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sábado, 11 de octubre de 2014

Wagner: La Tetralogía o el Anillo del Nibelungo I . El Oro del Rin. La Valquiria

La Tetralogía. El Anillo Del Nibelungo.
-Introduccion
-Significado e interpretacion del Anillo del Nibelungo
-Simbiosis entre música y poesía en la Tetralogia





El Oro del Rin
-Los personajes del Oro del Rin y su significado
-Valoración Musical del Oro del Rin
-Argumento y analisis del Oro del Rin

La Valquiria
-Su significado de la Valquiria
-Valoración musical de la Valquiria
-Argumento y analisis musical 



La Tetralogía. El Anillo Del Nibelungo.

La Tetralogía cuyo proyecto acompaña a Wagner desde su primera estancia en Paris, es su obra más nacionalista. Busca Wagner una nueva fe para la antigua mitología nórdica; fe que se inserta dentro del amor y del pesimismo de la concepción wagneriana.

El ciclo del  Anillo del nibelungo (Der Ring des Nibelungen,) consta de cuatro óperas épicas (si bien el autor prefería el término drama).
El Anillo del Nibelungo, va precedido por el prólogo, El Oro del Rin (Das Rheingold). La historia del origen es La Valquiria (Die Walküre). La gloria es Sigfrido (Siegfried) y la derrota de este héroe es El Ocaso de los Dioses (Götterdämmerung). La música y el libreto fueron escritos por Richard Wagner en el curso de veintiséis años, de 1848 a 1874.

Casi un cuarto de siglo abarca la gestación de Anillo de los Nibelungos. Los años de 1851 y 1852 son dedicados a la elaboración del texto, mientras el compositor se encuentra exilado en Suiza. La música del Oro del Rin  (Prólogo de la tetralogía) es escrita entre 1852 y  1854. El autor relata en su autobiografía la manera en que concibió su preludio orquestal, mientras se encontraba en un estado de somnolencia durante un caluroso día campestre: "Súbitamente se sintió sumergido en el agua, cuyo ruido fue convirtiéndose en un acorde de mi bemol mayor, sostenido a través de arpegios ininterrumpidos de movimiento cada vez más rápido."
Los años de 1854 a 1856 son empleados en La Valquiria (Primer día de la tetralogía), comenzando este último año con Sigfrido (Segundo día de la Tetralogía), personaje central de la obra y el más querido por Wagner. Pero, en 1857, interrumpe el trabajo al final del segundo acto para dedicarse a 2 óperas ajenas a la mitología. Son Tristán e Isolda y Los Maestros Cantores que le sirven a la vez de descanso y renovación (hay que recordar que su último estreno había sido Lohengrin siete años atrás). En 1869, luego de un intervalo de 12 años, continúa con la obra dejada, finalizando Sigfrido en 1871 y El Ocaso de Los Dioses (Tercer y último día de la tetralogía) en 1874. Si bien El Oro del Rin y la Valquiria fueron estrenados en Múnich por el rey Luis II contra la voluntad de Wagner (quien deseaba presentar la Tetralogía siempre como un todo) en 1869 y 1870 respectivamente, el estreno del  Anillo de Los Nibelungos en su forma completa, correspondió a la inauguración del teatro de Wagner en Bayreuth en 1876.
 
Wagner quiso crear  un mito -como los grandes mitos de la civilización griega que no fuera una mera anécdota, sino una fábula sobra la naturaleza humana con un valor universal e intemporal. Se basó en textos épicos medievales (siglos XI-XIII) como el “Canto de los nibelungos”, y en las leyendas germánicas y escandinavas medievales de Edda a fin de crear una mitología genuinamente alemana. Así mismo, añadió el tema de las maldiciones. Además, los dioses con características humanas de las narraciones nórdicas los convirtió en un reflejo de una sociedad que se desintegraba por momentos, como era la del siglo XIX.
 
La Tetralogía quiso hacer del wagnerismo un sistema completo de concepción del mundo; Esa es la razón de que resulte incomprensible en muchos momentos, no ya para oyentes latinos, sino para toda la sensibilidad moderna. Debemos recordar la desazón de Debussy, de Stravinsky y de Falla ante esta gigantesca mole de pentagramas, una desazón que no aparece ante Tristán. Los trozos más populares de la Tetralogía, los que suelen darse en forma de concierto, o gustan por el poderío orquestal o emocionan por elevarse hacia alturas de un plano amoroso y lirico, como el dúo de Sigfrido.

Causa impresión el ingenio musical que supone poner música maravillosa para esta cosmogonía que es la Tetralogía. Hay rincones puramente musicales en la Tetralogía de acierto insuperable. Desde un punto de vista  estrictamente musical, la Tetralogía es el esfuerzo más titánico y ambicioso que conoce la historia de la música.


Cuando escuchamos estas óperas, se asiste a un milagro, pues desaparece el análisis y el oyente se ve arrastrado a algo primario, intemporal, y las fuerzas elementales  que lo empujan. El anillo es una concepción que alude no a las mujeres, sino a la Mujer; no a los hombres, sino al Hombre; no a la gente, sino al Pueblo; no a la mente sino al subconsciente; no a la religión sino al rito fundamental; no la naturaleza sino a la Naturaleza.

Significado e interpretacion del Anillo del Nibelungo.

Acerca del significado e interpretación del Anillo del Nibelungo, escribe acertadamente Ramón Bau en ArchivoWagner.com :
“Desde siempre ha existido una cierta tendencia a interpretar de una forma lógica las obras de Wagner, ya sea desde una visión esotérica, religiosa, filosófica o social, dejando aparte la única interpretación realmente importante, que es la artística.

Pero quizás en la Tetralogía y en Parsifal es donde más se ha debatido este tipo de interpretaciones. Creo que hay que aclarar antes que nada una diferencia radical entre “el objetivo que tenía Wagner al crear una obra” y “las posibilidades de usar su obra para sustentar o plantear ideas sociales o religiosas”.

 
Esto es fundamental, porque Wagner sabemos que tras sus planteamientos en 1849 y 1851 deja muy claro que su OBJETIVO es crear la Obra de Arte del Porvenir, una forma de expresión artística completa, un Drama Musical que permita la expresión más completa posible de sentimientos humanos y a su través despertar la sensibilidad humana y elevar la Humanidad. Este, y no otro, es el Objetivo fundamental de Wagner.
 
