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martes, 22 de abril de 2014

Papá Haydn: una vida alegre y prodiga. Musica vocal. Obras concertantes. Padre del cuarteto. Sonatas para piano


  • Papá Haydn. Un hombre tranquilo, alegre y prodigo
  • Su Música vocal: Las Siete Palabras. La Creación. Las Estaciones. Misas
  • Obras concertantes: concierto para violoncelo en re mayor; el concierto para clave o piano en re mayor y el concierto para trompeta en mi bemol.
  • Padre del cuarteto de cuerdas
  • Las sonatas para piano

HAYDN (1732 – 1809)

Su vida

Hay una frase del mismo Haydn que nos sirve para definirlo de manera deliciosamente perfecta: “cuando pienso en Dios mis notas surgen copiosas como el agua de una fuente. Si Dios ha querido darme un corazón alegre, me perdonará que le sirva alegremente.” Así es su vida sencilla, alegre y prodiga.

Nace el 1 de abril de 1732 en Rohran, pequeño pueblo austriaco en la frontera con Hungría. De familia muy humilde, después de sus primeras lecciones con el maestro de Rohran, pasó a Viena protegido por Reuter, músico de la corte. Hace todos sus estudios musicales y conoce y se relaciona con el célebre poeta Metastasio y el compositor Porpora. Después de su formación musical, la vida de Haydn transcurre al servicio de los grandes señores austriacos. Primero entrará al servicio del Conde Morzin y después (1761) ocupará pronto una importante función como maestro de capilla de los príncipes Esterhazy, que le exigen una tarea abrumadora.

Por las mañanas Haydn compone, por la tarde ensaya con los músicos y por las noches dirige la ejecución de sus obras. Debido a su carácter alegre, se adapta bien a esta labor incesante y a esta situación de falta de independencia.

En 1781-1782 conoce a Mozart con quien entabla una amistad y admiración mutua. Haydn y Mozart se profesaban reciproca admiración. Mozart no solo dedicó a Haydn su gran conjunto de seis cuartetos (Nos 14 a 19), sino que además lo defendió de palabra y de hecho. De este modo, cuando un pianista de la época actuaba en Viena, se burló de un pasaje de uno de los cuartetos de Haydn con esta frase. “yo no lo habría compuesto de ese modo”, Mozart le contestó: “Yo tampoco, ¿y sabéis por qué? Porque ninguno de nosotros habría concebido tan excelente idea.” Haydn retribuyó esa actitud, y cuando criticaron en su presencia a Don Juan, dijo: “No puedo zanjar esta disputa, pero una cosa sí sé: Mozart es el más grande compositor que el mundo posee hoy.”

A pesar de su alejamiento en el castillo de Esterhazy, la música de Haydn triunfaba y se publicaba en toda Europa. En 1790 cuando muere el príncipe, se libera de 29 años de servidumbre y Haydn renuncia a su puesto, goza de su libertad y visita las principales capitales europeas, especialmente Londres en donde es recibido calurosamente.

En Londres compondrá sus sinfonías londinenses (primera serie de la nº 93 a 98.) Adoptado por Inglaterra, vuelve en 1794 y obtiene el mismo éxito. Otra vez en Inglaterra compone su segunda serie de sinfonías londinenses (99-104).

Rehusando fijar su residencia en Londres, volverá a Viena. Haydn compondrá en Viena aun seis misas, cuartetos de cuerda y sobre todo sus oratorios, La Creación y Las Estaciones.  Papa Haydn, querido entrañablemente por los vieneses, incansables en sus pruebas de entusiasmo, morirá el  31 de mayo de 1809. Moría  poco después de la entrada de Napoleón en Viena, cuando Beethoven, buen admirador suyo, pero impaciente discípulo, está ya en los comienzos de su gloria y del que Haydn ya en 1793 pronosticaba “Beethoven será a su tiempo uno de los compositores más grandes de Europa.

Haydn fue el creador de la sinfonía clásica. Mozart fue el primero en saber cuánto debía en este terreno de la sinfonía a su viejo amigo, y el mismo Beethoven, rindió homenaje al maestro que había abierto la vía hacia el futuro.

