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domingo, 28 de diciembre de 2014

Tchaikovsky: El estilo de una alma atormentada. Conciertos. Ballets. Piano. Ópera.

Conciertos y obras concertantes
Música de cámara
Las canciones

El Piano
El Ballet
La ópera


Los Conciertos y obras concertantes

Conciertos para piano y orquesta y el Concierto para violín en re.

El Concierto para piano nº 1 fue dedicado a Hans von Bülov, famoso director de orquesta de la época que ofreció su estreno mundial en Boston. Pero el principal crítico de la ciudad, John Dwigt se sintió horrorizado, no podía comprender “ese concierto sumamente difícil, extraño, salvaje y ultrarruso.” “¿podremos llegar alguna vez a amar esa clase de música?”. Dwight nunca lo logró, pero otros si lo hicieron y la obra de Tchaikovsky comenzó a ser escuchada en Europa. Y aunque había focos de oposición especialmente a causa del famoso musicólogo y critico alemán Hanslick, la reputación de Tchaikovsky creció constantemente.
Sus conciertos para piano vienen a constituir un enlace entre los de Liszt, Anton Rubinstein y Rachmaninov. Sus características son el sinfonismo, el virtuosismo y elementos del folclore y la danza que completan este gran fresco pianístico de un generoso lirismo. Aunque el concierto cuenta con detractores que lo juzgan demasiado enfático, no puede negarse su popularidad, ni la calidad y riqueza de su escritura.

El allegro ma non troppo inicial tiene un comienzo que bien podría ser un micromovimiento por sí mismo ya que tiene una exposición, un desarrollo, y una repetición.
El andantino simplice contiene un tema que recuerda ciertas melodías de Chopin.
El Final es un Allegro con fuocco, que bien podría ser un cuadro coreográfico en el que participara la danza popular y el ballet clásico.


Piano Concerto No. 1 in B-Flat Minor, Op. 23
Tchaikovsky-Piano Concerto no. 1 in b flat minor op.23


El Concierto para piano nº 2 en sol mayor opus 44, pese a sus reales cualidades de invención, adolece de cierta heterogeneidad y de su excesiva largura, lo que explica bien su escasa popularidad.

El tercer concierto para piano opus 75 en mi bemol mayor, que quedó inacabado es contemporáneo de la Patética. Nos encontramos con un único movimiento de importantes dimensiones y de una notable riqueza de contrastes entre la bravura, el lirismo, un ritmo de danza y una cadenza pianística muy trabajada. Es una obra llena de vitalidad y de espíritu, en la que no hay que buscar los reflejos de los tormentos del alma que engendró Tchaikovsky. De los otros dos movimientos solo nos quedan bocetos que fuero completados por Taneiev.

El Concierto para violín y orquesta en re mayor opus 35. La inspiración le vino al autor después de haber descubierto la Sinfonía española de Lalo. Tiene este concierto una fama igual a los conciertos de Mendelssohn y Brahms y es primer concierto para violín ruso que se impone en el repertorio. En el Allegro moderato se impone enseguida el virtuosismo típico de este concierto. El movimiento segundo, Canzonetta, es una bella página melódica. El violín solo con sordina canta un tema nostálgico, muy vocal, en la tonalidad de sol menor. La flauta le responde con el clarinete haciendo eco. El último movimiento, Allegro Vivacissimo, tiene un comienzo de estilo muy zíngaro, con un ritmo saltarín y sobresaltos en la cuerda grave del violín solo. El primer tema de este Allegro no deja de recordar el del concierto de Mendelssohn.

Entre las obras concertantes de Tchaikovsky, no podemos dejar de citar, las Variaciones sobre un tema rococó para violonchelo y orquesta opus 33.
La obra manifiesta el apego de Tchaikovsky por el estilo galante del siglo XVIII. En conjunto la impresión que da la obra, es la de un despliegue abusivo de virtuosismo gratuito junto algunas raras paginas verdaderamente inspiradas.


