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domingo, 30 de marzo de 2014

Otros grandes venecianos: Albinoni, Benedetto y Alessandro Marcello. Italia conquista la musica inglesa con Geminiani. El Virtuosismo de Tartini

Otros grandes venecianos
La musica italiana en Inglaterra con Geminiani
El virtuosismo de Tartini

LOS VENECIANOS: ALBINONI - BENEDETTO Y ALESSANDRO MARCELLO.

 

Y si seguimos la música instrumental veneciana del Siglo XVIII, no podemos dejar de mencionar a otras glorias  de la musica veneciana  que aunque no alcanzaron el renombre de Antonio Vivaldi, son fundamentales para completar el panorama del concierto veneciano.

 

ALBINONI (1671-1750)


No deja de ser curioso que la fama presente de un hasta ayer ignorado compositor veneciano del siglo dieciocho, nazca de algunos breves compases de su pluma (o tal vez ni eso...) aderezados por el musicólogo italiano Remo Giazotto (1910-1998) en un Adagio cuya popularidad ha resultado equiparable a la de muchos de los llamados hits de la música popular. Pese a su carácter espureo estos siete minutos de música sentimental han servido a rehabilitar el nombre de Tommaso Albinoni más que lo que hubiesen logrado largos y áridos estudios musicológicos.

 

Ottoboni, cardenal desde los 22 años, daba frecuentes conciertos en su palacio de Roma. Era un preclaro mecenas y había ayudado eficazmente a Arcangelo Corelli. Albinoni dedicó al cardenal su primera obra instrumental, la serie de Sonate à tre del Opus 1.

 

En estos primeros años de composición, Albinoni no pareció buscar una protección directa de la que pudiese extraer beneficios materiales. Era el aficionado que escribía música como entretenimiento y no para obtener dinero. Por esa época el mismo agregaba a su nombre el título de "musico di violino e dilettante veneto". El músico veneciano unía al desinterés del "amateur" un perfecto conocimiento de la composición musical, por lo que a partir de 1711 comenzó a considerarse un "profesional". Precisamente, luego de esa fecha que corresponde a la publicación de su Opus 6, suprime Albinoni de su título de "dilettante veneto", conservando lo de "musico di violino".

 

Esta modificación parece ligada a las dificultades financieras surgidas luego de la desaparición de su padre en 1708. Se afirma asimismo que el compositor se vio obligado a dar lecciones de canto y que abrió una escuela de renombre.

 

Violinista y compositor reputado, Albinoni, fue en su tiempo reconocido especialmente como autor de óperas. Ya a los 24 años había obtenido resonantes éxitos, en tanto que Vivaldi recién abordaría el género lírico muchos años después.

En 1694 Albinoni inauguró su catálogo con Zenobia, Regina dei Palmironi y durante medio siglo produjo más de cuarenta dramas destinados a los teatros venecianos.

En su época fue famoso compositor de ópera, escribió una cincuentena de óperas, de las cuales 28 se representaron en Venecia entre 1723 y 1740, pero actualmente es más conocido por su música instrumental, especialmente sus conciertos para oboe. Su producción musical incluye 9 opus impresas de las que 5 son sonatas para tres y 4 son de sinfonías o conciertos para cinco. Sobre todo las sinfonías, de destacada originalidad, sitúan a Albinoni, aunque en menor posición, al lado de Vivaldi y de Benedetto Marcello, entre los talentosos músicos del concierto instrumental veneciano del siglo XVIII.

Su música instrumental atrajo la atención de Johann Sebastián Bach, quien escribió al menos dos fugas sobre temas de Albinoni y utilizó constantemente sus bajos como ejercicios de armonía para sus alumnos.

En cuanto a su música instrumental, se halla ligada a un tiempo con la tradición representada por Marcello y con el movimiento renovador emprendido por Vivaldi. En nueve Opus publicados de 1694 a 1722, producción restringida si se la compara con los 450 conciertos de Vivaldi, Albinoni da pruebas de la doble afinidad de su profunda naturaleza. Sobresalen, de todos modos, los rasgos que hacen a un precursor, que al decir de Claudio Sartori, “fue un visionario genial que presintió las innovaciones del romanticismo musical y otorgó a su temática una plástica original que anticipa el estilo sinfónico.

Si son muchos los rasgos en común con su conciudadano Vivaldi, ciertos trazos individuales lo distinguen como contribuyente original del patrimonio sonoro del período que le tocó vivir. Su música, aún en los momentos más jocundos, retiene un aire digno, así como en los movimientos lentos alcanza notable serenidad. Su labor exploratoria no será la de un Vivaldi, pero su fuerza melódica es inusual.

 

De la serie completa de Conciertos Op. 9 y Op. 10 podemos destacar:

El Opus 9, representa el último Opus numerado del compositor bajo el título de Concerti à cinque. Fue editado en Ámsterdam en 1722 y comprende doce conciertos: cuatro de ellos destinados a un oboe solista, cuatro a dos oboes, y finalmente, los cuatro restantes simplemente escritos para cuerdas. Posiblemente sea esta serie la obra cumbre de la producción del músico veneciano.

 

El Concierto en Sol menor, Op. 9 Nº 8 (para oboe) se destaca por la fiereza bajo control de su Allegro introductor de considerable desarrollo temático. El Concierto en Fa Mayor, Op. 9 Nº 3 (para dos oboes) ofrece en cambio, un atractivo Adagio en el estilo de un Siciliano y amplia oportunidad de lucimiento para ambos solistas en los movimientos rápidos. Los Conciertos para violín (Concierto en Si bemol Mayor, Op. 9 Nº 1 y Concierto en Sol menor, Op. 10 Nº 8) son obras de carácter expansivo. En él Concierto en Si bemol mayor el Adagio es amplio e intenso, en tanto que un enérgico Allegro y un gozoso Finale enmarcan a un calmoso Largo en el Concierto en sol menor.