Para ello decide, y así lo deja perfectamente definido en su obra teórica, usar argumentos mitológicos y alejarse de los históricos. Pero Wagner usa la base mitológica para poder desarrollar su historia humana, no para asentar la base Mitológica en sí misma, que por otra parte no siempre respeta en absoluto, sino que la cambia en función de su Objetivo principal.
 
Si observamos la Tetralogía en su conjunto vemos que el tratamiento del Oro del Rin es realmente muy distinto que el del resto de la obra. Desde La Walkiria al Ocaso se puede observar claramente que el elemento mitológico es usado para poder desarrollar los grandes debates humanos:  Wottan o Siegfried, Brunilda o Fricka desarrollan sus sentimientos y sus problemas de forma absolutamente independiente del elemento mitológico, y desde luego sin que el Oro tenga nada ya nada que ver.
 
El gran conjunto cosmológico de la Tetralogía en sus tres grandes jornadas no tiene una base fundamentalmente mitológica sino humana. En cambio en su Prólogo, en el Oro del Rin, existe una sensación inversa, allí el desarrollo lógico de los elementos mitológicos parecen tener más fuerza y estar usados en un sentido más simbólico.
 
Wagner vive su periodo revolucionario en Dresde en 1849 y el libreto del Oro está acabado en 1852. Después tardará más de 30 años en acabar la Tetralogía completa. Esto puede explicar una cierta propensión a exponer ideas en su Prólogo, mientras que el resto ya fue ajustado totalmente a su idea global del drama musical.”
 
Simbiosis entre música y poesía en la Tetralogia
 
Esta Tetralogía de cuatro dramas musicales con texto y música de Wagner que tiene como hilo conductor la posesión de un anillo mágico, forjado por el nibelungo Alberich, que otorga a quien lo posee el dominio del mundo. Todos sus habitantes, dioses, hombres y nibelungos, están dominados por el deseo de poseer el anillo excepto el protagonista: Siegfried, un héroe libre de las servidumbres gregarias del poder y del oro.

Wagner otorgó su propio significado al anillo (der Ring), joya que simboliza la determinación de gobernar que sólo puede conseguirse mediante la renuncia fatal al amor.

 
Wagner, es el primero que utiliza a través de una obra completa la técnica del leitmotiv. Fue la solución al problema de cómo la música podría servir para la fusión de dos lógicas narrativas distintas, la épica y la dramática. Utilizando motivos musicales como símbolos de las cosas y personajes de la historia, Wagner crea una forma artística unificada que rompe con la tradicional estructura periódica y logra esa magia asociativa en la historia que tanto alababa Thomas Mann.

Llama la atención el ver cómo Wagner depura en cada asunto su genuino carácter, para expresarlo con absoluta propiedad en el poema y en la música. En la Tetralogía, dentro del trágico ambiente general de la obra, puede notarse también esta particularidad. Las palabras y la música van tomando aspectos distintos según el desenvolvimiento de la acción, y singularmente la música (por lo mismo que refleja lo íntimo del drama), se nos presenta diversa en cada jornada. Los temas iniciales, fundamentales, del prólogo, nos transportan al mundo verdaderamente sobrenatural de los dioses y los gigantes. En la Valquiria, la pasión humana penetra a torrentes dentro de la música llena de vida y movimiento. En el Siegfried, la juventud y el vigor, el amor más intenso, desbordan de aquellas palabras exuberantes y aquellas melodías que abrasan. En El Crepúsculo de los Dioses, el cuadro aparece con épica grandeza, y se siente latir aquellos corazones de guerreros primitivos, con sus vigorosas frases y sus robustos acentos.
La forma del poema es el de una Tetralogía (así lo llama su autor) constituida por el prólogo y las tres sucesivas jornadas, cuyos títulos se acaban de exponer.
La unión íntima de la poesía y la música, da a este poema una especial estructura que hace indispensable la representación teatral, o la lectura de la partitura, para comprenderlo claramente.
Un efecto de gran fuerza expresiva, es el empleo de la aliteración, recurso admirable para unir el ritmo literario y el musical. De esta manera se verifica una especie de melodía de las palabras que se une naturalmente con el ritmo de la música y produce en el lenguaje un colorido extraordinario, por cuanto el lenguaje se reviste de aspectos suaves y dulces, o enérgicos y fuertes, en armonía con el orden de sentimientos expresados.

El Oro del Rin.
 
El Oro del Rin fue compuesto a partir de 1853, cuando Richard Wagner decidió dar una forma más amplia a su ciclo sobre Sigfrido. Debido a que el maestro debía justificar su trabajo ante la corte de Baviera de la que provenían las subvenciones para su teatro en Bayreuth, El Oro del Rin tuvo que estrenarse antes que sus compañeras, el 22 de septiembre de 1869, en Múnich. Por fin en el verano de 1876 se estrenó en su posición natural dentro de la Tetralogía, en el primer festival de Bayreuth.
 
Los personajes del Oro del Rin y su significado

Seguimos a Ramón Bau en Archivowagner.com

 http://www.archivowagner.com/indice-de-autores/21-indice-de-autores/b/bau-ramon-1948/68-el-oro-del-rhin-el-oro-y-su-relacion-con-lo-humano






Las Hijas del Rin:
 
No es en absoluto casualidad que el Oro del Rin se inicie con los temas de Naturaleza y Ondas, marcando claramente la música inicial el clima de estabilidad, armonía y perfección natural del mundo. En esa Naturaleza inocente y bella las hijas del Rin juegan más que vigilan la fuente de esa belleza, la Luz que ilumina su mundo natural. El Oro es fuente de belleza y Luz, de armonía y naturalidad, lo material es bello y necesario en su entorno, sirviendo de alegría, sin valor dinerario.

Wagner ha explicitado en el texto y en la música este estado armónico natural, y no hay duda sobre su idea de simbolizar en el Rin el estado natural de la riqueza, su belleza y su función de Luz armoniosa, donde el juego y la alegría estaban exentos de los males del Dinero, del Oro convertido en valor.
 
Las hijas del Rin pierden el oro debido a su confianza, a su incapacidad en imaginar la existencia del mal, de alguien que renuncie al Amor. Este es exactamente el gran peligro de las sociedades naturales, su incapacidad para entender el mal.
 