Música de cámara de Tchaikovsky

Los Tres cuartetos para cuerdas y el Trio para piano en la menor tienen hermosos fragmentos. Los cantantes todavía incluyen en sus programas las canciones de Tchaikowsky. 
Especialmente detallados e interesantes acerca de la música de cámara, sus canciones y en general acerca de la vida y obra de Tchaikovsky son los comentarios de Andrés Ruiz Tarazona en las notas al programa sobre los conciertos que la Fundación Juan March ofreció en noviembre y diciembre de 1993. Os dejo el enlace y extraigo del programa algunos de los comentarios sobre la música de cámara de Tchaikovsky.

Las salas de concierto conocen sobre todo su música  sinfónica y concertante, sus obras más conocidas. Pero también es cierto que otras obras que no logran la misma popularidad encierran valores artísticos tan elevados como las de repertorio, y que sin su conocimiento la imagen del compositor queda incompleta y empobrecida. Este es el caso, en Tchaikovsky, de su música de cámara, sus canciones o su piano, por no hablar de las óperas.

Apenas algunos fragmentos de estas obras, y no siempre en la versión original (como el famosísimo Andante cantabile de su Cuarteto Op. 11), han saltado la barrera del gran público.
Tchaikovsky nos ha dejado tres cuartetos de cuerda completos, escritos en la breve etapa que va desde 1871 a 1876. Parece que un músico con esa tendencia a la confesión íntima y con el extraordinario oficio que le distinguió desde sus comienzos, debería haber brillado de modo particular en la música de cámara. Pero no fue así, y no porque los cuartetos o las restantes obras de cámara carezcan de interés, o les falte la perfección técnica y estilística desplegadas por él en otros géneros. Sus debilidades provienen de su formalismo, de aquel temor del inexperto a no cumplir con las tradicionales exigencias del cuarteto de cuerdas. Un género difícil porque en él apenas cabe la cómoda retórica de cierto sinfonismo, lo cual no significa, ni mucho menos, que no haya en los cuartetos de Tchaikovsky páginas de honda belleza o fascinante inventiva.
De sus tres cuartetos de cuerda el más popular en el número 1 opus 11 en re mayor. El éxito de este cuarteto  fue muy grande y gracias al segundo movimiento, pronto sería famoso Tchaikovsky en Rusia y fuera de ella. El segundo tiempo, andante cantábile, es el que ha dado fama al Cuarteto en Re mayor por todo el mundo. La melodía, muy rusa, se ofrece en toda su hermosa desnudez. Luego, un tema del compositor, expuesto sobre un ostinato en pizzicato, constituye la sección central de un movimiento encantador por su simplicidad y clara armonización. Tolstoi era un ferviente admirador de este tiempo. Para muchos autores, el Primer Cuarteto, Op. 11, es el mejor de los tres que escribió Tchaikovsky, quizá porque les atrajo la adecuación de su estilo, sin mayores aspiraciones, a las posibilidades de la música de cámara. En cualquier caso es buena muestra de las facultades compositivas del joven Tchaikovsky, de la riqueza de invención melódica y la sólida ciencia armónica que siempre poseyó.

Oímos este precioso andante y el cuarteto completo
El Cuarteto nº 3 en mi bemol mayor opus 30 data de 1876, cuando Tchaikovsky ultimaba su ballet el lago de los cisnes. La composición del cuarteto se inició en París, todavía bajo los efectos de Carmen de Bizet, a la que el maestro ruso consideró una de aquellas composiciones singulares que reflejaban el más alto grado el impulso musical de toda una época. Que grande fue Tchaikovsky para apreciar la influencia de Carmen.
Quizá el mejor movimiento del cuarteto sea el primero, iniciado con un andante en Si bemol mayor, algo cromático y quizá no tan emotivo como el compositor deseaba.