 

No obstante, sobre todo los de violín son conciertos en los que el violín solista apunta tímidamente aún, estando mucho más cerca de los concerto grosso de Corelli que de los Concertos per soli de Vivaldi como se ve en el nº 1 opus 9



 

BENEDETTO MARCELLO. (1686-1739)

 

Célebre compositor veneciano de origen aristocrático, participó activamente en la vida literaria y musical de Venecia, conocido como el príncipe de la música, apelativo que le vino sobre todo por la creación de una imponente colección de 50 salmos, titulada “Estro Poético Armonico”, su más grande y famosa obra. En estas composiciones, insólitas en la tradición musical italiana, Marcello se descubre como un músico vigoroso y dramático. Características que se  encuentran en su música vocal, teatral e instrumental: Los conciertos a cinco, las sonatas para clave, las sonatas para flauta, los oratorios Giuditta y Gioaz , las canzioni madrigalescas e arie per camera , Arianna.

 



 

ALESSANDRO MARCELLO (1684-1750)

 

Coetáneo de Antonio Vivaldi y hermano de Benedetto , aunque de menor fama que él , compuso y publicó varios grupos de conciertos, incluyendo conciertos bajo el título de La cetra (la lira), así como cantatas, arias, canzonettas y sonatas para violin.

 Aunque sus obras se tocan con escasa frecuencia hoy en día, Marcello está considerado como un compositor muy competente. De acuerdo con el diccionario Grove Dictionary of Music and Musicians: «Sus conciertos de La cetra son inusuales por sus partes de instrumento de viento solista, junto con un conciso empleo del contrapunto al estilo vivaldiano, elevando su categoría a la más reconocida dentro del concierto clásico veneciano barroco».

El Concierto en re menor para oboe, cuerdas y bajo continuo es quizás su obra más conocida:



La Exportación de Corelli a Inglaterra. FRANCESCO GEMINIANI (1687-1762)

Encuadrado en el periodo barroco, tuvo como maestros a Alessandro Scarlatti y Arcángelo Corelli.

En 1714 se estableció en Gran Bretaña y se consagró como virtuoso del violín. [Tras el fallecimiento de Henry Purcell a finales del siglo XVII, Inglaterra se quedó sin figuras destacables en el ámbito musical, por lo que fueron compositores extranjeros los que, a lo largo del siglo XVIII, marcaron la evolución musical: Giovanni Bononcini‎ en la ópera, Haendel en la música religiosa, y Giuseppe Sammartini y especialmente Francesco Geminiani en la música instrumental.

De su producción destacan sus concerti grossi opus 2 y opus 3 y El Bosque Encantado. A través de sus enseñanzas transmitió la tradicion, la técnica y el estilo de Corelli en Inglaterra a las generaciones posteriores. Su estilo es más apasionado y expresivo que el de su mentor  Corelli y se basa en la explotación de los recursos virtuosísticos del instrumento. Escribió El arte de tocar el violín, valioso tratado sobre la técnica de violín publicado por primera vez en 1730; aún hoy día se utiliza como manual de consulta por su contenido sobre la interpretación en el siglo XVIII.

Geminiani hizo arreglos de las célebres sonatas para violín Op.5 de Corelli publicadas en 1700. En estas adaptaciones Geminiani mantuvo el material temático y la estructura armónica básica, pero extendió el carácter imaginario de la música por medio de texturas más ricas y el empleo de novedosos desarrollos técnicos. No obstante, la claridad formal y el idioma expresivo de Corelli están cuidadosamente preservados. Geminiani editó otros arreglos de la música de Corelli y de sus propias obras, al parecer, con una intención didáctica. Deseaba que la música de su maestro estuviera disponible para una mayor cantidad de intérpretes de cuerda y no solamente para un solista con un continuo.





TARTINI (1692-1770). El virtuosismo

El violín del siglo XVIII no solo conoce un decisivo paso hacia la profundidad sobre todo de la mano de Vivaldi sino también los grados más exultantes de virtuosismo. Tal es el caso entre otros de Tartini (1692-1770). Su vida agitadísima, crea en torno suyo una especie de aureola demoníaca que parecerá seguir con Paganini en el siglo siguiente. El virtuosismo de Tartini (ya es significativo el de trino del Diablo para su sonata más famosa) se engarza dentro de un gran derroche lirico.

 



 

Dice la leyenda acerca de la composición de esta sonata que fue inspirada por el mismísimo Diablo:

"Una noche, en 1713, soñé que había hecho un pacto con el Diablo y estaba a mis órdenes. Todo me salía maravillosamente bien; todos mis deseos eran anticipados y satisfechos con creces por mi nuevo sirviente. Ocurrió que, en un momento dado, le di mi violín y lo desafié a que tocara para mí alguna pieza romántica. Mi asombro fue enorme cuando lo escuché tocar, con gran bravura e inteligencia, una sonata tan singular y romántica como nunca antes había oído. Tal fue mi maravilla, éxtasis y deleite que quedé pasmado y una violenta emoción me despertó. Inmediatamente tomé mi violín deseando recordar al menos una parte de lo que recién había escuchado, pero fue en vano. La sonata que compuse entonces es, por lejos, la mejor que jamás he escrito y aún la llamo "La sonata del Diablo", pero resultó tan inferior a lo que había oído en el sueño que me hubiera gustado romper mi violín en pedazos y abandonar la música para siempre...."