Alberico
 
Es el jefe de los Nibelungos. Como ellos, enano y deforme. Es un frustrado sexual que cambia los placeres del amor por la riqueza material. Es quien arrebata el oro a las ninfas que habitan en el fondo del río, cuidándolo.
Sin duda es el personaje central en su relación con el Oro, y así mismo marca en el texto una denuncia tan clara que es difícil de no ver una cierta voluntad simbólica en Wagner sobre este personaje. Cuando su hermano Mime dice: “Con maligna astucia conquistó Alberic el Oro del Rin y de él forjó un anillo cuyo sorprendente influjo admiramos temblando todos; con él domina el ejército nocturno de los Nibelungos. En otros tiempos forjábamos sin cuidado y descansados, riéndonos en medio de tan insignificante fatiga, adornos y joyas para nuestras mujeres. Ahora ese perverso nos obliga a deslizarnos por entre las peñas y a trabajar tan sólo para acumular inmensos tesoros”.
 
Mime, hermano de Alberico, maltratado y explotado por éste. Es el fabricante del anillo y el yelmo mágico, de los que su hermano se apropia. Está definiendo tan concretamente el mal, la usura, el trabajo asalariado bajo el interés dinerario, cuyo único objeto ya no es satisfacer las necesidades loables sino acumular el oro al usurero, que es casi imposible no asignar esa relación entre Alberic y la visión de una Finanza que desea el Poder universal.
 
Más aún si vemos lo que el mismo Alberic dice: “a vosotros, los que habitáis allí arriba, donde sopla la suave brisa, entregados a la dulzura del amor y de la alegría, a todos vosotros dioses, os cogeré con mi puño de Oro. Así como tuve que renunciar al Amor, vosotros tendréis que renunciar a todo lo viviente; el oro ha de ser vuestro único deseo…. Cuando vosotros estéis bajo mi poder, vuestras hermosas mujeres que desprecian mis galanteos servirán de placer al enano”.

 ¿cómo no relacionar estas concretas denuncias con la realidad de una Finanza que compra el placer, convierte el amor en sexo y somete a la humanidad por la avaricia y la envidia?
 
Alberic quiere el Oro para vengarse en primer lugar (“Os apagaré la Luz y forjaré el anillo vengador”) pero con el objetivo final de obtener el Poder y Dominar, o sea usar el Oro como medio de dominio. No lo quiere admirar, no busca su belleza ni su posesión. Cuando Alberic cae por su afán de ostentación, por la vanidad y el exceso, ya ha sembrado el mal, y nadie se salvará de su maldición sobre el Oro. Una vez ha perdido su lugar natural, el Oro es un centro de corrupción. Y si al final de la Tetralogía el Oro vuelve al Rin será tras una caída global de todo lo existente, una destrucción de todo, un final del ciclo.
 
Wotan y los Dioses
 
Wotan, el dios supremo, jefe del clan, esposo de Fricka –la diosa del matrimonio– y padre de Brunilda y sus hermanas Valquirias, hijas de Erda.

Wotan, es en todos los sentidos, el verdadero protagonista de toda la epopeya, porque es quien con sus actos dicta lo que ha de ser. Fricka, es la diosa del amor, concebido como contrato, es decir, del matrimonio. Es calculadora, conservadora, dictadora y bastante interesada: un verdadero símbolo de lo femenino en la clase burguesa.
 
Freia. Es la cuñada de Wotan. Diosa portadora de las manzanas de la vida, único alimento capaz de hacer conservar la juventud a aquellos que lo ingieran. Es la moneda con que Wotan ha negociado con los gigantes la construcción del Walhalla.

Loge, Dios del fuego. Un marrullero y liante dicharachero cuya misión, es tener que sacarle las castañas del fuego a Wotan en un asunto que no tiene solución, le convierte en personaje fundamental. A él acude Wotan en los grandes momentos. Por ejemplo, al castigar –ya en la segunda ópera– a su amadísima Brunilda.

Erda. La diosa de la Naturaleza, un personaje vital en toda la Tetralogía. Consejera de Wotan, es traicionada por él al decidir construir su lanza.
El afán de Wotan por el Walhalla, por ese monumento a su Honor, Valentía y al Poder (“el honor y el poder alcanzarán la gloria” dice Wotan admirando el Castillo), pero un Poder representativo, no ejecutivo, no en el sentido de dominio que desea Alberico.
 
Pero Wotan es profundamente humano, ya en el Oro del Rin. Se debate entre su Autoridad y su Deseo, entre pasiones y deberes. Al conocer la existencia del Oro lo desea, pero no por avaricia ni para utilizarlo para el dominio. No muestra al principio gran interés, y sólo poco a poco va interesándose en él. Primero por el peligro de que lo posea Alberic (“Si no se lo arrebatamos nos dominará a todos” le dice Donner a Wotan). Luego, una vez consigue el Anillo, siente el deseo de su posesión, de ser considerado como el más poderoso (esa consideración es lo que busca, más que el uso de ese Poder… “por fin tengo lo que me hará el hombre más poderoso de la tierra”. Le costará desprenderse del Anillo pero lo hará, y luego se olvidará del Oro para ir a su Valhala.

Es significativo el desprecio de Wotan por el Tesoro: “Amontonadlo pronto. El verlo me repugna” dice a los Gigantes que lo reclaman. Sólo le interesa el Anillo, no el Oro, como símbolo de Poder y Autoridad.
Wotan desea el Oro pero no a cualquier precio, es tentado por el Poder y lo material, y su humanidad es sin duda la más interesante de la obra. No parece que Wagner pensase en Wotan como un mero simbolismo sino como base de su sentido humano en la obra.
 
Los Gigantes Fafner y Fasolt:
 
La maldición de Alberic sobre el Oro : -“¡Que su dueño lo posea en paz, pero que le traiga el verdugo!. ¡Sea el miedo el constante tormento del condenado a muerte, y la vida, eterna agonía para el esclavo del Anillo!…”-  se cumple en los Gigantes. Los Gigantes han Trabajado, han ganado con su fuerza bruta y su simpleza mental el sueldo que Wotan les prometiera, Freia, la dulce mujer, la más sensible y delicada. Para ellos Freia no es más que la mujer hermosa, el deseo de mujer. Y cuando la cambian por el Oro no buscan en ello el Poder, ni utilizar el Oro para dominar o mandar, quieren sólo la eterna posesión. Esa posesión que trae la envidia entre ellos, avaricia, envidia, muerte y posesión. No hay para el necio valor en el Oro sino en tanto causa la envidia en los demás y alimenta su avaricia. El trabajador enriquecido, Fafner, se convierte en Dragón y tras asesinar a su hermano, se convierte en la Bestia venenosa que matará por el Oro, sin hacer con él nada más que poseerlo.
 