Su Obra

Poco dotado para el drama lirico, compone apenas cinco obras de circunstancia de poco interés. Entre su música religiosa encontramos 26 misas, dos Réquiem, varios Motetes y Salmos. Sus oratorios: las Siete palabras de Cristo 1785,  La Creación 1798  y Las Estaciones 1801, orientan el género hacia una concepción más profana, ya romántica y con la búsqueda de efectos descriptivos.

Haydn convierte la Sinfonía en una de las grandes formas de la música instrumental. Escribirá ciento cuatro sinfonías muy clásicas en cuanto a la construcción. Compone una admirable música de cámara y se le puede considerar el  creador del cuarteto de cuerdas: compone setenta y siete y en algunos se deja ver la influencia de Carl Philipp Emanuel Bach así como en parte de sus sesenta y ocho sonatas para piano forte. También compone tríos y divertimentos con parecida prodigalidad.

La Ópera y el Oratorio.

Cinco melodramas y numerosas operas cómicas fueron compuestas de encargo para el teatro del príncipe. Como obras de ocasión se acogen al estilo del tiempo sin intentar ninguna innovación. Y es que Haydn carecía de sentido dramático. Comprendía la necesidad de una renovación y buena prueba de ello es su admiración por las óperas Mozart.

Mucho más interesante es su música religiosa. Tampoco Haydn se sale aquí del cuadro italiano. Pero en las misas, en el Stabat Mater, en las Siete Palabras, nos muestra su beata religiosidad, su serenidad espiritual, que canta las cosas divinas  con el mismo lenguaje encantador de sus obras profanas.




Dos obras de la vejez marcan la culminación de estas formas: Los oratorios: las Estaciones 1801 y la Creación 1798. Estas obras abundan en pasajes que representan algunas de las descripciones naturales más encantadoras que la música puede ofrecer. Una técnica magistral de voces y de los instrumentos, consiguen dar a la dulzura y  la serenidad, un espontaneo halo de grandeza.

En estas obras Haydn pone solo lírica, pero es una lirica sonriente y perfecta para cada situación. Estas obras definen un estado de religiosidad típico de lo mejor de su siglo; son valores católicos de confianza, de ternura, de libertad en la expresión, colocados ya en el mismo comienzo de la tempestad Beethoviana.




Las Obras Concertantes

Al contrario que Mozart, Haydn se interesó relativamente poco por el concierto y practicó este género sobre todo durante su juventud, antes y después de su entrada al servicio de los Esterhazy y con el fin de valorar el virtuosismo de los músicos que tenía a sus órdenes. Los únicos conciertos de la madurez de Haydn y de verdadera importancia son el concierto para violoncelo en re mayor ( 1783) y el concierto para clave o piano en re mayor ( 1784) y el concierto para trompeta en mi bemol ( 1796) a lo que puede añadirse una sinfonía concertante (1792).

De los seis conciertos para órgano y orquesta Hob. XVIII nº 1, 2, 5, 6, 8 y 10, el número 1 en do, es el más atractivo de los seis.


Conciertos para clave o piano y orquesta. Hob XVIII, números 3, 4, y 11 entre los que se destaca el célebre Concierto re mayor Hob. XVIII nº 11


De los tres conciertos para violín y orquesta Hob. VIIa: nº 1 en do, nº 3 en la y nº 4 en sol, el más célebre es el concierto en do mayor nº 1. Escrito solo para una orquesta de cuerda, este concierto sigue sin embargo impregnado a la vez del espíritu barroco austriaco e italiano, como testimonian la factura sonora y temática del conjunto y la frecuencia de sus ritmos con puntillo. El adagio en fa mayor, es uno de los más bellos del joven Haydn.


Los dos conciertos para violoncelo y orquesta Hob VIIb: numero 1 en do y número 2 en re.

El concierto en do mayor  nº 1 es una página extraordinaria. Su final, allegro molto, es un verdadero fuego de artificio, de un impulso y de un ardor que le convierten casi en un movimiento perpetuo si se exceptúa que no es uniforme desde el punto de vista rítmico y melódico.

