermanos, pero experimentan una poderosa atracción expresada por música de extraordinaria belleza y sentimiento.

Hunding, regresa al hogar y observa el tremendo parecido entre ellos y en especial la serpiente luminosa en los ojos de ambos. Porque de los dos gemelos nacerá el héroe ( Sigfrido) que ha de matar al dragón. Al descubrir Hunding del relato de Sigmundo que es enemigo, le dice que por una noche le protege el Rito del Hospedaje, pero que por la mañana lucharán.
 
Cuando Hunding se va a dormir, Siglinda le muestra a Sigmundo la espada hundida en el tronco del Fresno ( Espada que Wotan dejó para necesidad de su hijo) “ Yo te mostrare dice Siglinda una excelente arma, si pudieras conseguirla yo te saludaría como el mayor de los héroes.” Siglinda y Sigmundo averiguan que son hermanos y que para éste está destinada la espada. Con el grito de Nothung! ( necesidad). “Así llamo yo a esta espada”, Sigmundo la arranca del árbol y los dos huyen en un arrebatado y pasional amor.
 
El tema de la renunciación al amor que acompaña a la siguientes frase de Sigmundo al disponerse a empuñar la espada: “Ahora la cojo, Supremo sufrimiento del amor sagrado, extrema aflicción del fuerte deseo abrasa mi pecho empujándome a luchar hasta la muerte” , indica este tema que Sigmundo y Siglinde están predestinados a ser padres del Héroe libre, están actuando bajo el hechizo de la Maldición de Alberico; porque son los primeros representantes del nuevo poder que está creando Wotan para su dominio. Apasionada como pocas , esta escena de amor wagneriana y apasionada musica la que la acompaña.


Segundo Acto
 
Tras el preludio, comienza con un dialogo entre Wotan y su Valquiria favorita, Brunilda, nacida de Wotan y Erda. Wotan encomienda a su hija la protección de Sigmundo en la lucha contra Hunding. Pero aparece en escena la esposa de Wotan, Fricka ( Diosa del Matrimonio). Fricka representa el apego a la forma y al orden de las cosas establecidas y pide a Wotan, una reparación por la violación del vínculo matrimonial cometida por los incestuosos Voslungos. Wotan debe permitir a Hunding que mate a los Voslungos, no obstante la espada mágica.
 
Se oye el tema de la maldición mientras Fricka profiere su mandato, seguido del tema de la necesidad o angustia de los Dioses que describen los sentimientos de Wotan durante su entrevista con Fricka.
 
En una escena de trágico dolor , Wotan dice a Brunilda que debe retirar su protección a Sigmundo y consentir que muera. Pero tras la voluntad manifiesta de Wotan, ve Brunilda, con la divina mirada interior de su madre Erda, el intimo deseo de su padre : que del amor de los Voslungos surja el nuevo héroe intrépido que ha de unirse a ella para despejar la maldición.

La situación de Wotan es terriblemente dramática. Los deseos de Wotan se ven coartados por la Maldición echada al anillo por Alberico. “De la maldición hui, pero aun ahora la maldición está conmigo, lo que amo he de abandonar, he de destruir lo que me es más caro, he de traicionar al que en mi confía.” Recuerda el aviso que Erda le dio cuando fue a buscarla en las entrañas de la tierra, después de la construcción del Walhala: “cuando el negro enemigo del Amor engendre un hijo, el fin de los dioses estará cerca.” Ese enemigo es Alberico, que renunció al amor para conseguir el Poder, y su malvado hijo es Hagen, que ejecuta el acto final de la Maldición, cuando en el Ocaso de los Dioses, apuñala a Sigfrido.
 
Cuando Brunilda con el corazón afligido se aparece a Sigmundo para comunicarle que debe llevarlo al Walhala, Sigmundo declara que nada le importa el Valhala si no va con el Siglinda y que ambos morirán con la espada Nothung. Entonces Brunilda, conmovida, decide desobedecer a Wotan, lo que es en realidad la voluntad de Fricka, aunque recibida a través de Wotan y promete dar la victoria a Sigmundo.
 
A pesar de la protección de Brunilda sobre el Veslungo, en el momento de la lucha con Hunding, Wotan se interpone , constreñido por su juramento a Fricka, y sobre su lanza se parte la Espada mágica y Sigmundo cae. Al romperse la Espada contra la Lanza de Wotan, indica que no es Sigmundo el héroe libre que Wotan anhela crear. Drama y musica , estremecedor final del acto II
 
Final Acto II


Tercer acto

El Tercer Acto comienza con la cabalgata de las Valquirias que se reúnen en las peñascosas alturas. Al poco llega Brunilda, transportando a la semi desmallada Siglinda, con la que ha huido de la cólera de Wotan. Brunilda aconsejada por sus hermanas, encamina a Siglinda hacia el bosque en el que el dragón Fafner guarda el Anillo y el Tesoro. Allí estará segura porque Wotan teme y esquiva el territorio de Fafner. Al darle los pedazos de la espada a Siglinda, le dice que será la madre de Sigfrido, el más grande de los héroes. Y aqui escuchamos la archiconocida y apasionada cabalgata. Uno de los momentos mas imponentes de la música de Wagner.

Cabalgata y reunion de las Valquirias
Die Walküre-The Ride of the Valkyries
 
Brunilda afronta después la aparente cólera de Wotan, que la ha seguido y ahora pronuncia su sentencia : Brunilda quedará en la roca sumida en un profundo sueño, para que la haga suya el primer hombre que la despierte. Se oye aquí el hermoso tema de Amor de Brunilda a los Voslungos, cuando contesta a su padre que fue él quien hizo nacer en el corazón de la hija la compasión, que la ha llevado a desafiar su mandato exterior, para obedecer al secreto deseo de su padre. Brunilda recuerda a Wotan la espada y el próximo nacimiento del héroe libre que Wotan anhelaba crear. Le ruega que le conceda la protección de un muro de fuego que no pueda atravesar sino el más valeroso y aparece el tema del Encantamiento del Fuego. Verdaderamente conmovedora la escena y la musica de este tema de Amor de Brunilda.
 
Wotan impotente para detener el ciclo de la maldición, si puede conceder esta suplica a su hija. Wotan besa a su hija en ambos ojos y la tiende sobre la roca. La música es extraordinariamente hermosa y elocuente.
Luego Wotan evoca a las llamas de Loge ( semidios del fuego) para que rodeen la roca.
 
Así el espíritu del Amor se liberta de la servidumbre de los Dioses; y Brunilda elige su propio destino heroico, preparando el camino para su futura entrada en los corazones de los hombres. Pero hay que pagar la pena de la libertad. Al adherirse a la secreta Ley de Renunciamiento, Brunilda pierde la risueña bienaventuranza del Valhala y espera en el umbral de la tierra la llegada del héroe Sigfrido.

La Valquiria es uno de los dramas musicales de Wagner mas completos; una musica maravillosa impregnada , de tonos épicos, trágicos y tiernos. Todo el tercer acto rebosa una belleza y plástica inigualables.

viernes, 3 de octubre de 2014

Wagner: Tristan e Isolda y Parsifal. La Redención

Tristán e Isolda (Tristan und Isolde)
Antecedentes
Significado de la obra
La música del Drama
Analisis del preludio de Tristan e Isolda:

-Los motivos
-El acorde de Tristan
Momentos destacados de los tres actos


Antecedentes
 
Solo los mejores amigos de Wagner saben hasta que punto esta obra encubre la tragedia personal de su autor. Sin Matilde Wesendonck, joven esposa de un comerciante de sedas, no había podido crear un solo compas de aquella música, ardiente como un volcán.
 
El 27 de junio de 1857, Wagner interrumpe la gigantesca tetralogía de los Nibelungos (había llegado aproximadamente hasta la mitad de Sigfrido) y comienza a ocuparse de Tristán. En ese momento, la afirmación de Wagner de que “nunca había gozado de la verdadera dicha del amor” ya no es válida; ha entrado en su vida Mathilde Wesendonck y la llena durante un período. Se ha convertido en la verdadera motivadora de Tristán e Isolda, en la musa que entiende mejor a Wagner, a quien sabe llegar más profundamente que todas las mujeres anteriores.
 
Cuando Wagner parecía hacer cuanto estaba a su alcance para lograr los favores de Matilde, había imaginado ya el trágico final del drama. Al sobrevenir la tragedia en la vida real, el texto de la obra ya estaba terminado. La vida de Wagner no encuentra su reflejo en sus dramas, sino que el artista orienta inconscientemente su vida tal como le exige su obra.