Los Nibelungos:
 
El Pueblo de la Tierra, que trabajaba alegre para dar joyas y adornos a sus mujeres, sin cansancio ni agobio, es dominado por el Anillo, por la usura y codicia, y el látigo de Alberico. Mime y los Nibelungos lloran bajo el castigo de Alberico, se afanan para lograr más y más oro para el que ya lo tiene todo; es el destino del pueblo bajo la usura. Movidos por la envidia y la codicia, no se dan cuenta que son esclavos de los que dominan el secreto (el anillo) de la Usura. Soñando con ser ellos los nuevos Albericos, como hace Mime, no son más que una mayoría de esclavos para una minoría de usureros. “Oh Nibelungos, inclinaros ante Alberic, por todas partes os estará vigilando, despedíos para siempre de la tranquilidad y el reposo”. Dolor y Trabajo para otro, esta es la herencia que el Oro deja en el Pueblo otra hora feliz, cuando el Oro estaba en la Naturaleza y no existía la Usura. Los Nibelungos no cantan. Se requiere un potente coro de niños para lanzar sus gritos.
 
Sigfrido : Los héroes no aparecen en El Oro del Rin, ni Siegfried ni Brunilda. Ambos tendrán una corta relación con el Oro. Para Siegfried el Tesoro no le interesa, y lo dejará con el cadáver de Fafner y Mime, “Yace tú también aquí en la cueva, oscuro dragón. Guarda este brillante tesoro en compañía de tu enemigo. Así ambos encontrareis al fin la tranquilidad”. Sólo el Anillo le servirá como símbolo de su Amor a Brunilda, cumpliendo así el destino inicial del Oro, ser motivo de belleza.
 

Antes de correrse el telón, la música deja oír sus primeras notas, con las cuales se establece la base de la colosal creación que vamos a presenciar.
Y como germen simplicísimo de donde ha de surgir esplendoroso árbol, así empieza en la orquesta el inmenso poema por lo más simple, lo más elemental que en armonía puede darse: “la octava”. De las profundidades de la orquesta surge un misterioso rumor que va determinándose siempre con mayor claridad, y al fin comienza a moverse lentamente, formando el primer rudimento de melodía en aquellas hondas regiones del sonido; de este modo nace el tema fundamental del gran poema, como del seno de la noche nacen los mundos. “De no se sabe qué profundidad, dice Catulle Mendes,  en su ditirámbico Richard Wagner, nace sordamente un sonido. Informe, apenas perceptible, parece escucharse el primer aliento de un mundo que va a vivir. Aquel sonido crece, empieza a moverse, únese a él como un deseo de ascensión, de desenvolvimiento; se multiplica en sonoridad que, confusas al pronto, van encadenándose,  formando una línea vaga, la cual aparece luego en pleno desarrollo; se eleva, y menos oscura cada vez, extendiéndose más y más en su lenta expansión, alcanza pleno desenvolvimiento en una inmensa ola de melodía”.
 
El lector curioso puede notar en esta Tetralogía (cuya larga elaboración tanto se relaciona con la vida del poeta) los cambios que va sufriendo la personalidad de Wagner, siempre en progresión ascendente hacia el perfeccionamiento de la expresión. En El Oro del Rin,  todavía pueden notarse vestigios de formas melódicas, peculiares de las obras anteriores de Wagner; los pasajes declamados ofrecen todas las trazas de los recitativos de  Rienzi  o de las fórmulas de Tannhäuser.  En este sentido, los dramas siguientes (sobre todo los dos últimos,  Sigfrido y  El Crepúsculo de los dioses) ofrecen mayor concisión y mayor energía en la acentuación musical de las palabras. Los que niegan a Wagner melodía (¡cuán pueril nos parece hoy este cargo!), pueden observar la riquísima variedad que ofrece el Prólogo de la Tetralogía, en el cual se ven hasta fragmentos líricos bien determinados, formando en realidad, verdaderas piezas de canto, por ejemplo: el relato en que Mime cuenta sus cuitas a Loge y a Wotan; la delicada fantasía de Loge cuando explica su viaje al mundo en busca de alguien que renunciara al amor; el apóstrofe del gigante Fafner a Wotan  para que cumpla lo pactado; la magnífica invocación de Donner a la tempestad..., fragmentos todos ellos que revelan la riqueza de invención de Wagner, así como su incomparable vigor dramático.
 
En cuanto a la orquesta, parece un organismo que vive, que palpita y siente con la acción teatral. Los “temas conductores”, ya en las voces, ya en los instrumentos, los llevará el músico a través de la partitura como sangre vivificadora de las ideas del poeta, a las que dan exuberante plasticidad. Después de la creación formidable a que parecemos asistir en el preludio, van naciendo las melodías con todo el carácter, con toda la fisonomía que les prestan los momentos que la sugieren.
 
Los dioses, con sus acordes tonales, nos hacen sentir la majestad de los moradores del Walhalla. Los gigantes y los nibelungos tienen sus ritmos y sus armonías que se oponen. En resumen, el conjunto es completo por su equilibrio y sólidas bases.
 
Y luego, la convergencia de los efectos, esa conjunción que juzgaba Taine como exigencia de una obra completa de arte, aparece realizada plenamente. Con justicia ha podido decir M. Kufferath, que se necesitan la incomprensión más voluntaria y el prejuicio del más vulgar y estrecho realismo, para considerar este prólogo como ininteligible. No se trata, en efecto, de alegorías  ni abstracciones, sino que “ante nosotros aparecen nuestra misma vida, nuestras faltas y desenfrenos, nuestras luchas vanas y sangrientas que crea la egoísta persecución del interés personal, presentados ahora en el brumoso pasado, en el fantástico alejamiento de un mundo imaginario de dioses, gigantes, gnomos y ondinas. Hasta las fuerzas de la Naturaleza tienen su parte en esta divina comedia, como sucede con la tempestad final, que purifica el aire restableciendo la calma por cortos instantes, entre las pasiones y los elementos desencadenados”.
 
Argumento y analisis del Oro del Rin.