El Concierto en re mayor nº 2 es uno de los más bellos de toda la literatura violonchelista. Va mucho más allá que el escrito en do en la explotación de las posibilidades técnicas del instrumento. Es una de las obras de Haydn más centradas en la belleza melódica.



Los conciertos para instrumentos de viento y orquesta: para trompa en re mayor  Hob VIId nº 3  y para trompeta en mi bemol Hob VIIc nº 1.

El concierto para trompa es uno de los conciertos más logrados del joven Haydn.

El concierto para trompeta, es de los pocos compuestos en la edad madura. Las cualidades rítmicas, pero también melódicas de la trompeta son explotadas a fondo. El andante cuyo tema nos recuerda el comienzo del himno austriaco que Haydn compondría al año siguiente se hunde ya en pleno romanticismo. Una obra muy popular que no fue editada hasta el siglo XX.



En la sinfonía concertante para oboe, fagot, violín, violonchelo y orquesta en si bemol ( Hob I 105 ) la escritura instrumental es extremadamente rica y en el podemos encontrar un bello ejemplo del interés que Haydn tuvo toda su vida por el fagot.


Los Cuartetos de cuerda:

Fuente: extraído de:


Cito textualmente:

“Para sus contemporáneos y gran parte de los musicólogos Haydn fue nada menos que el “inventor” de dos de los géneros instrumentales que la posteridad acabaría situando como piedras angulares de la historia de la música occidental: la sinfonía y el cuarteto de cuerda.

En un sentido más literal cabría ciertamente atribuirle la invención histórica de procedimientos formales a partir de patrones más o menos establecidos. Pocos géneros como el cuarteto de cuerda permiten ejemplificar esta aportación en toda su dimensión, como si Haydn hubiera practicado este formato como el mejor posible para experimentar con su creatividad.

No hay duda de que el extraordinario talento de Haydn en la manipulación de estas formas musicales de prolongada vigencia histórica fue el legado más preciado que heredaron las generaciones siguientes.

Sus cuartetos de cuerda anticipan muchos elementos estilísticos o prácticas compositivas asociadas primordialmente a otros compositores como Beethoven o Schubert. Así, un recurso central en el mundo creativo haydniano como la técnica de la variación que repite, ornamenta o altera un material dado sin que nunca deje de ser reconocible, es uno de los procedimientos formales que mayor impacto ha tenido en la posteridad. No es casualidad que Johannes Brahms, otro gran amante de la variación, profesara una intensa y continuada admiración por Haydn

Las innovaciones y características de cada una de sus series, agrupan casi siempre seis obras. Dos de las excepciones más notables, ambas datadas a mediados de la década de 1780, son el opus. 42, formado por un único cuarteto, y las nueve piezas de Las siete últimas palabras de nuestro Salvador en la Cruz. Estas composiciones también son excepcionales por otra circunstancia de mayor interés para nosotros: son resultado de encargos que Haydn recibió de mecenas españoles.”


Las últimas obras, los Cuartetos op.76 y 77 y el Cuarteto opus. 103 son, compuestas por un Haydn ya anciano. Por fin, destacamos la influencia que Haydn ejerció en los compositores de las siguientes generaciones a través de los casos concretos de los cuartetos de Mozart y de Beethoven, los otros dos compositores representantes del “clasicismo vienés” incluyendo también a compositores como Schubert, Mendelssohn o Brahms, todos ellos dignos herederos del legado haydniano.


La veloz difusión de muchas series sólo puede entenderse a la luz del surgimiento del mercado musical europeo y el establecimiento de redes de editores con los que Haydn no siempre tuvo una relación fácil; las impresionantes fugas de los Cuartetos opus. 20 son herederas de una tradición propiamente vienesa con la que deben ser vinculadas; los efectos teatrales y cómicos de los Cuartetos opus. 33 no serían tan eficaces sin la intensa actividad operística que Haydn había desarrollado en la década de 1770; los comienzos de los Cuartetos opus. 71/74 serían radicalmente diferentes si no hubieran sido compuestos para los conciertos públicos de Londres; y los Cuartetos opus. 76 y 77 sólo pueden entenderse a la luz del sistema de mecenazgo y la práctica de los salones musicales en la Viena de finales de siglo.”