Cuando ya ha terminado la composición del dúo del segundo acto y el traidor Melot se interpone entre los enamorados, llega la catástrofe para el idilio entre Matilde y Wagner. La causa de la catástrofe es una carta de amor interceptada por Minna, la esposa de Wagner. Éste, no hubiera podido completar en Venecia y lejos de Matilde el tercer acto de Tristán, con su apasionada nostalgia por Isolda si se hubiera hallado cerca de Matilde. El 17 de agosto de 1858 terminó el idilio con Mathilde. Wagner se trasladó entonces a Venecia, donde trabajó en el acto segundo. El 18 de septiembre de ese mismo año escribió a su amiga de Zúrich, con la que todavía mantenía un íntimo contacto y un activo intercambio espiritual: “Hoy, hace un año, terminé el poema de Tristán y te llevé el último acto. Tú me llevaste a la silla que había delante del sofá, me abrazaste y me dijiste: "Ya no tengo más deseos". Aquel día, a aquella hora, volví a nacer...”



Nada caracteriza mejor aquellos años febriles. Goethe ha considerado al romanticismo como una enfermedad del espíritu y del alma y como tal lo había repudiado. Y no obstante esa enfermedad se convirtió en un fenómeno de la época y por  consiguiente en algo normal.

Toda la nostalgia, el anhelo de un  inasequible más allá, todo el arrobamiento y toda la exaltación rayando en lo enfermizo que el romanticismo puede engendrar, halla en Wagner un símbolo jamás superado y se subliman artísticamente en Tristán e Isolda.

Significado de la obra
 
Se ha afirmado con frecuencia que  Tristán e Isolda, de Wagner era la trasplantación escénica del poema épico de Gottfried de Strasbourg, afirmación que no es cierta. Wagner aprovechó para su obra un asunto que ya habían utilizado varios poetas antes que Gottfried. De este último sólo tomó el marco, la parte puramente externa del drama, o sea los nombres, los trajes, la época; pero los demás elementos, mucho más esenciales, parece haberlos tomado de los poemas franceses que conocía perfectamente. El mito en su forma primitiva, antes de convertirse en romance de aventuras caballerescas, es lo que principalmente debió ejercer en Wagner una influencia decisiva.

Wagner, reduce el relato a sus más sencillos detalles. No sigue implícitamente ninguna de las contradictorias fabulas sobre Tristán e Isolda, sino que toma de cada una de ellas, los rasgos más salientes, los agrupa y los teje en un conjunto lógico y coherente, que forma una nueva versión, el verdadero corazón de la leyenda. En la idea del Anhelo de la Muerte asociado al Amor es donde Wagner se separa más claramente de las otras versiones occidentales e indica claramente su simpatía con el pensamiento oriental, mucho antes de que hubiera oído hablar de Schopenhauer.

La esencia del drama, la expresa Wagner así: “Que podría ser este anhelo de amor, la cosa más pura que mi corazón podía sentir; que podía ser sino un afán de liberación de lo Presente, por la absorción en un elemento de Amor Infinito, un amor que no se puede hallar en la tierra y que solo es accesible por las puertas de la Muerte.”

En la época de Tristán, Wagner sentía profundo interés por el budismo y en especial por las doctrinas de la reencarnación y del karma. Así Tristán en el gran monologo del héroe del acto tercero revela su percepción de que sus presentes tormentos, privado de Isolda, son hechura son consecuencia de su actos pasados.

El genio poético de Richard Wagner le dio una forma absolutamente propia a la versión caballeresca y medieval de Godofredo de Estrasburgo. Al elixir de amor se le da una significación nueva, completamente diferente: no crea la pasión entre Tristán e Isolda, sino que los hace libres, los lleva a un arrebato irresistible que echa abajo todos los dictados de la moral. En el drama de Wagner, Tristán e Isolda se aman ya desde su primer encuentro, mientras que en el poema de Gottfried solo se aman después de tomar la bebida de amor. En el texto de Wagner no es el rey Marke quien, enfurecido por la traición, mata a Tristán: Mark trata de entender lo que en un primer instante parece incomprensible y en lo que, como él mismo reconoce, podría tener parte de culpa.

A menudo se ha querido ver en el Tristán e Isolda de Wagner una obra filosófica, metafísica; incluso Nietzsche lo pensaba. Se ha vinculado la muerte de los dos amantes con las ideas de Schopenhauer. Pero basta con que se reconozca en Tristán e Isolda el canto supremo del amor, de un amor que se hace tan fuerte que ningún poder de la tierra puede impedir la unión de los amantes. Pero también de un amor cuyo cumplimiento sólo puede encontrarse en la muerte, en la "nada", que por lo tanto en su esencia más íntima busca la disolución y está dispuesto a eliminar las últimas ataduras con lo terreno.
Y podría decirse que también el destino es una figura sobresaliente en el drama. Wagner le da la forma de elixir de amor y convierte a Brangania , criada de Isolda , en su dócil instrumento.

Tristán e Isolda cumplen su destino en toda su grandeza: amarse tanto que nada terrenal puede afectarlos ni impedir su elevación a lo sobrehumano, a la nada. Casi toda la acción de Tristán e Isolda es interior; el hecho de que su tensión se pueda mantener durante tanto tiempo (probablemente sea la primera obra de la historia de la ópera moderna que dura más de cuatro horas) debe considerarse una prueba de la capacidad dramática de Wagner.

En esta obra, la vida y la muerte, el sentido total de la existencia en el mundo exterior, aquí se aferran únicamente a los movimientos interiores del alma. Tristán explica los estados interiores del alma, con una suerte de fuerza e imaginación que desprende una capa tras otra del subconsciente. Abunda en símbolos : símbolos de la noche, del día, el amor, el erotismo, el mundo de los sueños, el Nirvana. Tristán e Isolda reúne al hombre y la mujer y explora sus impulsos más profundos.

La música del Drama

Nada de lo que había hecho Wagner, sugería el milagro operístico llamado Tristán e Isolda. En la historia de la música no se conoce una partitura de amplitud, intensidad, riqueza armónica, grandiosa orquestación, sensualidad, fuerza, imaginación y color semejantes.

Los acordes iniciales de Tristán fueron para la última mitad del siglo XIX lo que la Heroica y la Novena sinfonía constituyeron en la primera mitad del siglo XIX. Una ruptura, un concepto nuevo. Tristán e Isolda ha sido analizada y psicoanalizada casi tanto como Hamlet. En Tristán se llevan las relaciones armónicas hasta el punto de ruptura y los estudiosos del siglo XX ven en esta ópera los principios de la atonalidad o de la antitonalidad como le gusta decir a Stravinsky.

Un genio que buscaba la expresión de acontecimientos anímicos nunca representados rompió audazmente en esta obra con todas las convenciones. Con la ayuda de un cromatismo llevado hasta el extremo minó e hizo vacilar los fundamentos de las antiguas relaciones tonales.

Así como las almas de Tristán e Isolda no encuentran paz (con excepción de la unión total en el acto segundo y de la entrada definitiva en la nada al final del acto tercero), tampoco la estructura armónica de la obra tiene ningún punto de reposo. Modulaciones ininterrumpidas, armonías equívocas, incluso la politonalidad, conducen a la disolución de todas las reglas antiguas. Para Wagner no se trataba de un problema musical, sino de un problema psicológico y dramático; sólo en Tristán e Isolda, llega hasta el límite de la tonalidad, porque se trataba de expresar inexpresables estados de ánimo interiores, de describir el fluir constante de las corrientes del alma. En sus obras siguientes volvió en cierto modo al suelo firme de la armonía romántica. Por lo tanto, fue el tema, lo que lo llevó a explorar un territorio musical desconocido.

El efecto de la música del Tristán sobre sus contemporáneos debió de ser tremendo, casi inimaginable. El impacto de este preludio  fue tal el día del estreno que varias damas se desmayaron en el momento del éxtasis. Desató (igual que el Werther de Goethe) una epidemia de suicidios cuya causa debe buscarse tanto en la música como en el texto. En esta obra, el sonido penetra profundamente en el alma, reaviva los impulsos, los sueños, los anhelos, muestra la nulidad de la llamada vida “real”, de la apariencia luminosa, frente a la vida oculta, inconsciente y nocturna del alma.

Tristán e Isolda necesitó tiempo para afirmarse en el repertorio europeo. La obra era demasiado extensa e intensa. No sucedía nada, aparentemente y era excesivamente disonante, moderna. Todo lo que muchos críticos alcanzaban a ver eran dos personajes corpulentos gritándose uno a otro.
Compuesta entre 1857 y 1859, se estrena el 10 de junio de 1865 en el Teatro de la Corte de Múnich. Esta obra encarna toda la teoría de Wagner. También desde muchos aspectos, es la cumbre absoluta de la música romántica. Tristán es la proyección sentimental, la confesión ante el pentagrama, que tanto persiguió el intimismo romántico.

Esta acción musical en tres actos, como la denominó Wagner, es una de las obras maestras más admiradas de la historia de la música y por supuesto de la historia de la ópera. La denominación  de acción musical no podía ser más precisa, ya que aquí todo está vivido desde el interior y no hay intriga en el sentido clásico del término, sino una acción que solo puede nacer de la relación entre el texto y la música.