Fuente:  ( Por Alice Leighton Cleather y Basil Crump. "El Anillo del Nibelungo"  )
 
“Mi poema del Nibelungo, muestra la Naturaleza en su verdad desnuda, con todas sus contradicciones innatas, cuyos choques infinitamente variados incluyen el de la repulsión mutua. Todo el curso del poema muestra la necesidad de reconocer el cambio, la diversidad, la novedad eterna de la realidad de la vida y de hacerle lugar
Este preludio comienza con una impresión del principio de las cosas en el elemento agua primitivo, y Dioses, Gigantes, Enanos y Ondinas se aparecen como personificaciones de las diversas fuerzas de la naturaleza y de la conciencia humana.
Los elementos más importantes que hay que tomar en consideración desde el principio y que deben llevarse en la mente durante toda la obra son la voluntad, representada en Wotan; la sabiduría y la intuición representada por la Diosa Erda y la Fuerza que puede emplearse por la Voluntad por el bien o para el mal, simbolizada por el Oro del Rin. En realidad es Wotan el principio activo de todos los personajes, tal como la voluntad obra en todas las fases de la naturaleza humana, egoístas o altruistas.” ( Richard Wagner en su correspondencia a Roeckel y Liszt)
 
Escena primera. Puro e inofensivo descansa el Oro en las aguas del Rin, guardado por las tres Hijas del Rin (Woglinda, Wellgunda y Flosshilda.) Se levanta el telón para la primera escena y las tres nadan y cantan. No tarda en aparecer el enano Alberico que atraído por las tres Ondinas trata de atraparlas y ellas le esquivan graciosas y burlonas.
 
Alberico personifica el elemento más rastrero de la Voluntad, los deseos groseros y la pasión de poder. Ante su frustración sexual y a la vista del Oro su codicia se despierta.
 
Las Ondinas le informan que quien consiga fundir un Anillo con el Oro, alcanzará un poder ilimitado. Pero esto solo puede conseguirse mediante el voto de Renunciación al Amor. Para Alberico, cuya naturaleza es Deseo y Odio, el Amor no tiene valor. Alberico renuncia al amor para siempre y arrebata el Oro y desaparece con él en su morada infernal, entre los gritos de desaliento de las Hijas del Rin. El poder que obra para el mal, dice Wagner,  la ponzoña que envenena el Amor, se condensa en el Oro robado a la Naturaleza y mal empleado en el Anillo. Este acto de absoluto egoísmo es la causa de todo el drama que sigue. La Voluntad tiene que aprender que solo con un acto correspondiente de abnegación puede anularse la Maldición.
 
Escena segunda. El tema del Anillo se une con el del Walhalla cuando el elemento agua cede a las alturas montañosas en la que moran los Dioses. Ahora vemos a Wotan y Fricka durmiendo. En el fondo las torres del Walhala. Dentro de sus muros espera Fricka mantener a su esposo Wotan en un estado de reposo y satisfacción egoístas.
 
El Walhalla ha sido construido por los Gigantes, Fafner y Fasolt, que han pactado con Wotan que recibirán de él como pago a Freia, Diosa de la Inmortalidad. Freia sirve las manzanas de oro con que los Dioses renuevan diariamente  sus fuerzas. Wotan recuerda por las palabras de Fricka, el pacto que ha hecho con los Gigantes y que junto con otros pactos que se desarrollan, coartan la libertad del Dios. El símbolo externo de este poder, es la Lanza del Dios hecha con una rama del Fresno del Mundo y en cuya asta están esculpidas las runas de dichos pactos. Fricka forma parte de aquello por cuya adquisición trocó Wotan su visión interior, representada por la pérdida de un ojo.
 
Después sale Freia, perseguida por los Gigantes que llama a sus hermanos Donner, Dios del Trueno y Froh, Dios de la Belleza para que la amparen. Wotan la tranquiliza diciendo que cuenta con el astuto Loge, semidios del fuego, para que la saque del apuro. Cuando los dos Gigantes piden la recompensa, les dice Wotan que Freia no está en venta.
 
Protestan los dos Gigantes por esta falta de lealtad, cuando se presenta Loge y anuncia que ha buscado en vano un rescate para Freia, pues en ninguna parte puede encontrar nada que iguale a la maravilla y el valor de una mujer. Pero Loge ha sabido por las hijas del Rin, la espantosa acción de Alberico, y apremia a Wotan para que los auxilie a recobrar el Oro. Explica que Alberico ha renunciado al amor para conseguir el Oro y que otro puede conquistarlo, robando al ladrón. Wotan parece ver la manera de salir del dilema. Los Gigantes están dispuestos a aceptar el Oro como rescate y toman a Freia como prenda, prometiendo volver a la caída de la noche. Con la marcha de Freia, los Dioses empiezan a consumirse y envejecer. Loge les recuerda la causa. “ Dudo que hoy hayáis catado la fruta de Freia.” Wotan llama a Loge para que le guie por el país de los Nibelungos para recobrar el Oro y desaparecen por una hendidura de las peñas.
 
Tercera escena. La escena cambia ahora gradualmente por los abismos del mundo subterráneo y el tema de la forja en la orquesta es reforzado por el martillar de los enanos Nibelungos. Grandiosa y terrible escena.

Descenso de Wotan y Loge al pais de los Nibelungos
 
Alberico entra arrastrando a su hermano Mime, a quien ha ordenado que forje el Tarnhelm y termine su labor. Alberico ha fundido con el Oro robado el Anillo Mágico y con su poder tiene sumidos en la esclavitud a los enanos que trabajan para él en el acopio de tesoros.

El Tarnhelm o casco invisible, permite a quien lo lleve hacerse invisible, trasladarse a cualquier distancia en un instante y cambiar bajo cualquier forma. Mime esperaba quedarse con el Anillo y también con el casco mágico. Pero solo Alberico conoce las propiedades del Tarnhelm. Se lo arrebata a Mime, se hace invisible y demuestra su poder descargando crueles golpes sobre su hermano.
 
En ese momento entran Loge y Wotan y preguntan a Mime la razón de su desconsuelo y su deseo de ayudarle contra Mime. Reaparece Alberico maltratando a una multitud de Nibelungos que llegan cargados de tesoros que amontonan según sus instrucciones. Alberico ve a Mime entre los desconocidos y  extiende el poder del Anillo haciéndole desaparecer junto con los Nibelungos entre gritos y aullidos. Luego pregunta a los desconocidos que hacen en sus dominios. Wotan le dice que enterados de las maravillas que ha forjado, han ido a verlas por sí mismos. Alberico revela su intención de dominar aun a los mismos Dioses con el poder del Anillo y de subyugar al mundo entero con su maldición de avidez y desamor. Loge mediante hábiles adulaciones induce a Alberico a mostrar el poder del Tarnelm cambiando de forma. Se trasforma en una monstruosa culebra, lo cual no realiza el propósito de Loge. Entonces le induce a convertirse en algo pequeño. El incauto Alberico obedece y cambia su forma en la de un sapo. En ese momento Wotan y Loge lo capturan , lo atan y se lo llevan arrastrando al mundo de arriba.
 