Fuente: extraído de:


Cito textualmente

“Haydn fue el creador absoluto de la sintaxis musical futura. La sonata para piano, el trío con piano, la sinfonía y, sobre todo, el cuarteto de cuerda tal y como lo practicaron los compositores de las últimas décadas del XVIII, de todo el XIX y de las primeras décadas del XX, proceden directamente de los modelos introducidos por sus obras. Haydn es dios padre para las formas de la música instrumental. Haydn llevó al máximo nivel, en efecto, el modelo de la sonata para piano o de la sinfonía clásica, pero donde su genio se manifestó en todo su esplendor fue en el cuarteto de cuerda.”

Oímos  el opus 17, número 3 y  4, en do menor;

Lo que destaca precisamente del opus 17, número 4, es el tono melancólico y elegíaco, siendo el único cuarteto de Haydn escrito en la tonalidad de do menor, tan habitual años después en Beethoven.


Los seis cuartetos del opus 50 están escritos en 1786-87 y se conocen como prusianos por estar dedicados al monarca y violonchelista Federico Guillermo II de Prusia. No tiene, en cualquier caso, el violonchelo un tratamiento melódico exagerado, aunque sí hay solos situados oportunamente. En 1787 Haydn arregló también para cuarteto de cuerda las Siete últimas palabras, obra que le ligaría para la eternidad con Cádiz y su Santa Cueva. El número 4 en fa sostenido menor, la misma tonalidad que la citada Sinfonía de los adioses, contiene, como ha escrito Charles Rosen, "el movimiento final en forma fusada más excepcional de Haydn, en el que el elemento de exhibición académica presente en casi todas las fugas clásicas se confunde finalmente con el patetismo".


Los opus 76 son de 1797, la época del genial oratorio La creación. El número 4 en si bemol mayor posee, según José Luis Téllez  "uno de los más intensos movimientos lentos jamás escritos por Haydn, en forma sonata de trazo muy libre sobre un tema único que a la vez que se expone se desarrolla, mientras los dos movimientos conclusivos entremezclan aires de danza de una energía casi rústica con episodios de inquietante oscuridad que terminan en una agitación frenética". El nº 3, es el conocido como Emperador


Los cuartetos de cuerda son la expresión más depurada y emblemática de la música de cámara. Desde 1770 hasta la muerte de Schubert vivieron su edad de oro.

Haydn se topó con una forma musical que hasta entonces no estaba muy desarrollada en las primeras luces del Clasicismo. El avance compositivo de Haydn consistió en convertir al humilde cuarteto en un especial vehículo de concentrado progreso en el discurso musical.

Nacidos como encargos, como regalos, como consumación o apoteosis del estilo, los cuartetos de Haydn son un ejercicio sin par de contrapunto, unión, diálogo, armónica conjunción, etc., de las distintas (cuatro) voces de cuerda de tal agrupación.

Las Sonatas para piano

Fuente: extraído del magnífico análisis de:


Cito textualmente:

“El esquema formal de las sonatas de Haydn no difiere del empleado en sus cuartetos o sinfonías: se tiende a las tonalidades mayores, según el ideal de conversación galante.

Se organizan en tres tiempos. El segundo o tercero son minueto Tiempo de minueto en las primeras sonatas, pero después se convierte en complejas arias elaboradas, en forma ABA.

Temas primero y segundo sin demasiado contraste, incluso en las sonatas más elaboradas. Monotematismo.

Haydn comenzó su carrera como compositor de música para tecla en el cémbalo, aunque se sabe que hacia 1788 ya tenía un fortepiano. Rápidamente, lo prefirió. Y eso hizo evolucionar su estilo desde planteamientos no muy lejanos a los de Galuppi o Scarlatti, Rameau o Forqueray. No obstante, la mayoría de sus sonatas fueron concebidas indistintamente para uno u otro instrumento, y nunca abandonarían del todo la digitalidad clavecinística.

Su carrera estilística se puede resumir en tres etapas: 

Primeras sonatas: pueden interpretarse tanto al cémbalo como al fortepiano, ya que no exigen muchos cambios de  dinámica. De hecho, se llaman aún Partitas. Son sonatas solemnes, con tempo moderato o allegro moderato en el primer tiempo.