En cuanto a sus Tríosel Trío en La menor, Op. 50, es una de las grandes obras de cámara de Tchaikovsky, contándose entre las más interpretadas en el género, por cierto, sólo cultivado por el compositor ruso en esta ocasión. Con tan magnífica obra, estructurada en dos movimientos, el segundo de los cuales tiene dos partes, Tchaikovsky rindió homenaje a su gran amigo y consejero Nicolas Rubinstein, ilustre pianista fundador del Conservatorio de Moscú a cuyo claustro de profesores incorporó inmediatamente a Tchaikovsky como catedrático de composición.
El primer tiempo es de vastas dimensiones. Se titula pezzo elegiaco (pieza elegiaca) y aunque posee la forma sonata tiene un carácter rapsódico bastante libre. Tchaikovsky no duda en darnos aquí expresivas y hondas melodías, tiernas o nostálgicas, desde el triste comienzo de la pieza hasta su melancólico final. El piano está tratado con el virtuosismo de un solista en un gran concierto.
Escuchemos este apasionado pezzo elegiaco en la menor

Piano Trio op 50. 1 Pezzo elegiaco
Tchaikovsky trio - Repin- Maisky. Lang-part1


El segundo movimiento, más largo aún si consideramos sus dos secciones, consiste en un tema con doce variaciones  donde Tchaikovsky evoca al Rubinstein pianista a través del piano en la décima variación, una mazurca muy chopiniana. En la sexta encontramos uno de los más bellos valses de Tchaikovsky. Todo el movimiento denota el esfuerzo del compositor por acceder a un esquema formal complejo, evitando caer en la música de salón, riesgo que siempre le amenazaba. En resumen, una música efusiva y de trazo maestro que honra tanto al artista que la inspiró como a su creador.

Las canciones de Tchaikovsky

Desde la adolescencia hasta el mismo año de su muerte, Tchaikovsky escribió canciones, en gran parte adscritas al estilo y estética de la romanza de salón francesa, cultivada también en España, por el mismísimo Albeniz. Es cierto que el músico ruso no alcanza en este género las cimas logradas en el terreno sinfónico o en la ópera, pero hoy nadie niega que, entre su más de un centenar de canciones de concierto, hay auténticas perlas, reflejo fiel de sus mayores virtudes como compositor.

Tchaikovsky liederista sufrió acerbas críticas sobre, todo de Cesar Cui, considerándose inexcusables sus defectos, ampulosidad, largos preludios y postludios en el acompañamiento de piano, a veces descuidadamente escrito; y  un pasar por alto detalles del poema, del que únicamente traslada el clima general después de los logros de Dargomisky en ese mismo terreno.
Sin embargo, las canciones de Tchaikovsky iban de un salón a otro y hacían las delicias de sus contemporáneos, que las aprendían de memoria. Además, dándole la razón, lo que encantaba a los oyentes era, sobre todo, la música. Es verdad que era, con demasiada frecuencia, triste y melancólica, más ¿acaso no lo han sido las más bellas canciones de la historia?

No hay ya nadie que se atreva a negar méritos al Tchaikovsky liederista, bien sea en la faceta de músico nacionalista, ya como cultivador de un cosmopolitismo en competencia con lo mejor del género en Occidente.
Los resultados musicales de buena parte de las canciones de concierto de Tchaikovsky le exoneran de las imperfecciones en el cultivo de este género. Es un hecho subrayado por su presencia en tantos recitales de los más grandes cantantes. El propio Tchaikovsky rechazó los ataques de Cesar Cui con esta declaración:

“Nuestros críticos musicales pierden de vista a menudo el hecho de que lo esencial de la música vocal consiste en reflejar con autenticidad la emoción y el estado anímico, fijándose ante todo en las acentuaciones y en toda clase de pequeños descuidos declamatorios. Los coleccionan maliciosamente y se los reprochan al compositor con una frecuencia digna de mejor causa. En esto se ha distinguido especialmente Cui, acusando en cada nueva ocasión que se le presentaba. Un descuido absoluto en la declamación musical es una cualidad negativa, pero su importancia no debería exagerarse. ¿Qué pasa por repetir palabras, o hasta frases enteras? Hay casos donde tales repeticiones son completamente naturales y en armonía con la realidad. Bajo el influjo de una fuerte emoción, una persona repite la misma exclamación y frase con frecuencia. No veo nada en desacuerdo con la verdad cuando una vieja y torpe gobernanta (en La dama de picas) repite en cada momento adecuado su admiración sobre la eterna cantinela del decoro y la decencia. Pero aunque eso no sucediera nunca en la vida real, no sentiría embarazo en dar la espalda a la verdad real en favor de la verdad artística. Las dos son completamente distintas... Confundir a la gente comparando el lenguaje hablado y la canción me parece sencillamente deshonesto”.