Cuarta Escena. Cambiase la escena una vez más en las montañas, oscuras aun por la perdida de Freia. Wotan y Loge prometen soltar a Alberico si les entrega el Tesoro.  Alberico gracias al poder de su anillo, llama a los Nibelungos  y  les ordena  que  traigan  sus  bienes y  los reúnan en un montón. También le piden el Tarnhelm, no obstante las protestas de Alberico. Además Wotan le pide el Anillo, pero el enano se niega furiosamente a entregarle la fuente de su poder y Wotan se lo arrebata por la fuerza. Wotan satisfecho se lo pone en su propio dedo y Loge desaprobando la acción desata al Enano. Levanta Alberico entonces un rapto de rabia y condensa toda la fuerza de su perverso natural en una Maldición a todo el que en adelante llegue a poseer el Anillo. “¡ Así como yo lo hallé en una maldición, acompañe la Maldición al Anillo!” ¡ Su riqueza no gane poderes para nadie! ¡ Tenga el que lo posea el corazón consumido por los cuidados y a quien no lo posea que sea roído por la envidia. Sin dar ganancia a su dueño, traiga la espada del asesino. Predestinado a la muerte, esté el cobarde encadenado por el miedo; aunque viva muchos años, muera día por día y sea siervo del Anillo. Yo te lo doy, pero no podrás librarte de la maldición.”

Esta maldición sigue su terrible curso a través de la Trilogía.

Maldicion de Alberico
 
Los Gigantes retornan con Freia y acceden a tomar como rescate de la Diosa todo aquella parte del Tesoro necesaria para ocultar completamente a Freia. Pero cuando se ha amontonado todo el Tesoro e incluso el Tarnhelm, todavía queda una rendija por la cual pueden verse los ojos de Freia. Fafner pide entonces el Anillo del dedo de Wotan para completar el trato. Pero el poder fatal del Oro está ya obrando en el Dios que quiere conservarlo. Entonces Fafner dice que no se hable más y que ha llegado el momento de llevarse a Freia para siempre.

En ese momento aparece la misteriosa Erda, la gran Madre-Tierra. Tendiendo la mano a Wotan, le apremia a que entregue el Anillo; previniéndole de la Maldición y de la suerte que espera a los Dioses.  Aquí vemos a la Sabiduría o a la Intuición poniendo un freno a la Voluntad testaruda en su carrera destructora, ambiciosa y egoísta. Conservar el Anillo a expensas de Freia significa la perdida de la inmortalidad, a cambio del poder y de los bienes terrenales. Además le anuncia a Wotan otros negros presagios que turban a Wotan. Wotan sumido en una gran confusión y desanimo, renuncia al Anillo, haciendo así posible que se abra un camino de redención.
 
Cuando los Gigantes se apoderan del Anillo, la Maldición hace su efecto sobre ellos. Se pelean por el reparto del tesoro y Fafner mata a Fasolt. Mirando sombríamente al muerto Titán, exclama Wotan. “ ¡ Temeroso hallo ahora el poder de la Maldición!” Desea el Dios nuevos consejos y aclaraciones de Erda, pero la Wala ha desaparecido, y Fricka ruega a Wotan que entre con ella en la paz y deleites del Walhala; En tanto Donner Dios del Trueno desata una tormenta para despejar las nieblas y el mal ambiente que encumbran las montañas. El Castillo aparece ahora radiante a la luz del sol y desde sus puertas al valle del Rin se tiende como puente el Arco Iris.
 
Wotan que ha estado pensando profundamente en sus problemas, se vuelve a contemplar la nueva morada, y una gran idea se apodera de su mente. El cómo voluntad creadora, puede desarrollar un nuevo poder. El poder de la abnegación heroica que reconquiste el Oro a las fuerzas del odio y la codicia y lo devuelva a su puesto en la Naturaleza.

El nacimiento de esta idea en la mente de Wotan se trasmite dramáticamente a nuestra comprensión en una forma solo posible por la nueva creación que hizo Wagner del verdadero drama musical. Los imperiosos acentos de las trompetas proclaman dos veces un notable tema heroico y el ademan simbólico que lo acompaña es de la espada levantada en la mano de Wotan con la exclamación :

 “Así saludo al Castillo, exento de desaliento y temor”. Este tema va siempre asociado en adelante a la espada Nothung, que Wotan pone en manos del héroe que crea , Sigmund. Su aparición en este momento crítico es el signo exterior y visible de la idea íntima y espiritual de la Redención por el Amor y el Heroísmo.
 
Wotan se vuelve a Fricka, diciendo: “¡Sígueme esposa! ¡ Habita ahora conmigo en el Walhala. Fricka pregunta sobre el significado de la palabra Walhala y Wotan le responde la idea que acaba de concebir. “ Lo que ha encontrado mi espíritu para dominar el temor, cuando se haya logrado su triunfo hará claro su significado.”
 
Cuando los Dioses se encaminan al Walhala, se oye muy abajo en el valle, la lastimera queja de las Hijas del Rin que gimen por su perdido tesoro. ¡ Lamentamos tu perdida que nos deja solas! ¡ Danos el Oro! ¡ Vuelve a traernos su esplendor! Wotan se siente turbado por estos lamentos. En el camino hacia el Walhala, Loge que es un semidios y que no tiene el honor de entrar, al igual que hizo Erda, también vaticina el Ocaso de los Dioses.
 

Loge es uno de los personajes más misteriosos del drama. Usualmente se le considera como el Mefistófeles de la mitología septentrional, pero también es Lucifer, el portador de la Luz. Es una divinidad bifronte cuyo aspecto de Lucifer recalca claramente Wagner. Vemos que Loge como Erda, encarecen la restitución del Oro a la Hijas del Rin. Sus últimos actos, como muro de fuego en torno a Brunilda ( En el drama La Valquiria) y por fin como consumidor de todas las cosas ( En el Ocaso) son significativos.
 
En cuanto al estado actual del anillo, Wotan por su acto de renunciación lo ha puesto a custodia segura, hasta el advenimiento de aquel Poder que, por la abnegación, ha de redimir la Maldición proferida por Alberico. Fafner se retira a una remota cueva y por medio del Tarnhelm se convierte en dragón y monta guardia de su tesoro. Con arreglo al cambio en la Voluntad de Wotan, Fafner, de constructor del Walhala, ha pasado a ser custodio del Anillo y del Tesoro. Así termina el Prólogo de este Drama. En la jornada siguiente, la Valquiria se verá como adquiere existencia este Nuevo Poder imaginado por Wotan.