La sonata Hob XVI: 44 en sol menor, escrita sobre 1768, es una de las más interesantes de este periodo, porque conecta con las ideas del Sturm und drang: comunica, con gran expresividad, un material musical bastante común, siendo el resultado final de gran contraste y eficacia



Las sonatas del segundo periodo fueron dedicadas en su mayoría al príncipe Esterházy. Entre ellas se encuentra la sonata en do menor, hob XVI: 20, que, como la sonata en sol citada antes, representa los ideales expresivos del Sturm und drang, cuya repercusión posterior llevaría al Romanticismo. Se trata pues de una obra sorprendente, en la que se oponen registros, modulaciones abruptas, movimiento direccional enérgico y aspecto contrastante.




 Existe un tercer momento o periodo de publicación de sonatas de Haydn. Curiosamente, sólo constan de dos movimientos. El idioma va evolucionando hacia la comprensión del fortepiano, sin embargo, algunas de estas sonatas fueron revisadas y publicadas como trío de cuerdas.

Las últimas seis sonatas, compuestas entre 1789 y 1795, representan la culminación de su pianismo. Se han comparado con las sonatas de Beethoven, aunque algunas de ella, como la nº 59 recuerdan a las de Mozart. En las últimas sonatas, la complejidad técnica y el grado de virtuosismo exigido al intérprete aumentan considerablemente. Son  sonatas extraordinarias, dedicadas a la célebre virtuosa Therese Jansen, alumna de Clementi. ¿Quizá fue el hecho de contar con una intérprete de tal categoría lo que permitió a Haydn desplegar una técnica virtuosística equiparable solamente al ingenio y la creatividad melódica armónica con el que convirtió estas obras en productos geniales?

Acordes extensos y sonoros. Saltos, dobles notas, octavas, octavas partidas, staccatissimo. Demostraciones de bravura

Páginas llenas de sorprendentes referencias a la escritura orquestal, que transmiten incluso el propio idiomatismo orquestal. (De esto ya había precedentes en algunas sonatas anteriores).

 Sonata en Do mayor, la nº 50: sonata monotemática, con un último movimiento en forma de scherzo tenso, cortísimo, que da una cierta asimetría compensada a la pieza, ya que la longitud mayor del primero queda equilibrado con la creatividad desplegada en el tercero.


La sonata en Re, la nº 51, consta de solo dos movimientos. Su unión parece incoherente. Tal vez fueron concebidos como piezas independientes.


Variaciones en fa menor.



Fantasía en do mayor.: incluye un sorprendente glisando en notas dobles que ya implica la acción del brazo en la ejecución.


La sonata en Mi Bemol, nº 52 (1794)

(Escrita para y dedicada a Therèse Jansen)

Quizá sea la más genial y acaso la más famosa de toda la producción de Haydn. Es una obra en tres movimientos, bien equilibrada y proporcionada: los dos movimientos extremos, en forma sonata, arropan a un movimiento intermedio en forma ternaria. Los modelos formales están ya establecidos para las próximas décadas.

En esta sonata se ve muy claramente la cuestión de la escritura orquestal: los fortes son tuttis y las secciones monódicas, imitación de un instrumento solista de este conjunto. De cada pasaje a solo puede inferirse un personaje de la orquesta, porque cada uno de ellos tiene su propio carácter y timbre. La imitación de otros instrumentos es tan clara, y la experimentación de Haydn tan rica y avanzada que cabe preguntarse cómo, en los restantes 14 años de su vida, no hizo avanzar aún más esta música para teclado.

Quizá porque ya no podía tocar con la soltura de su juventud. En todo caso, resulta sorprendente que, de manera autodidacta, llegara a concebir estas novedades, intuiciones que desafían a la ejecución de cualquier pianista contemporáneo aún más que las últimas sonatas de Mozart, y que trascendían las posibilidades de cualquier instrumento de su época.”
W. Backhaus (live 1957) Piano Sonata No 52 in E flat major, Hob 16 52


En la próxima entrada, analizaremos su ingente obra sinfónica, nada más y nada menos que 104 sinfonías.