Como vemos, no es que Tchaikovsky mirase la poesía con despectiva presunción (despótica presunción decía, en realidad, Cui, acentuando esa falta de aprecio). Simplemente reafirmaba su condición de músico, es decir, del artista que, como en el verso de Verlaine, debe poner “la musique avant toute chose”.

Reconozcamos que casi siempre, la música de las romanzas de Tchaikovsky nos hace olvidar su despego de los detalles del texto. Tan perfectamente revelan su estado de ánimo. Y, por otra parte, nos basta saber que él ha elegido este o aquel poema porque lo siente, se identifica de algún modo con su contenido.
Olvidar tan pronto. Se basa en un poema de Apujtin y es un ejemplo claro del arte de Tchaikovsky para captar atmósferas mejor que matices del texto, pero también de su genio elocuente para reflejar el sentido poético de este.

Zabyt tak skoro -  Olvidar tan pronto


Corazón solitario. Una de las canciones más celebradas del músico ruso, famosa en todo el mundo en toda clase de versiones. Tomada por Mey de un texto del Wilhelm Meister de Goethe, como la más célebre, sin duda alguna, de las canciones de Tchaikovsky. Su bellísima melodía expresa mejor el sentido del texto.

 the lonely heart by - Corazon solitario
Net, tolko tot, kto znal - The lonely heart by - corazon 
solitaire

“Me amaba tanto”, es la cuarta de las Seis Romanzas, Op. 28, escritas en 1875. El poema, de A. M. Apujtin, es el canto de una tímida mujer enamorada que no se atreve a corresponder al hombre amado, pese a saber que él también la ama. Hay algo de zíngaro en el color y el ritmo de esta canción.

Romanza op 28 nº 4. He Loved Me So - Me amaba tanto


Romanza nº 7 op 47 Was I Not a Little Blade of Grass in the Meadow? - En el prado no fue hierba

Se trata de una canción ucraniana de Shevchenko, traducida al ruso por Surikov, En el prado no fui hierba. Tchaikovsky se acerca en esta pieza popular al estilo telúrico y perfectamente adherido a la palabra poética cultivado por el genio de Mussorgsky.

Romanza nº 7 op 47 Was I Not a Little Blade of Grass in the Meadow? - En el prado no fue hierba
Was I not a blade of grass in the field? - Anna Netrebko Romance  nº 7 op 47

Cuando reina el día sobre el silencio de la noche, conocida por su traducción francesa, como Siempre hacia ti (Toujours vers toi), es un apasionado y tal vez excesivamente dramático canto de amor en relación con el breve texto de Apujtin.


Romanza op 47 nº 6 The day will thrive - Reina el dia

El Ruiseñor, está, basada en un poema del genial Aleksandr Sergueievich Pushkin (1799-1839), cuyo lenguaje deslumbrante, lleno de musicalidad, atrajo a tantos músicos rusos. Pushkin, a su vez, se basó en una de las Canciones de los esclavos de occidente, del serbio Stefanovic Karadzic. Pertenece a ese tipo 
de canciones de neto sabor ruso de Tchaikovsky.