La Valquiria
 
Se terminó en Zúrich el 23 de marzo de 1856. Fue estrenada en el Hoftheater (Teatro de la Corte, hoy Teatro Nacional de Múnich) el 26 de junio de 1870, por insistencia del Rey Luis II de Baviera. Se estrenó en el Festival de Bayreuth como parte del ciclo completo el 14 de agosto de 1876.
 
Su significado.
 
Tras el Oro del Rin, prólogo de la Tetralogía, la Valquiria presenta por primera vez los personajes humanos del mito y las situaciones cargadas de pasión y significado. Wagner tenía como fin último, por encima del texto, de la puesta en escena, e incluso de la música: el drama. En la Valquiria vivimos la firmeza del amor a primera vista entre Sigmundo y Siglinda, la renuncia de Wotan a su propia hija, la Valquiria Brunilda, la convicción de ésta de que el amor disuelve el poder.  La esencia de Die Walküre estriba en su capacidad para mostrar las miserias y grandezas del ser humano, sus limitaciones y ambiciones, sus perversidades y sus actitudes más nobles y generosas. Y he aquí que tanto los dioses como los seres humanos, los nibelungos o los gigantes del mundo imaginario wagneriano cobren una dimensión universal, al margen de la condición de cada uno de esos seres y criaturas. La grandeza de Wagner se encuentra en la universalidad de su mensaje: el amor lo redime todo, incluso a la muerte.
 
Sigmundo y Siglinda: la historia de un amor prohibido
 
La enorme emotividad que rodea al romance apasionado y fugaz entre Siegmund y Sieglinde viene aderezada por su condición morbosa. Sin duda, para la sociedad de la época en la que nuestro protagonista tuvo que vivir, el incesto, al igual que en la actualidad,  era una actividad repugnante y despreciable, condenada moralmente. Es, pues, insólito que Wagner plantee la gestación de su héroe Sigfrido,  personaje al que ya había ideado psicológicamente,  como producto de la unión carnal entre dos hermanos. Llegados a este punto de la argumentación, conviene recordar que el mensaje principal,  y finalidad de este primer drama de la Tetralogía,  defiende el amor como sentimiento supremo que redime de toda culpa.
 
La Valquiria  presenta la primera aparición del amor en la Tetralogía, pues en  El Oro del Rin  son otras las encantadoras actitudes humanas que distinguen a sus personajes: la avaricia, eje central de la obra, el afán de poder, el crimen como medio para un fin. De entrada, Wagner reta a la sociedad de su tiempo al exponer uno de esos amores que no se atreven a decir su nombre. Es, de hecho, la primera de las grandes ópera wagnerianas donde aparece en plenitud el amor entre “humanos”, aunque concebidos por el dios Wotan, pero los protagonistas de ese amor son literalmente destruidos por la satisfacción del deseo sexual: los gemelos Siegmund y Sieglinde desatan su frenesí amoroso sin importarles su condición incestuosa y mueren por consumarlo, su castigo se da por un prejuicio moral que fuera tan alto en Wagner como en su personaje Fricka, quien condiciona a su marido Wotan a destruirlos.
 
Valoración musical

Fuente: http://www.archivowagner.com/201-indice-de-autores/l/lopez-chavarri-eduardo-1875-1970/el-anillo-del-nibelungo/587-la-walkyria

Son muy pocas las óperas que pueden compararse a la belleza, profundidad y emotividad de La Valquiria, para la que Wagner compuso una música de un lirismo arrebatador, y que pocas veces se repetirá en el resto del Anillo; es tal la continuidad musical y dramática que el oyente se siente transportado a ese mundo mítico y al mismo tiempo tan humano, sin que exista distracción o pérdida de atención en algún momento, por esa unidad que Wagner consigue en todo el devenir de las escenas. En Die Walküre, el espectador oyente,  se embarca en una aventura de pasiones humanas y de violentas emociones; Wagner extrae de su paleta musical una coloratura orquestal realmente admirable. Es evidente que su técnica como orquestador es más depurada que cuando comenzó a acometer la tarea de componer Das Rheingold. La soltura y extraordinaria habilidad con la que manejaba los timbres de los diferentes instrumentos de la orquesta y sus posibles combinaciones.

La Valquiria comienza con un corto preludio vigoroso y agitado, que coloca inmediatamente el ánimo en la sombría situación del drama. El sobresalto de una huida desesperada de Sigmundo bajo el fragor de la tempestad, los gritos de los que persiguen a un fugitivo, parecen escucharse en la orquesta. Mientras los instrumentos de cuerda (violas y segundos violines) mantienen una nota (re) que da siniestra impresión en su estremecimiento, se escuchan en los contrabajos y violoncelos un diseño rudo y anhelante.

Preludio Acto I de la Valquiria
 
Argumento y analisis

Por Alice Leighton Cleather y Basil Crump. El Anillo del Nibelungo

Desde la construcción del Walhala, Wotan ha creado nueve hijas, llamadas Valquirias, vírgenes guerreras cuyo deber es, según la leyenda, llevar las almas de los héroes muertos al Walhala, donde forman una guardia personal de Wotan.

Tomando forma terrenal como Walse (Lobo), y trabajando para la creación del nuevo poder, Wotan produce en el mundo terrenal a los Woslungos gemelos, Sigmundo y Siglinda. Firmes son en su amor, y heroicos en la adversidad.
Cuando Sigmundo está fuera con su padre, su hogar es saqueado, su madre muerta y Siglinda arrebatada y casada a la fuerza con el terrible guerrero Hunding.
 
Acto primero.
 
Sigmundo exhausto y desarmado, después de mucho errar y combatir, busca refugio en la morada de Hunding, y Siglinda le atiende y cuida. Los dos desconocen que son hermanos, pero experimentan una poderosa atracción expresada por música de extraordinaria belleza y sentimiento.

Hunding, regresa al hogar y observa el tremendo parecido entre ellos y en especial la serpiente luminosa en los ojos de ambos. Porque de los dos gemelos nacerá el héroe ( Sigfrido) que ha de matar al dragón. Al descubrir Hunding del relato de Sigmundo que es enemigo, le dice que por una noche le protege el Rito del Hospedaje, pero que por la mañana lucharán.
 