Personajes, ambiente, paisaje, todo está simplificado en Tristán, para luego dar rienda suelta al problema agudo del amor y de la muerte  que son cantados conjugando la tendencia psicológica de Feuelbach y el pesimismo de Schopenhauer. Para Wagner la palabra, liebe, funciona muchas veces indistintamente como amor y como atracción sexual. Ello da a Tristán una morbosidad especial donde se transfigura la voluptuosidad y el dolor. Por otra parte la recogida ambiciosa de la leyenda de Tristán inclina esta obra hacia la sublimación de una forma de amor puramente alemana.

Wagner dijo que la distancia entre Tannhäuser y Tristán e Isolda era más grande que la de su primera obra a Tannhäuser. Cierto que la inspiración poética, el genio plástico, no son mayores en Tristán e Isolda que en Tannhäuser, pero en virtud del conocimiento exacto y fundamentado de las condiciones que debe cumplir el poeta-músico, el autor ha adquirido un dominio absoluto de los medios de expresión, y ello se nota tanto en la concepción general del drama como en los más pequeños detalles.

La música, no tendrá ya que servir para fines en que no debe emplearse. En vez de un poema lleno de episodios que no requieren la expresión musical ,a pesar de serles ésta aplicada, se trata de un poema surgido evidentemente del alma misma de la música, engendrado por ella. Y por este motivo, dentro del dominio propio de la música, el de los sentimiento de órdenes puramente humanos, adquiere dicho poema proporciones que superan de mucho todo lo que hasta entonces se había intentado. Es lo que Wagner ha calificado de liberación de la música. Ya no se halla sujeta a leyes impuestas desde el exterior; por el contrario, en todos los momentos del drama se manifiesta regida por la emoción interna. De aquí derivan una infinidad de matices en las relaciones entre la música y la palabra; cada uno de estos medios de expresión aumenta o disminuye de intensidad a cada instante, de acuerdo a las necesidades de la situación.

Mientras en el Holandés Errante, escribió los versos de manera que pudieran extenderse a cualquier longitud reclamada por la melodía operística, por la repetición continuada de palabras y versos, en Tristán no se hallarán estas repeticiones sino que la trama de las palabras y los versos preordena todas las dimensiones de esa melodía. La estructura de la melodía está ya trazada por el poeta. Por si solo el poema de Tristán es extraordinariamente bello. En él hay una mezcla de la aliteración y la rima final. La forma del verso se presta genialmente al tratamiento musical. Cada silaba tiene una nota sola, con lo cual aumenta en gran manera la claridad de enunciación, que Wagner consideraba de capital importancia.


Análisis del preludio de Tristán e Isolda

Los Motivos.




Pocas páginas como el preludio y muerte de Isolda han hecho correr tantos ríos de tinta. En el preludio no hay una estructura pero si una dirección marcada por los seis temas o motivos que lo recorren:
Los dos motivos fundamentales están expuestos desde el comienzo y son el de la confesión o también llamado del dolor y es expresivo de Tristan (descendente y confiado a los cellos) al que se le superpone en ascenso por dos semitonos el motivo del deseo  (ascendente y murmurado piano por el oboe) y expresivo de Isolda ; cada una de las tres repeticiones comienza con el famoso acorde disonante que después ha terminado llamándose acorde de Tristán.

Estos dos motivos continúan, dilatados, entrecortados, hasta llegar al primer forte, cuando suena el motivo de la angustia de Tristán y solapado con éste, comienza la melodía del preludio que es la que llevará el discurso, el motivo de la mirada confiado a los cellos. El motivo de la mirada,  va a circular permanentemente a lo largo del preludio y de la ópera, casi siempre en los cellos o en la cuerda. El tema de la mirada, simboliza el momento en que Isolda va a vengar con la espada, la muerte que Tristán infringió a Morold, su prometido. En el momento en que Isolda va a matar a Tristán, éste abre los ojos y mira a Isolda. Ante aquella mirada Isolda no pudo culminar su venganza, y la espada cae de sus manos. Esta mirada fatídica es el punto desde el cual se desarrolla todo el drama de Wagner. La mirada revela que Isolda y Tristan están predestinados el uno para el otro. Es algo más hondo que lo suele conocerse como el amor flechazo. Indica una identidad de alma; pero Isolda también sabe que Tristán todavía no se ha dado cuenta de que ella ha leído el secreto en sus ojos. El significado del tema de la mirada se ve con más claridad a lo largo del primer acto, pues se graba firmemente en la memoria por su continua repetición durante el preludio. Estrechamente relacionados con él están los temas del Filtro del Amor y de la Muerte.

A continuación aparece el motivo del filtro del amor (motivo que usará Mahler en el adagietto de su quinta sinfonía como regalo de amor a su amada Alma) y seguido viene el motivo del filtro de la muerte o del destino, confiado a los bajos; el filtro que Isolda quiere que Tristán beba por haber matado al príncipe Morold y porque Tristán no le presta ninguna atención en el barco que la conduce para casarla con su tío, el rey Mark. Muy unido a estos dos motivos está el motivo del cofre mágico.

A continuación hay una serie de oleajes sonoros que preparan el clímax del preludio, concebidos como sutiles oleajes sentimentales y que a medida que avanza el preludio se hacen cada vez más rápidos e intensos hasta llegar al éxtasis cuyo símbolo es el motivo de la liberación por la muerte o delirio de amor.

Tras el éxtasis, la música se desvanece, al compás de los motivos; la música va desapareciendo, hasta sucumbir en el tema del mar desfigurado. Después del torrente de sonido y de la terrible culminación que produce un efecto armónico admirable, el esfuerzo ya es vano y  el preludio muere en esas tiernas repeticiones de alguno de los temas ya oídos como una senda de paso al mar de la bienaventuranza del amor.

A través de todos estos motivos, de una forma mágica,  la música hace el comentario más íntimo, más intrínseco de lo que sucede en el corazón y en el interior de los personajes.

A lo largo del preludio y de forma magistral se suceden la oposición de temas, de tonalidades (la menor, la mayor), de matices (piano e forte), de ritmos (notas largas y breves), de dinámica (crescendo y decrecendo). Esta pieza que utiliza todas las complejidades del lenguaje cromático, constituye el pórtico más deslumbrador y escalofriante que jamás se haya escrito para un primer acto y recorre toda la escala de los sentimientos, del paroxismo enfebrecido a la calma final.

Mucho menos deslumbradora, es la idea de hacer seguir en concierto la muerte de Isolda (La Muerte de Amor – Liebestod)  (el momento más conocido de la partitura) sin cantante, lo que priva de todo su sentido a ese crescendo ininterrumpido hacia la tonalidad de si mayor y desnaturaliza esta sublime transfiguración, última fusión del canon y de la música hasta llegar hasta el éxtasis.

Cuando Wagner estaba en Paris en enero de 1860, deseaba oír el efecto  de este preludio en la orquesta, y por ello lo juntó con el arreglo de la Muerte de Amor ( Liebestod de Isolda) que termina el drama, ahora tan familiar a los asistentes a conciertos. Esa conclusión se la envió Wagner a Matilde, como conclusión pacificadora y regalo de cumpleaños. Las palabras de Wagner explican esa  conclusión: “Es el encanto de abandonar la vida, de no ser más, de la redención postrera en ese maravilloso reino del cual nos pasamos cuando queremos entrar en él a viva fuerza. ¿Lo llamaremos la Muerte? ¿ O no será el mundo maravilloso de la Noche, de donde según dice la leyenda, brotaron una hiedra y una vid en estrecho abrazo sobre la tumba de Tristan e Isolda.”
El Acorde de Tristán

El famoso acorde Tristán, no fue realmente inventado por Wagner, ya lo habían utilizado otros compositores pero dentro de un contexto tonal determinado. Pero lo que desconcierta en Wagner, lo que nos sume en la indefinición, es que su acorde surge sin más, cuando no hay música previa que nos haya situado antes. Surge tras ese lamento que son las primeras notas del preludio. Esa es la magia inicial y que nos augura lo que va a ser una especie de desasosiego, un escenario musical sin contornos, ni direcciones, ni leyes. Y en efecto así va a ser, porque el Tristán es la primera obra esencialmente cromática, es decir lo contrario de diatónico. Para que se entienda, es diatónica la canción que interpretada al piano solo utiliza las teclas blancas o basada en relaciones de tono, con pocos semitonos (teclas negras). La música es cromática cuando se basa esencialmente en semitonos.

Desde el siglo XVII la música cromática se asocia a estados de llanto, de dolor y de las pasiones más incontroladas. Cromatismo también lo encontramos en el clasicismo y pudo llegar a ser tan revolucionario como el Tristán (en el inmortal e inconfundible comienzo del cuarteto en do mayor de las disonancias de Mozart o en el comienzo que recrea el caos de la Creación de Haydn)

Esta indefinición y caos se halla en el inmortal inicio del preludio del Tristán, un comienzo de desventura, de dolor, de funesto augurio. Según el profesor Krones, encontramos “una exclamatio” en ese La, Fa que comienza el preludio, pensado para expresiones de asombro, de queja y de dolor, seguido de un descenso cromático ya presente en Bach ( passus duriusculus) , expresivo también de dolor en la tradición barroca. Y al mismo tiempo arriba un (passus duriusculus) ascendente que se asociaba a efectos amorosos. Y el acorde en sí, el famoso acorde, es una (Catacresis), una enfermedad, que significa, uso indebido. Un acorde que es una expresión que parece ser una cosa  pero que resulta ser otra.