Romanza nº 4 op 60 Solovey - El ruiseñor

En los dorados campos. Con texto de Aleksei Tolstoy, poeta a quien Tchaikovsky siempre admiró por su noble altivez e independencia. Tolstoy poetiza sobre la soledad y la separación. El piano introduce la canción remedando el sonido de las campanas a través de los campos de maíz al atardecer, mientras se canta el íntimo sentimiento doloroso de la separación sobre el paisaje silencioso y extenso

Romanza nº 2 opus 57 On the Golden Cornfields - En los dorados campos

Dejo finalmente este enlace de una hora de duración con Romanzas de Tchaikovsky cantadas por Olga Stepanova - mezzosoprano, Alexandr Zlobin – piano

Pyotr Ilyich Tchaikovsky - Romances

El piano de Tchaikovsky

Tchaikovsky también escribió unas cien obras para piano, a lo largo de su vida. Brown afirma que «aunque algunas de ellas pueden ser exigentes técnicamente, la mayoría son composiciones encantadoras, no pretenciosas, dirigidas a pianistas aficionados». Añade, no obstante, que hay más atractivo e ingenio en estas piezas de las que cabría esperar. No podemos dejar de mencionar aquí, una selección de piezas  cortas para piano que bien reflejan su estilo emocional, triste, nostálgico, melancólico y sentimental.

Sus pieza para piano “Octubre” y su romanza “Corazón solitario” en tantas versiones, dos pequeñas joyas de la música más romántica.



Tchaikovsky y el Ballet

Cuando su trabajo sinfónico se une con el gusto ligero del Paris del segundo imperio (momento del Ballet Blanco), Tchaikovsky consigue composiciones deliciosas en sus tres ballets (el lago de los cisnes, la bella durmiente y Cascanueces.)  Son de una gracia excepcional que traen a esta música ligera el exotismo que buscan los compositores del Segundo Imperio, como Leo Delibes.

El ballet está implícito en un elevado número de sus partituras, a pesar de que el compositor creó solo tres ballets propiamente dichos. Hasta Tchaikovsky, gran parte de la música de ballet había sido mera búsqueda de efectos sonoros. Leo Delibes abrió nuevos caminos y demostró lo que un compositor realmente diestro podía conseguir. Tchaikovsky admiraba la música de Delibes, y en algunos pasajes del lago de los cisnes, la deuda es evidente.
Sus tres ballets están dramáticamente muy cerca de la ópera, salvando la distancia de que las partes correspondientes a la voz, están dedicadas a los bailarines y no a los cantantes. Cada partitura tiene el equivalente de las arias los dúos y los conjuntos.


El ballet clásico es una forma idealizada de la danza en la cual la bailarina trata de escapar de la tierra y de la atracción de su fuerza de gravedad. Tchaikovsky se identificaba con las cualidades idealizadas del ballet. Hay cierto tipo de homosexual que detesta a las mujeres; hay otro tipo más femenino que ama a las mujeres (excepto físicamente) y piensa como una mujer. Tchaikovsky pertenecía al segundo tipo, y esto ayuda a explicar el sentimiento de identificación expresado por las melodías de gran aliento, orgullosas y sensuales asignadas a la bailarina: El adagio rosa de la bella durmiente. Tchaikovsky y la bailarina eran uno. El mundo del ballet, el mundo romántico y encantado del ballet, su ambiente de oro y terciopelo, sus bellas mujeres, su esplendorosa relación con la realeza, las murmuraciones entre bambalinas, los ritmos flexibles, es algo que reaparece constantemente en su música.

Las suites de ballets

Suite de Cascanueces opus 71.a Por lo general las suites sacadas de los ballets, están por lo general sacadas después de haber estrenado la obra. La de cascanueces fue prevista durante la composición de la obra y su ejecución tuvo lugar antes de la representación de ballet. La suite tiene ocho números: 1-Miniature obertura. 2- Danzas : a) Marcha, b) Danza del Hada Bombón, c) Danza rusa, d) Danza árabe, e) Danza china, f) Danza de las flautas. 3- Vals de las flores.

La suite el lago de los cisnes. La intención de Tchaikovsky de componer una suite a partir del ballet no se cumplió. Han sido los directores de orquesta a lo largo de los años los que han constituido diversas suites de ese ballet en función de sus gustos personales. Los números más corrientemente interpretados son el Vals del primer acto, la introducción del segundo, la Danza de los pequeños cisnes y el Paso de acción con un solo de violín, la Danzas nacionales (zurdas, danza española, mazurca) del tercer acto y la escena final del cuarto.