Cuando Hunding se va a dormir, Siglinda le muestra a Sigmundo la espada hundida en el tronco del Fresno ( Espada que Wotan dejó para necesidad de su hijo) “ Yo te mostrare dice Siglinda una excelente arma, si pudieras conseguirla yo te saludaría como el mayor de los héroes.” Siglinda y Sigmundo averiguan que son hermanos y que para éste está destinada la espada. Con el grito de Nothung! ( necesidad). “Así llamo yo a esta espada”, Sigmundo la arranca del árbol y los dos huyen en un arrebatado y pasional amor.
 
El tema de la renunciación al amor que acompaña a la siguientes frase de Sigmundo al disponerse a empuñar la espada: “Ahora la cojo, Supremo sufrimiento del amor sagrado, extrema aflicción del fuerte deseo abrasa mi pecho empujándome a luchar hasta la muerte” , indica este tema que Sigmundo y Siglinde están predestinados a ser padres del Héroe libre, están actuando bajo el hechizo de la Maldición de Alberico; porque son los primeros representantes del nuevo poder que está creando Wotan para su dominio. Apasionada como pocas , esta escena de amor wagneriana y apasionada musica la que la acompaña.

Escena de amor Acto I de la Valquiria

Act I Escena de amor Sigmund y Sieglinde
 
Segundo Acto
 
Tras el preludio, comienza con un dialogo entre Wotan y su Valquiria favorita, Brunilda, nacida de Wotan y Erda. Wotan encomienda a su hija la protección de Sigmundo en la lucha contra Hunding. Pero aparece en escena la esposa de Wotan, Fricka ( Diosa del Matrimonio). Fricka representa el apego a la forma y al orden de las cosas establecidas y pide a Wotan, una reparación por la violación del vínculo matrimonial cometida por los incestuosos Voslungos. Wotan debe permitir a Hunding que mate a los Voslungos, no obstante la espada mágica.
 
Se oye el tema de la maldición mientras Fricka profiere su mandato, seguido del tema de la necesidad o angustia de los Dioses que describen los sentimientos de Wotan durante su entrevista con Fricka.
 
En una escena de trágico dolor , Wotan dice a Brunilda que debe retirar su protección a Sigmundo y consentir que muera. Pero tras la voluntad manifiesta de Wotan, ve Brunilda, con la divina mirada interior de su madre Erda, el intimo deseo de su padre : que del amor de los Voslungos surja el nuevo héroe intrépido que ha de unirse a ella para despejar la maldición.

La situación de Wotan es terriblemente dramática. Los deseos de Wotan se ven coartados por la Maldición echada al anillo por Alberico. “De la maldición hui, pero aun ahora la maldición está conmigo, lo que amo he de abandonar, he de destruir lo que me es más caro, he de traicionar al que en mi confía.” Recuerda el aviso que Erda le dio cuando fue a buscarla en las entrañas de la tierra, después de la construcción del Walhala: “cuando el negro enemigo del Amor engendre un hijo, el fin de los dioses estará cerca.” Ese enemigo es Alberico, que renunció al amor para conseguir el Poder, y su malvado hijo es Hagen, que ejecuta el acto final de la Maldición, cuando en el Ocaso de los Dioses, apuñala a Sigfrido.
 
Cuando Brunilda con el corazón afligido se aparece a Sigmundo para comunicarle que debe llevarlo al Walhala, Sigmundo declara que nada le importa el Valhala si no va con el Siglinda y que ambos morirán con la espada Nothung. Entonces Brunilda, conmovida, decide desobedecer a Wotan, lo que es en realidad la voluntad de Fricka, aunque recibida a través de Wotan y promete dar la victoria a Sigmundo.
 
A pesar de la protección de Brunilda sobre el Veslungo, en el momento de la lucha con Hunding, Wotan se interpone , constreñido por su juramento a Fricka, y sobre su lanza se parte la Espada mágica y Sigmundo cae. Al romperse la Espada contra la Lanza de Wotan, indica que no es Sigmundo el héroe libre que Wotan anhela crear. Drama y musica , estremecedor final del acto II
 
Final Acto II


Tercer acto

El Tercer Acto comienza con la cabalgata de las Valquirias que se reúnen en las peñascosas alturas. Al poco llega Brunilda, transportando a la semi desmallada Siglinda, con la que ha huido de la cólera de Wotan. Brunilda aconsejada por sus hermanas, encamina a Siglinda hacia el bosque en el que el dragón Fafner guarda el Anillo y el Tesoro. Allí estará segura porque Wotan teme y esquiva el territorio de Fafner. Al darle los pedazos de la espada a Siglinda, le dice que será la madre de Sigfrido, el más grande de los héroes. Y aqui escuchamos la archiconocida y apasionada cabalgata. Uno de los momentos mas imponentes de la música de Wagner.

Cabalgata y reunion de las Valquirias
Die Walküre-The Ride of the Valkyries
 
Brunilda afronta después la aparente cólera de Wotan, que la ha seguido y ahora pronuncia su sentencia : Brunilda quedará en la roca sumida en un profundo sueño, para que la haga suya el primer hombre que la despierte. Se oye aquí el hermoso tema de Amor de Brunilda a los Voslungos, cuando contesta a su padre que fue él quien hizo nacer en el corazón de la hija la compasión, que la ha llevado a desafiar su mandato exterior, para obedecer al secreto deseo de su padre. Brunilda recuerda a Wotan la espada y el próximo nacimiento del héroe libre que Wotan anhelaba crear. Le ruega que le conceda la protección de un muro de fuego que no pueda atravesar sino el más valeroso y aparece el tema del Encantamiento del Fuego. Verdaderamente conmovedora la escena y la musica de este tema de Amor de Brunilda.
 
Wotan impotente para detener el ciclo de la maldición, si puede conceder esta suplica a su hija. Wotan besa a su hija en ambos ojos y la tiende sobre la roca. La música es extraordinariamente hermosa y elocuente.
Luego Wotan evoca a las llamas de Loge ( semidios del fuego) para que rodeen la roca.
 
Así el espíritu del Amor se liberta de la servidumbre de los Dioses; y Brunilda elige su propio destino heroico, preparando el camino para su futura entrada en los corazones de los hombres. Pero hay que pagar la pena de la libertad. Al adherirse a la secreta Ley de Renunciamiento, Brunilda pierde la risueña bienaventuranza del Valhala y espera en el umbral de la tierra la llegada del héroe Sigfrido.

La Valquiria es uno de los dramas musicales de Wagner mas completos; una musica maravillosa impregnada , de tonos épicos, tragicos y tiernos. Todo el tercer acto rebosa una belleza y plastica inigualables.

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