El preludio no es una mera invención sentimental, sino que contiene los motivos de la ópera. Es  cromático y no recoge los temas diatónicos que hay en la ópera: por ejemplo el tema que acompaña en el primer acto al héroe Tristán antes de beber el filtro: nos hallamos aquí en el mundo de la guerra, de las hazañas, de la virtud y el honor;  el trazo musical es afirmativo y diatónico. Cuando el héroe bebe el filtro que libera el amor, entonces todas las virtudes honorables, rectas, diatónicas de Tristán parecen licuarse en un magma sentimental, cromático musicalmente. Tristán pierde su rectitud y su armonía diatónica, pero es que Tristán ha fallado al Rey Mark, ha perdido ya su honor.

Este drama musical, a pesar de su larga duración, no tiene desperdicio, es imposible aquí destacar tantos momentos sublimes; pero intentemos hacer un recorrido por momentos significativos del drama.

Primer Acto

Aunque son innumerables, vamos al momento en que Tristán, ya casi al final del acto,  acepta gustoso el brebaje del olvido y antes de que pueda vaciar su copa Isolda se lo arranca de la mano. “Traidor, bebo a tu salud”. Ahora ambos creyéndose en los umbrales de la muerte ya no ocultan sus sentimientos. Es uno de los maravillosos momentos de Wagner en que el lenguaje calla, y se necesitan actores consumados y de arte delicadísimo para hacer honor a la elocuencia de la música.

Los temas del Dolor de Tristan y de la Magia o del Deseo de Isolda se funden, como al principio del preludio, cuando cae uno en brazos de otro, olvidados de la llegada del barco. Pero Brangana confiesa que  ha cambiado los filtros y en lugar del filtro de la Muerte han bebido el Filtro del Amor. El esplendor del mundo del Día ha caído sobre ellos una vez más, y entre el estruendo de las trompetas y la baraúnda del desembarco, oímos el tema de la Magia de Iseo, cuando esta es conducida medio desmayada, al encuentro del Rey.

Aquí podéis escuchar en varias versiones, ese maravilloso final del acto I en el que Isolda reclama la presencia de Tristán, para ofrecerle como venganza que beba  el Filtro de la Muerte

Especialmente impresionante es musicalmente este fragmento en que Isolda reclama la presencia de Tristan y se presenta Tristán , con el dramático y patetico motivo de héroe que comparece ante ella ( Estremecedores redobles  en los metales , las cuerdas y timbal)
Escena final del Acto 1
Final scene from Act 1 ( Una vez más la música, la orquesta de Wagner se convierte en la protagonista principal del Drama que está sucediendo entre estos dos seres humanos que han bebido el filtro equivocado. El motivo de Tristán y el motivo de Isolda, la mirada….. suenan una vez más y dan todo su sentido a lo que ocurre en escena)

Segundo Acto


Momento bellísimo es al comienzo del segundo acto en el que se plasma el contraste entre la armonía diatónica y la cromática. Momento en el que Isolda, hablando con su fiel Brangania, le dice que no escucha el sonido de las trompas lejanas, sino solo los murmullos de las hojas y del rio, lo movedizo, totalmente ajena a los sonidos de las fanfarrias. El mundo diatónico queda al otro lado y ella solo escucha la armonía de los enamorados, los sonidos de la naturaleza, el mundo cromático en su deriva amorosa. El preludio musical de este segundo acto nos da perfecta impresión de vida en toda su exuberancia, velada por las sombras del ocaso y por el sosiego de una noche estival. Añádase a esto, el efecto de las trompas de caza a los lejos, al cual se llama la atención en la situación dramática.
En este inicio del segundo acto que precede al encuentro de los amantes, sentimos el ardor y la impaciencia del encuentro y el impulso apasionado que precede al encuentro.
 
La antorcha que luce a la puerta de Isolda, lo emplea Wagner como símbolo del Día y cuya extinción por la propia Isolda ha de ser la señal de que se acerca Tristan. Isolda desoye las precauciones de Brangana. “Risueña y sin temor apago la luz aunque fuera la misma llama de mi vida.”
 
La música acompaña la expectación de Isolda que mira ansiosamente hacia la avenida, esperando la llegada de Tristan y la música acompaña a esa impaciencia.  Tristan responde a la señal y casi en las primeras palabras que se dicen  hallamos la seguridad de que es su primer encuentro desde que se separaron a bordo del buque.  Isolde amor mío!!! Tristán amor mío!!! “ Por fin!  Por fin ¡¿Soy yo? ¿Eres tú? ¿No es ilusión? ¿No es sueño? 
 
Escuchamos el preludio del Acto II y la escena de Brangana e Isolda esperando a Tristán.
 
Hörst du sie noch? Mir schwand schon fern der Klang  (¿Los oyes todavía? El rumor ya se apagó en la lejanía) Isolde amor mio !! Tristan amor mio !!
 
Y a continuacion escuchamos el apasionado encuentro de los amantes
 




El rasgo principal de este simbólico lenguaje a lo largo del segundo acto es el contraste entre el Día como mundo de la ilusión que ha dominado a Tristan y el mundo de la noche como Reino de la Verdad o del Saber que ilumina Isolda. Los eruditos han descubierto la raíz celtica de este simbolismo.
 
Tristan en su estado de engaño le parecía a ella un enemigo y en esto encontramos un ejemplo del antagonismo sexual que debe existir siempre como el opuesto necesario de la atracción del sexo. La liberación de su influencia se muestra en el segundo acto cuando los amantes pierden el sentimiento de la dualidad en el más alto estado de la unidad. Así vemos la razón de la palabras de Isolda: “De lo que te reveló como traidor, de la luz del Día, anhelaba yo huir, para traerte a la Noche. ¡Beber allí el amor eterno, consagrada a la unión contigo en la Muerte!"

Igual que la pasión desordenada que sintió Wagner por Matilde Wesendonck que le hubiera gustado convertir en real, fuera de toda convención, sin los límites de la moral, así es la música de esta obra. Una música que incurre en eso mismo, en armonías cromáticas, en una música sin restricciones ni limites convencionales.

De esta forma, para Wagner, derribar los muros de la forma clásica era lo más parecido a derribar los muros de la moral germana; En ambas situaciones el héroe transcurre en una deriva sin límites. Estamos en el filo de la relatividad moral y de la relatividad tonal. Por eso Tristán e Isolda es el pórtico de lo que se llama la era de la tonalidad expandida; un camino de disolución tonal que conduciría hasta Schoenberg y Alban Berg. Como señala Eugenio Trías, esta nueva sintaxis conduce a un nuevo tipo de héroe y heroína. Tristán e Isolda dejan atrás a la modesta y moral Leonora y dan lugar a Lulú, a Marie y Wozzeck , en los que la música hipercromatica y antitonal transitan por las zonas más sombrías de alma.

Quizá no fue Matilde Wesendonk quien inspirara el Tristán a  Wagner, es posible que fuera al revés, el Tristán le inspiró esa pasión desaforada por ella; fue la historia interior de Wagner, su cromatismo moral, lo que le llevó al famoso intento de adulterio. Wagner  crea un concepto de amor incontrolado provocado por un filtro mágico, del que nadie es responsable, como un huracán al que nadie ha llamado que se apodera de su vida destruyendola y que va asociado a ese filtro de la muerte.

Dúo de amor del acto II

Es uno de los momentos de más bellos efectos de todo el drama. Tristán cae de rodillas delante de Isolda y apoya su cabeza en su brazo. El tema de la Noche se oye en los labios de Tristán cuando une su voz a la de Isolda en este primer gran dúo: la Invocación a la Noche: O sink hernieder, / Nacht der Liebe (¡Oh, desciende sobre nosotros, /noche de amor!) “Oh, ¡Cae sobre mí Noche de Amor! Hazme olvidar que vivo todavía! ¡Apartame de este mundo en tu abrazo! ¡Oh libertame!

Isolda profiere: “En lo hondo de nuestros corazones se ha ocultado el sol, y altas sonríen las estrellas de la dicha.”


El dúo de la ópera cita y va elaborando los motivos conductores del preludio como material musical básico y con ellos recorre, en metáforas musicales,  los estadios del acto sexual mismo: el arrebatador y anhelado encuentro, el orgasmo, la plenitud que lo sigue.
 
Esta gran escena del segundo acto, destaca y se aparta de modo señaladísimo, todo lo que se presentaba en los teatros corrientes de la época como dúos de amor. En la mente de todo espectador receptivo queda grabada la idea, de que esa escena implica más allá de un dúo de amor operístico, un proceso dramático: la realización de la renuncia a la vida por Tristan en el corazón de Iseo.
 