Suite de la bella durmiente del bosque opus 66a.

Como en el caso del lago de los cisnes, también en esta suite tuvo Tchaikovsky la intención de realizar una suite, pero estuvo indeciso sobre los números que tenía que incluir. Tiene cinco números: Introducción (el hada Carabosse) y escena final del prólogo ( hada de las lilas); Adagio del primer acto; el gato con botas y la gata blanca; Panorama y el Vals del primer acto. Los directores de orquesta suelen seleccionar a veces otros números.

Las óperas. Eugeni Onegin

Tchaikowsky es un entusiasta de la ópera italiana y es incapaz de plantearse los problemas de la declamación realista que inquietaban a los compositores nacionalistas de su generación. En sus óperas, el lirismo lo domina todo.
Dos de sus óperas, Eugeni Onegin y la dama de picas, son elementos del repertorio general.

Eugeni Oneguine de Pouchkin, muestra un realismo delicado y tierno, incluso un nacionalismo elegiaco apto para la romanza amplia y medida. Fue estrenada en 1879 y tuvo un gran éxito. La ópera es desigual como toda la música de Tchaikovsky, abunda en momentos de inspiración bellísima.
Cuando podía encontrar un libreto con una heroína que le provocaba empatía, el resultado era una música de dolorosa belleza. En Eugeni Onegin halló a esa mujer, y así compuso su obra maestra en el campo de la ópera.

Eugeni Onegin es una obra eternamente lírica y elegiaca, y la razón es que el compositor se sintió profundamente atraído por Tatiana. Es una ópera serena, con un final realista, un final que habría contrariado todos los instintos teatrales de Verdi o de los miembros de la escuela verista. Pues el amante, que antes ha repudiado a Tatiana, simplemente desaparece, y el telón cae sobre los serenos recuerdos y la nostalgia en lugar de un coro italiano que clama venganza o  la masacre general de los protagonistas.

Las reflexiones acerca de la ópera ocupan un lugar importante en sus cartas. Podía afirmar que la ópera era un arte falso y al mismo tiempo que había algo en ella irreprimible que atrae a todos los compositores.
Para Tchaikovsky, el estilo de la música teatral debe concordar con el estilo de la descripción escénica: tiene que ser claro, sencillo y colorido. 

Deseaba un libreto que descubriera las emociones humanas intensas alrededor de las cuales pudiera componer música que las ilustrase. “No puedo escribir música que trasunte amor y entusiasmo en relación con un tema dado por real que éste sea si los personajes no suscitan mi simpatía más vivaz. Si no los amo, no los compadezco como aman y compadecen las personas vivientes.”
El amor y la compasión penetran a Onegin, que apenas tiene una nota en su partitura carente de expresión y que trasunta tristeza y una dulzura lacerantes.
Eugeni Onegin, tiene un movimiento melódico constante y una idea sigue a otra: el exquisito dúo inicial, el exaltado dúo de Lensky y Olga, seguido por lo que seguramente es una de la arias de amor más grandes de toda la producción operística de Tchaikovsky  “Ya Liublu vas, Olga”. La escena de la carta de Tatiana es el fragmento más conocido de la ópera, aparte de las danzas orquestales.


Hacia el final de la ópera se encuentra la sorda confrontación entre Tatiana y Onegin. Todo ello en un estilo que debe  muy poco a otros compositores. Nuestro músico había analizado las óperas de Wagner y de hecho utilizó algunos temas, pero lo hizo de un modo elemental. Nada menos wagneriano que Eugeni Onegin, y ciertamente la ópera tampoco extrae elementos de Verdi

La ópera basada en el libreto de Pushkin, es además un cuadro totalmente realista de ciertos estratos de la sociedad rusa. Eugeni Onegin es a la ópera lo que el “jardín de los cerezos” es a la escena teatral.