Cuando los amantes se dejan caer en un banco de flores, absortos en su visión del supremo deseo del alma, del eterno dormir sin sueños, se oye la voz de Brangana desde su torre previniéndoles que la Noche pronto partirá. Luego oímos el tema del Anhelo de la muerte. Va asociado con el deseo de estar unidos en la Muerte. “¡Muera yo! ¡Ceda el Día su puesto a la  Muerte!”  Porque ahora comprende que la Muerte que destruirá su cuerpo, no puede afectar a su amor."
 
Isolda, viendo que Tristan está resuelto a morir, lo lleva un paso más allá. Tristan ha sentido su unificación con el Alma del Mundo y necesita entender el misterio de su propia transformación como algo más alto que su ser presente, mediante esta mística Muerte por Amor. Isolda pregunta: “¿Pero nuestro amor, no tiene por nombre Tristan e Isolda?” Si Tristan fuera solo a la Muerte ese lazo se perturbaría.  Así nace la segunda verdad en Tristan: más allá de la puerta de la Muerte, no pueden existir como seres separados, sino que han de resolverse en ese ser único de que son aspectos opuestos. Entonces llegamos al punto del Canto de Muerte que acompaña a las palabras de Tristan y al cual no tarda en unirse Isolda : “ entonces moriríamos juntos, siempre uno solo por toda la eternidad, sin despertar, sin arrepentimiento, sin nombre, en los brazos del amor, cada cual entregado al otro, para vivir solo por el amor.”
 
El tercero y último punto, tras las nuevas advertencias de Brangana, es el punto culminante de la escena, cuando las voces de ambos se mezclan una vez más en el maravilloso himno a ese misterioso estado en que tanto anhelan entrar. Oh noche perdurable y anhelada,  como asirla, como dejarla.”  Sucesivamente se dicen uno a otro: “Tu Isolda, yo Tristan. No más Tristan e Isolda.” La música y las palabras se elevan a la más suprema altura de exaltación, con las palabras: “ Alma sin fin, completa y única.”
 
Esta idea de que el universo y el individuo son uno solo en esencia, tiene su origen en la filosofía oriental y de una u otra forma está en los místicos de todos los tiempos. Se ha asegurado que Wagner la tomó de Schopenhauer; pero en verdad ocurre que tenían en común estas y otras ideas.
 
Escuchamos la magnífica escena del Dúo (Desciende noche de amor; Amado mío, déjame morir; ¿Mas nuestro amor no se llama Tristán e Isolda?; Así moriríamos juntos).
 

 

Despues de esta noche de amor , se oye súbitamente el grito de Brangana y Kurwenal se precipita con la espada desnuda exclamando: huye Tristan! Suena el tema de las trompas de caza cuando Mark y el traidor Melot y el resto de los cazadores sorprenden a los amantes. Despunta la mañana cuando expiran los ecos del gran canto de la noche y ceden su puesto al tema del día, cuando Tristán exclama ¡estéril día por última vez! El bueno y noble Rey, expresa su honda pena por un tema descendente que se parece al tema del Dolor de Tristan. Está anonadado  de pesadumbre al ver la deslealtad de su amigo amado, pero no hay en sus palabras, una sola de agravio para los amantes. Lo que se recalca es la patética imposibilidad del Rey Marke para entender, la oculta, terrible, negra y misteriosa causa de todo. Toda la escena está rodeada de un hondo y terrible patetismo musical.
Tristan comprende el abismo que se ha abierto entre él  y su Rey pero no puede explicar ni evitar  nada.

En el final del acto, el traidor Melot hiere de muerte a Tristan. Tristan sabe que Isolda le seguirá a través de las puertas de la muerte y Wagner ha buscado el único medio posible de libertarle de su desgracia y deshonor. Tristan ha recibido una herida más grave que la que le infligió en su día Morold. En el último acto se verá como Isolda tiene que permanecer aun en el mundo del día, mientras Tristan atraviesa un periodo de padecimientos y expiación.

Acto tercero

Preludio Acto III.

La música nos da al instante la impresión del grave peso del dolor y del insaciable anhelar que tortura y oprime el espíritu de Tristán. Tristán sigue más que nunca atrapado en el odioso Día: “ Una vez más, me veo obligado a huir de la Noche, a buscar todavía , a ver, a encontrar a aquella en quien solamente se puede Tristán para siempre.” Breve, demoledor y desgarrado preludio, se descubre, en esas primeras notas el sentimiento de la desesperación causada por la fatalidad, al que sucede, en la subida en terceras y cuartas aumentadas, la imagen de la soledad, de lo infinito del Océano; un nuevo dibujo expresa el estado de desamparo y aislamiento en que se encuentra Tristán. El conjunto de ese preludio, de profunda melancolía, predispone maravillosamente el espíritu al desenlace del drama y al levantarse el telón se sienten los melancólicos acentos de un pastor invisible que toca la gaita.

Escena 3 del Acto III y Muerte de amor ( Liebestod)

El pastor anuncia a Kurwenal la llegada de otro navío. A bordo vienen Marke y los suyos. La música pinta la tragedia final.  Aparece Melot y Kurwenal le atraviesa con su espada. Después se enfrenta a los soldados del rey  encontrando la muerte. Entran Brangane y Marke. El rey, quien confiesa haber viajado hasta allí con la única intención de perdonar a los amantes es devorado por la amargura al ver el cuerpo sin vida de su querido Tristán y lamenta la tragedia desencadenada.

Pero Isolde va a abandonar este mundo  y con mirada extática y sublime  junto al cuerpo inerme de Tristán, Isolda empieza a balbucir a los acordes del Canto de la Muerte, la revelación de su próxima unión con Tristán con su hermoso lamento "Mild und leise" ("Suave y dulcemente".) Es la Muerte de Amor, el Liebestod.

En la transfigurada Isolda se personifica el poder de redención que traerá paz y reposo al seno del Supraespiritu.  Cada vez más alto en poder y en grandeza, el tema del Nirvana estalla por fin como un grito de victoria con las magníficas palabras finales:

 “¿Yo sola oigo esa melodía, tan admirable y misteriosa, deliciosamente lastimera, que todo lo dice, dulcemente consoladora, que partiendo de él me arrebata consigo y me penetra, y hace resonar en torno mío sus ecos graciosos? ¿Esos más claros sonidos, que corren a mis oídos, son las ondas de brisas suaves? ¿Son olas de vapores exquisitos? ¡Cómo se hinchan y susurran en torno mío! ¿Debo respirar? ¿Debo escuchar? ¿He de sorber, he de zambullirme, anegarme en esos vapores? En las grandes olas del mar de delicias, en la sonora armonía de ondas de perfumes, en el aliento infinito del alma universal, perderse... abismarse...inconsciente... ¡supremo deleite!”

Cuando el gran tema expira gradualmente en etéreos sones de arpa y se resuelve al fin la última nota del tema de la magia, cae ella sin vida sobre el cadáver de Tristán y la Tragedia del Alma se realiza una vez más. Es un final, no de inefable tristeza  sino más bien vemos al Alma purificada y libertada de las cadenas del cuerpo.
 
Escuchamos algunos fragmentos del acto tercero.

Pocas veces música y letra  ha expresado con tanto genio la parte más interior de los sentimientos, emociones y reflexiones y ha ilustrado un poema dramático de esta forma.

Aunque el drama de Tristan estaba destinado a llenar las exigencias de la convencional rutina operística , se constata en la obra la sinceridad y seriedad de su autor al no haber hecho concesión ninguna al gusto del público en el mismo drama. Es una tragedia desde el principio al fin, sin otra cosa que la supraterrenal belleza de la maravillosa música para acompañar la tensión del animo del oyente.

Parsifal

Fuentes: - ArchivoWagner.com. http://www.archivowagner.com/199-indice-de-autores/c/chamberlain-houston-stewart-1855-1927/el-drama-wagneriano/571-parsifal
-Lohengrin y Parsifal. Descripción e interpretación con arreglo a los escritos de Wagner.  Alice Leighton Cleather y Basil Crump.

Los antecedentes

La última obra de Wagner fue de larga gestación. En 1845 entra en contacto con las leyendas del Santo Grial y elabora sobre ellas el primer boceto en 1857. El libreto definitivo lo termina en 1877, pero no es hasta el 26 de julio de 1882 que se produce su estreno durante el segundo festival de Bayreuth.

Orígenes del Poema

El célebre poema épico Parsifal, de Wolfram de Eschenbach, puede decirse que fue útil a Wagner especialmente para ahorrarle el tener que dar extensas explicaciones sobre la leyenda, suponiendo que su auditorio ya conocía sus líneas generales y su carácter principal. Hemos visto que lo mismo hizo en Tristán e Isolda, pero aquí el caso es aún más digno de mención porque apenas existe ninguna conexión entre el drama de Wagner y la leyenda de donde lo extrajo.

Lo que distingue a primera vista el drama de Wagner del poema épico de Wolfram de Eschenbach, es que el Santo Grial constituye el punto central del drama; el Grial y todo lo que le rodea, es decir, el rey, víctima de torturas físicas y morales, y los caballeros, apenados por la desesperación.

Siguiendo el Parzival de Wolfram von Eschenbach, Wagner, en su Parsifal, ha situado el Castillo del Grial en las vertientes septentrionales de la España gótica, en tanto que en la parte meridional, en la España mora, está el Castillo de Perdición erigido por el mago Klingsor para atraer la ruina de los caballeros del Grial. Estos caballeros viven en el Castillo como guardianes selectos del Vaso, unidos por los sagrados vínculos del Amor Fraternal, y consagrados a llevar Auxilio y Verdad a sus semejantes.

Wagner le dijo a Liszt que Die Sieger (Los vencedores) precursor de Parsifal solo podía ser comprensible después de digerir el Tristán, especialmente el tercer acto. Esto unido a que al principio había pensado introducir la  figura de Parsifal (como el Caballero de la gran negra armadura) en ese mismo acto tercer acto, nos da un indicio del propósito del maestro.
Parsifal ha nacido junto a Tristán. En un primer esbozo, Parsifal se aparecía a Tristán en su lecho de muerte, para consolarlo. Quizá, quería oponer Wagner al héroe apasionado que muere de amor, el santo que está liberado de la pasión y que vive para la piedad. Tristán confunde el amor de la mujer con el amor absoluto. La Tetralogía de los Nibelungos se termina en la nada. Parsifal ofrece una solución menos negativa pero un tanto vaga: el héroe que ha aspirado al reposo, encuentra el refugio supremo en el gran todo.

Significado del drama. La Redención por la compasión

Wagner ha pasado épocas de decidido anticristianismo. Aunque los últimos años de Wagner sean pródigos en manifestaciones de comprensión hacia el cristianismo, no compartimos la opinión de ver en Parsifal una música de conversión, pero si puede adivinarse la culminación de un sentir antiguo en Wagner: la obra de arte es la representación viviente de la religión.

La evolución en Wagner demuestra la aparición de Parsifal como algo muy wagneriano, y no como rectificación. Para el Wagner de Parsifal, el panteísmo y el cristianismo no deben excluirse, pues son dos formas de un principio único; el uno insiste sobre la omnipresencia de Dios, y el otro sobre su amor infinito. El primero hace resaltar la acción divina en la naturaleza; el segundo, en el alma del hombre. Parsifal es un panteísta, siente con intensidad el lazo que le une a las hierbas, a las flores, a las praderas: llora sobre la herida de un cisne. La compasión por todo sufrimiento le libera de su yo, hasta no dejar ningún resquicio al egoísmo.

Queda claro a la vista de lo dicho, la inutilidad de cristianizar a Wagner, como por ejemplo hizo de forma furibunda Nietzsche, que odiaba esta ópera y al Wagner que la concibió. Debe insistirse que la idea de la redención es universal y no solamente cristiana.

Lo que incomoda a Nietzsche, como señala Eugenio Sánchez,  en su ensayo:  http://adamar.org/ivepoca/node/873http://adamar.org/ivepoca/node/873,  es que Wagner utilice su música para hacer apología del ascetismo, de la renuncia al mundo sensible. Parsifal, más que héroe, es para Nietzsche, un tarado o un autista.

La ópera que Nietzsche contrapone al Parsifal de Wagner es Carmen del músico francés Georges Bizet. Frente al rigor moral y la apariencia sacerdotal (idiota castrado) de Parsifal, el personaje de Carmen está asociado a la serpiente del paraíso, al diablo, al mundo carnal, al hechizo de la seducción, a la libertad, a la hiperactividad sexual. Este arquetipo satánico es para Nietzsche un modelo de reivindicación del mundo sensible frente al supraterrenal. La esencia del mundo, piensa Nietzsche, es dionisiaca y, por tanto, caótica, caprichosa, amoral e indomable.

La idea de redención en Wagner y en Parsifal.

En su autobiografía, Wagner explica la experiencia que le inspiró los esbozos preliminares de "Parsifal":

"El Viernes Santo (1.857 en Zúrich) me desperté ante un sol resplandeciente: el jardín florecía, los pájaros cantaban, y al fin, podía sentarme en la baranda de la pequeña casa para disfrutar de la propicia tranquilidad que tanto había deseado. Inspirado por esta tranquilidad, de repente me acordé de que era Viernes Santo y recordé que la importancia de este recuerdo ya se me había ocurrido antes del "Pársifal" en Wolfram. No me había ocupado de ese poema desde que estuve en Mariembad (1.845) cuando ideé "Los Maestros Cantores" y "Lohengrin". Ahora su forma ideal se apoderó de mí por completo, y partiendo de mis pensamientos sobre el Viernes Santo rápidamente concebí todo el drama en 3 actos, y compuse un boceto de la idea".

Así como "El Holandés Errante" evolucionó a partir de la idea de la Balada de Senta, y la obra de "Tristán e Isolda" creció a partir de un único compás que simbolizaba el proceso misterioso, de la misma manera se formó el proceso creativo en "Parsifal", inspirado por las más profundas facetas de la obra: la idea de la redención del mundo a través de la compasión, representada por el poder del misterio cristiano de la salvación.

Su idea del poder de redención del amor puro de una mujer, tal como se ve en Santa y Elisabeth, quedó enriquecido y profundizado por la ideología cristiana, y al final de su vida, se transformó en la idea de "redención del mundo por la compasión", revelada a él en su refugio de Zurich en aquella mañana de Viernes Santo. Todo ello aparece bajo forma musical en el Acto III de Parsifal en la mañana de Viernes Santo, sección con la que empezaban sus bocetos.

El drama Parsifal viene a ser el drama del pecado y del dolor del mundo, de su causa, y de su curación.
Desde su comienzo, la acción aparece resumida en una sola frase: "por la compasión, un necio se convertirá en sapiente y realizará la obra de la redención." Esta frase indica, además con gran precisión el contenido de cada uno de los tres actos: en el primero, en el alma del necio nace la compasión; en el segundo, por la compasión se hace sapiente; y en el tercero, el héroe, sapiente por la compasión, se convierte en redentor.

El personaje de Parsifal en el drama de Wagner

Parsifal es un héroe que está solo; no hay figura femenina a su altura, ni cerca de ella. Porque en él la cabeza y el corazón, Inteligencia e Intuición, están unidos, como deben estarlo necesariamente en quien ha alcanzado el poder de redimir.
El carácter del héroe de este drama es el de un joven sencillo e inmaculado que pasa incólume por todas las tentaciones, y aprende la causa del dolor del Mundo por medio de la Simpatía o Compasión, que es el más alto aspecto de la voluntad. Esta se convierte después en el poder de redimir y su arma es la sagrada Lanza, que no debe separarse nunca del Grial; porque la Voluntad, necesita la sabiduría para que la refrene y la guie.

Significado musical del drama

La doble influencia del panteísmo y de residuos cristianos explica, respectivamente, que la pintura orquestal del paisaje tenga una atmosfera especial de emoción y que los acentos amorosos sean menos morbosos. Parsifal, hasta cierto punto, es el canto de cisne de la música romántica, y, de alguna manera, ha hecho sentir su influencia entre los intentos de renovación de la música religiosa: hay un doble y paralelo influjo de Parsifal y del Martirio de San Sebastián que inician de alguna forma la técnica de los músicos eclesiásticos.

Wagner no denominó a su Parsifal ópera ni drama musical, sino “Festival escénico sacro”. El ansia de claridad, de ir a la esencia de las cosas, afecta también a la música. En Parsifal coexisten largos pasajes sin complicaciones armónicas junto a pasajes de enorme ambigüedad tonal. La superposición de diatonismo y cromatismo, tan querida a Wagner (está ya presente en la dualidad amor puro-amor sensual, Elisabeth-Venus, del Tannhäuser, junto con las esferas tonales), es más equívoca que en Tristán e Isolda o Los maestros cantores de Núremberg.
El mundo sacro y ritual del Grial es diatónico, mientras que el reino espiritualmente decadente del hechicero Klingsor es cromático (en los compases finales del segundo acto la música ejemplifica genialmente la caída.)
En el drama toma Wagner presenta  una serie de cuadros palpitantes de vida musical y dramática. La concepción entera de la obra, está caracterizada por una sencillez y una belleza, y al propio tiempo por una grandeza inmensa y una solemnidad casi imposibles de describir.

Argumento y análisis musical del Drama

El Preludio

La  maravillosa música del Preludio es descrita por Wagner como expresiva de la gran trinidad: Amor – Fe – Esperanza.  En ella oímos la suave voz de la Compasión amorosa, el fuerte himno de la Fe, el grito de agonía del pecador aterrado y la Esperanza de la redención.

El preludio comienza con el tema del Ágape del amor (Liebesmahl), del cual se emplean fragmentos separadamente. El segundo tema es del Santo Grial, que es el conocido Amen de Dresde. El tercero es el tema de la Fe, ejecutado primero por las trompetas, como imponente. Éste se desarrolla luego en un coral, después se repite el tema del Ágape del Amor, y una y otra vez se oyen separadamente los temas del Sufrimiento y de la Lanza. Las dos primeras notas del tema del Sufrimiento se emplean también como grito de Dolor.