Con su ópera la Doncella de Orleans cultiva un género de ópera cosmopolita directamente derivada de Rubinstein, mientras que Yolanda acude a una lírica personal más fina.

Sus óperas tienen mucha menos popularidad que sus sinfonías. Trozos de ellas, en forma de ballet han servido a bellos motivos para los programas de Diaghilew.

Tchaikovsky podía componer para la voz, pero casi nunca suministró a sus cantantes partes que favorecieran el exhibicionismo. Verdi sabía llevar al público a los límites del frenesí, pero Tchaikovsky se inclina siempre por la moderación. Verdi y Wagner eran rudos desde el punto de vista musical; en sus óperas, Tchaikovsky se muestra siempre gentil y aquiescente. Lógicamente sus óperas impresionan menos.
 
Su estilo musical refleja su alma atormentada

Los Cinco nunca supieron muy bien que hacer con Tchaikovsky. Se había diplomado en el Conservatorio y componía sinfonías más o menos en el estilo clásico, con desarrollos ortodoxos. Lo cual era suficiente para despertar sospechas. Pero por otra parte utilizaba las canciones populares y su música era innegablemente rusa. Al principio hubo hostilidad entre Tchaikowsky y los Cinco Grandes, pero más tarde el propio Balakirev presentó algunas obras en la Escuela Libre. En todo caso nunca tuvo Tchaikovsky una opinión elevada del grupo.

En esencia lo veían como un conservador incapaz de adherirse a la “verdad de Mussorgsky” . Se amoldaba mucho más a la tradición europea y tenía lo que faltaba en muchas veces a los Cinco, un caudal inagotable de melodías dulces y sensuales. El atractivo de su música viene de esa inagotable riqueza de su invención melódica, realizada por una consumada ciencia de la armonía y del contrapunto, adornada de un brillo orquestal que se señala con un sello bien reconocible.
Esta capacidad melódica le hizo famoso primero en Rusia y después en todo el mundo. Era un tipo de melodía peculiarmente rusa, plañidera, introspectiva, a menudo con resonancias modales, con toques neuróticos, tan sentimental como un grito en la ventana en una noche oscura.

“Puede decirse que, aunque el formalismo sentimental de Tchaikovsky está muy lejos del vigoroso realismo campesino de Mussorgsky, del optimismo épico de Borodin o del brillante magisterio orquestal de Rimsky-Korsakov, su nostálgico recuerdo de la infancia hogareña y familiar, plenamente feliz pero desaparecida, le aproximan a muchos de los doloridos personajes del mundo ruso, encarnados en el teatro de Chejov o en las novelas de Dostoyevsky y Andreiev.” (Andrés Ruiz Tarazona)

Pero es que su música era un reflejo del propio hombre. Un ser nervioso, hipocondriaco y desgraciado. Se ponía nervioso en presencia de otras personas, aterrorizado ante la posibilidad de que su homosexualidad se convirtiese en asunto reconocido por todos. Sus más íntimos secretos solo los confiaba a unos pocos amigos y a su diario.
Tchaikovsky padecía un sentimentalismo excesivo que estaba implícito en todas las notas que escribía y que influía de distintos modos sobre los públicos. Desde el principio la mayoría de los oyentes se complacieron en el baño emocional en que los sumergía el compositor. Otros más inhibidos rechazaban enseguida el mensaje de Tchaikovsky. Muchos entendían que había algo embarazoso, en este tipo de histeria llevada a la música. De este modo, este compositor, tan apreciado por el público, fue considerado por muchos conocedores y músicos, como una mera máquina de sollozar.

En los últimos años se ha procedido a una reevaluación de muchos aspectos admirables de su obra.  Su orquestación, es objeto de general admiración; esas partituras de colores sombríos pero de sonidos brillantes, en las cuales todo está perfectamente calculado. Se estudia la estructura de sus tres últimas sinfonías como un logrado compromiso entre las exigencias de la sinfonía clásica y las nuevas formas impuestas por las necesidades de la época postromántica.



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