En la representación en el Teatro de Bayreuth, se produce al comenzar una impresión profundísima gracias a la música que llega desde el oscurecido auditorio, desde las profundidades de la orquesta oculta, el abismo místico,  como lo llamaba Wagner, porque según decía, separa la realidad de la idealidad.
Es imposible describir la impresión de solemnidad misteriosa, pero también de dolor, que exhala esta página sinfónica, que sigue siendo, sin discusión una de la más bellas del universo wagneriano.

Wagner - Parsifal Act I Prelude_1
Wagner - Parsifal Act I Prelude_2 

Acto I

El Acto comienza con una tranquila escena silvestre en el territorio del Grial en la que Gurnemanz, narrador del drama, va introduciéndonos en el mismo  y en sus personajes.  Gurnemanz representa la inteligencia y la devoción fiel;  es el viejo armero del herido Rey Amfortas por cuya mediación, llegará Parsifal al templo del Grial.

Gurnemanz nos explica como  Amfortas  se precipitó con la Lanza para vencer a Klingsor, pero cayó presa de Kundry, hechizada y transformada por Klingsor, cuya belleza lo embrujó. Amfortas seducido por  Kundry, perdió la Lanza sagrada  a manos de Klingsor. A pesar de la lucha, en el costado de Amfortas  ya ardía una herida que es la herida que no se cierra y que no se cura.

En el personaje clave de Kundry, ha mezclado Wagner tres personajes: la Prakriti (en sanscrito Naturaleza). La Gundryggia, la extraña criada mensajera de los héroes de Asgard, y finalmente la Herodías del Nuevo Testamento, que se burló de Cristo en la Cruz. En este personaje se reconoce la fuerza proteica de la Naturaleza, que lo mismo puede ser empleada para el bien que para el mal por la Voluntad del hombre. Kundry, cuando está despierta es la humilde servidora del Grial, pero en el sueño hipnótico que le impone el mago Klingsor, es empleada al servicio del mal.

Musicalmente tres son los temas relacionados con ella. El primero es  una música salvaje y precipitada: el tema del galope, que se emplea también más tarde para describir las aventuras y luchas de Parsifal.  Anuncia la proximidad de Kundry, la extraña mujer, que ha llegado montada en su jaca mágica, con un bálsamo de Arabia para curar a Amfortas.
El segundo es una extraordinaria figura descendente, es una expresión gráfica de la alocada risa con que está maldita. El tercero denota su deseo de servir, y aquí acompaña a la oferta del bálsamo que hace a Gurnemanz.

Comienzo Act I y entrada de Kundry al galope. Ofrecimiento del Balsamo (Hier! Nimm du! Balsam...)

Entrada de Kundry

Acerca del personaje de Klingsor, relata Gurnemanz a los escuderos como el Rey Titurel, padre de Rey Amfortas, construyó el Santuario y fundó la orden de los caballeros. Solo los puros de corazón eran admitidos y recibían el apoyo del Grial. Klingsor, trató con ahínco de entrar, pero Titurel leyó el mal en su corazón y lo rechazó. Impotente para matar el mal en su alma, puso una mano culpable sobre su cuerpo, y luego la extendió hacia el Grial. El guardián  de éste lo rechazó. Kingsor se enfureció y su furor le reveló que su infame acción podría darle consejo en el uso de la magia maligna. Transformó el desierto en un jardín de deleites, donde florecen mujeres de belleza diabólica, y allá atrae a los caballeros del Grial, a pecaminosos goces y a las penas del infierno.

Más tarde fue el propio Rey Amfortas quien continuó la labor Titurel, en el empeño de poner fin al azote mágico. Y ya conocemos el final: la Lanza está todavía en manos de Klingsor que también codicia el Grial.
Después de su caída, Amfortas postrado ante el saqueado santuario en oración ferviente, suplicó una prueba de redención; a lo cual flotó un fulgor sagrado del Grial, y apareció brillante la visión de uno que pronunció lo que son las palabras claves de este Drama:
“Sabiendo, gracias a la compasión, el simple inmaculado espera a mi elegido.”

En ese momento del drama, el tema de ser simple y puro, alcanza aquí su forma completa.

Escuchamos, el relato de Gurnemanz sobre la caída de Amfortas; sobre Titurel y Klingsor y el tema de la profecía del simple y puro

Caida de Amfortas - Titurel y Klingsor - Tema de la profecia
Relato sobre Titurel y Klingsor - Tema de la profecia

Enseguida sucede la escena de un cisne herido que aletea desde el lago, y un joven mozo, armado con arco y flechas, es arrastrado a escena por varios caballeros.
Todos reprochan cruelmente al intruso por la crueldad de su acción. Gurnemanz le muestra al cisne completamente herido de muerte, lo que hace penetrar en el mozo un sentimiento (pero no en su inteligencia). Y así el joven rompe el arco y arroja las flechas y oímos el tema de la Compasión.

Esta primera lección de compasión, procedente del mundo animal, está evidentemente tomada del conocido incidente de la vida de Buda, cuando Devadatta, su primo, derriba un cisne y Buda enseña la compasión. La inclusión del mundo animal (virtualmente de toda la naturaleza) es el plan de la redención que es peculiar de la doctrina de Buda y que resulta recalcado por Wagner en el drama.

Gurnemanz interroga al joven mozo sobre sus orígenes y procedencia, pero el joven nada puede contestar porque nada sabe. Solo la misteriosa Kundry sabe cosas acerca de ese joven;  tales son el nombre de su madre, Herzelaide y que vivía con ella en el bosque  protegido de todo mal, pues habiendo perdido a su padre Gamuret, su madre lo apartó de todos los peligros.

Muerte del cisne - Entrada de Parsifal y ante Gurnemanz

Ante la simpleza del joven Gurnemanz intuye  que el muchacho podría ser el prometido Libertador y decide llevarlo al templo a presenciar la ceremonia del Grial.

Es entonces la tercera gran escena del Acto. Suena el rítmico tema de las Campanas de Monsalvat en la orquesta, y la escena empieza a moverse en tanto que Parsifal y Gurnemanz parecen andar. Es una de las escenas más grandiosas de este drama y uno de los momentos más bellos y expresivos de la música de Wagner. Veamos como sentía Wagner la escena:

“El desarrollo de la escena movible por más que se realice artísticamente, no fue ni mucho menos discurrido solo para conseguir un efecto escenográfico; sino que bajo la influencia de la música que lo acompaña, habíamos de vernos, como en un estado de extático ensueño, por los caminos que conducen al Castillo del Grial.”

La estremecedora música va adquiriendo más y más complejidad a medida que se acercan los dos al santuario, hasta que culmina en el desgarrador Lamento Divino por el pecado humano, representado por el herido Amfortas, que acompañado de sus caballeros, se disponen a celebrar el Ágape del Amor. Con angustiosa desesperación, descrita por una dolorosa música, el Amfortas solo suplica morir, pues él se sabe impuro pecador e incapaz ya de celebrar el rito del Grial. Pero con supremos esfuerzos obedece Amfortas su destino y se inclina sobre la antigua copa para llevar a cabo su doloroso cometido. Los coros entonan el tema del Ágape del Amor y la ceremonia se celebra. Los caballeros se retiran del templo en actitud de recogimiento.

escena movible de Gurnemanz y Parsifal hacia el Templo - Los Caballeros en templo y coros

escena movible de Gurnemanz y Parsifal hacia el Templo - Los Caballeros en templo y coros

Un fragmento sobre el dolor de Amfortas en el Agape del amor

El joven mozo, nada comprende de lo que allí ha presenciado y Gurnemanz, lo empuja fuera del templo. Solo una voz angélica desde lo alto de la cúpula repite la Divina Promesa, conmoviendo los corazones de manera difícil de resistir.
El mozo ha recibido su segunda lección de compasión, esta vez de un semejante suyo. En el Acto II, veremos cómo combate y vence a las potencias del mal, penetrando ya la compasión en su inteligencia.

Acto II

Se desarrolla en el Castillo de Klingsor, que va a utilizar a la hechizada  Kundry y el jardín de las doncellas tentadoras para seducir y vencer al joven simple y puro. 
El preludio de este acto, está compuesto por un siniestro y terrible desarrollo del tema de Klingsor que celebra la llegada del Simple. La desdichada Kundry se alza en su forma astral, en una neblina y profiere un penetrante grito de dolor y de susto, y pide el sueño o la muerte antes de verse  forzada a tan diabólica obra. Musicalmente estremecedor, este momento musical de Kundry, con sus aullidos y lamentos, en una música siniestra, y llena de disonancias (¿presagios del antitonalismo de la escuela de Viena?)

Pero Kundry, la “Innominada, eterna Diablesa, Rosa del Infierno, Herodías”, como la llama Klingsor debe obedecer a su amo.

Preludio del Acto II en el Castillo de Klingsor
Oimos el Preludio y a Klingsor y los lamentos de Kundry
Preludio y Escena de Kundry y Klingsor

Aparece ahora el mágico jardín en que una infinidad de doncellas corren en torno. Se trasmutan en flores  y se apiñan en torno a Parsifal, buscando ávidamente su amor y sus caricias.  Suena el bello y exótico  tema de la Seducción, pero el Simple y Puro solo muestra su asombro e inocencia. (Wagner ha hecho aquí un trasunto de la escena de tentación de Buda por las danzarinas y bailarinas nocturnos,  según se describe en The Light of Asia.)

Las Flores doncellas intentan seducir a Parsifal - Hier was das Tosen! Hier, hier!
Las Flores doncellas intentan seducir a Parsifal - Hier was das Tosen! Hier, hier!

Cuando el mozo se cansa de la atenciones de las doncellas-flores, y se dispone a huir, la voz de Kundry, transformada en una mujer de extraordinaria belleza reclinada en un lecho de flores que exclama: “¡Parsifal ¡Detente! Parsifal se detiene y recuerda que así lo llamaba su madre. Kundry intentará seducir a Parsifal, invocando el recuerdo de su madre. Escena de extremada ambigüedad y sensualidad, digna de análisis Freudiano.

Parsifal, acaba besando a Kundry pero  en lugar de caer bajo el hechizo de sus encantos, como Amfortas, se estremece de horror, y se lleva la mano al corazón exclamando: ¡Amfortas! ¡La herida! ¡Me abrasa el corazón! Parsifal acaba de ver y sentir toda la tragedia de la caída del Rey. Comprende no solo la agonía del Amfortas sino también el Lamento del Redentor por su profanado santuario.

Kundry intentará retenerlo una y otra vez, pero la Compasión ya ha penetrado la conciencia de Parsifal y nada puede detenerlo en su misión redentora de alma de Amfortas (que simboliza el alma del mundo ahora teñida por el pecado.) El acto termina con el momento en que Klingsor arroja la Lanza sagrada contra Parsifal, pero la Lanza se detiene sobre Parsifal que la empuña y hace con ella el signo de la cruz, diciendo, con acompañamiento del tema del Grial: “ Con este signo , exorcizo tu magia y confió en que esta lanza cierre la herida que con ella infligiste." El Castillo de Perdición se derrumba y el magnífico jardín vuelve a ser un desierto, mientras Kundry se desploma con terrible grito.

Escena de Seduccion de Kundry y desenlace
Escena de seduccion ( Ich sah das Kind an seiner Mutter brust)
En el beso de Kundry Parsifal entiende el dolor de Amfortas y desenlace fin Ac II

Antes de volver a hallar Parsifal a Kundry en el territorio del Grial en el Acto III, ha de viajar largo tiempo en busca de Amfortas, guardando la Lanza y  alcanzando gradualmente la plena estatura de su virilidad espiritual.

El tono musical de este segundo acto es siniestro, sensual y nocturno, decididamente cromático por oposición a la seriedad, solemnidad y diatonismo del primer acto.

Acto III

Se desarrolla en él, el regreso de Parsifal al territorio del Grial y su encuentro con Gurnemanz y Kundry. Después en el templo, terminará el drama con la redención que trae Parsifal.

Desde que Parsifal dejó las ruinas del Castillo de Perdición para emprender su larga y fatigosa misión, el estado de la Hermandad del Grial ha ido empeorando cada vez más. Amfortas se ha negado a descubrir nuevamente el Grial y los Caballeros están privados de su milagroso sostén. Todo este  estado de cosas se deja sentir en el tema inicial del Preludio (tema del Dolor). Las andanzas de Parsifal están representadas por el tema del Error. Luego se desarrolla el tema del Grial hasta una intensidad culminante, para perderse súbitamente en la los lamentos de Kundry con los que se inicia el acto III.

Prelude Act III
Parsifal Act III Prelude

Comienza la escena con  Gurnemanz que  encuentra a Kundry gimiendo. Suena entonces el tema de la magia maligna y descubre a Kundry, rigida y exánime. Gurnemanz le grita -¡Despierta a la primavera!- El largo desmayo y su despertar en primavera son típicos de ella, como símbolo de la Naturaleza. A Gurnemanz, Kundry le responde solamente -¡Servicio, servicio! (vuelve a ser la servidora del Grial)

Un desconocido se acerca y se sienta en una loma con aspecto de intensa fatiga. La orquesta anuncia a Parsifal con el tema del Héroe. A petición de Gurnemanz, deja las armas en honor del sagrado Viernes Santo y se arrodilla. Gurnemanz emocionado reconoce a Parsifal y la Sagrada Lanza recobrada. También Kundry lo reconoce. Al levantarse, Parsifal saluda al anciano Gurnemanz con la mayor ternura y oímos el tema del Error, cuando relata sus andanzas. “Por sendas de error y de padecimiento he venido. ¿He de considerar que mi vagar a terminado y que mi lucha toca a su término, o ….he de seguir vagando."

Los temas del Ser simple y puro y de la Lanza, en conflicto con los de Kingsor oídos en el preludio vuelven a aparecer cuando Parsifal relata cómo guardó la Lanza. El hermoso tema del Poder del Grial se oye cuando Gurnemanz, con honda alegría y emoción, exclama: Oh maravilla! Estas tu aquí, este es el territorio del Grial, y sus caballeros te aguardan. Gurnemanz, le cuenta el lamentable estado de la Hermandad y como Amfortas está esperando poner término a esa tortura con la muerte; los Caballeros, vagan en torno y ya no son llamados a noble servicio, en tanto que Titurel, del Grial, ha muerto.

Se desarrolla a continuación la escena en que Kundry lava y unge los pies de Parsifal y es bautizado como Rey por Amfortas: “así bendigo yo tu cabeza y te saludo como mi Rey. ¡Oh tu ser compasivo, padecedor, iluminado Libertador (Tema del ser simple y puro), así como tú has sobrellevado los padecimientos del redimido, quítale ahora de la cabeza la última carga!” Luego Parsifal bautiza a Kundry que redimida inclina su cabeza al suelo y por primera vez llora.

Parsifal mira con calma el sonriente paisaje, y contempla como la naturaleza es pura, dulce y tierna. Es el encanto del Viernes Santo, Señor, - dice Gurnemanz – La Naturaleza rescatada ha ganado esta mañana su día de inocencia.”  Asistimos al bello   fragmento de este acto III, que se le viene llamando “Los Encantos del Viernes Santo”. Un instante de una maravillosa serenidad y de una rara elevación espiritual y poética que logra, en concierto, conservar su incomparable poder de evocación, sobre todo cuando el oboe despliega su inefable melodía.

Escena del Bautismo - Los encantos del Viernes Santo
Los encantos del Viernes Santo

Se oye después el tema de las campanas y del sepelio de Titurel.
Parsifal, Gurnemanz y Kundry se encaminan al Templo La escena se mueve como en el primer acto y la música y que acompaña al cambio toma la forma de una marcha fúnebre tremendamente emotiva. Desde este momento hasta el final del drama, la obra adquiere una belleza arrolladora

Ya en el templo, los Caballeros llaman a Amfortas para que  recuerde por última vez su oficio. Se oyen los dramáticos coros de los caballeros, en tono de marcha fúnebre.

Mittag ( mediodia ) el sepelio de Titurel en marcha funebre


Amfortas replica fatigosamente que más gustoso aceptaría la muerte con una música llena de dolor y lamentación. La angustia de la música va in crescendo, cuando los caballeros se agrupan en torno a Amfortas, ordenándole en nombre de Titurel, que descubra el Grial. Amfortas se lanza contra ellos en un paroxismo de desesperación, y mostrándoles la sangrienta herida, les pide que maten al torturado pecador, y entonces el Grial lucirá por sí mismo. Parsifal y Gurnemanz han entrado sin ser vistos seguidos de Kundry.

Parsifal toca la herida con la punta de la Lanza, diciendo: “Solo un arma puede servir. Solo la Lanza que causó la herida puede cerrarla.” El semblante de Amfortas se ilumina de intenso entusiasmo pues está sanado.  Parsifal será ahora el encargado de desempeñar el oficio. “Bendito sea tu sufrimiento, que dio el más alto poder de compasión y la fuerza del más puro saber al Simple tímido.”

La copa empieza gradualmente a lucir con suave fulgor hasta su máximo esplendor, en tanto que los coros celestiales y los Caballeros se unen en un grandioso himno de júbilo y asombro, mientras Parsifal eleva la copa. Kundry, con los ojos fijos clavados sobre su redentor, cae sin vida sus pies. Ha muerto el deseo, y los más bajos, engañosos e ilusorios poderes de la Naturaleza.

Amfortas no quiere oficiar,  solo desea la muerte - La redencion de Parsifal y Final
Cortejo de Titurel- El Dolor de Amfortas - La Redencion de Parsifal ( Final )

No se pintó jamás una figura más grande que la de Parsifal erguido, como encarnación del amor compasivo, ante la Hermandad que lo adora.