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sábado, 26 de abril de 2014

Musica española en el siglo XVIII


Influencia del italianismo en la musica española del siglo XVIII y reacción al mismo
El Siglo XVIII es el siglo de la música italiana. Junto a la invasión del melodrama se presentan ya típicas reacciones de nacionalidades musicales.

Sin embrago no este el caso de España. En general el panorama musical español es modesto. Todo lo que en Europa tiene aire de gran polémica se da en España, pero minimizado. La celebridad por ejemplo de Esteban Arteaga está reducida en el panorama de la ópera Italiana y sus concepciones nada tienen que ver con reacciones típicamente españolas.

La música religiosa sigue siendo el centro en torno al cual giran todas las polémicas. Aun en el siglo XVIII se sigue viviendo de la polifonía clásica. El P. Feijoo reacciona contra el italianismo y propugna la sencillez en el canto eclesiástico.

La reacción española frente al italianismo no tiene pues aires de grandeza. La misma tonadilla se presenta como reacción casticista, peldaño inferior siempre al del nacionalismo. No se daban las condiciones necesarias para una reacción enérgica.

 Solo al terminar esta época, con Goya por una parte y con Manuel García por otra, adquiere lo español fuerza de originalidad. Desde la mitad del siglo XVIII la canción y la danza van tomando caracteres de específica singularidad y Andalucía tiene ya un repertorio del que va a nutrirse todo el españolismo del siglo XIX.

 
El Teatro: La Tonadilla.

 No contamos con materiales suficientes para una historia del teatro lirico en los siglos XVII y XVIII. Subirá nos da un análisis de “celos del aire matan” de Calderón de la Barca , y se conserva la música del primer acto, de Juan Hidalgo. La música de Hidalgo enuncia con toda claridad el tipo de recitado, pero no dibuja el tipo de aria.

Aquí tenemos ya la zarzuela, genero mixto de palabra y canto pero no apto para presentarla como germen de lo que después querrá ser la opera española y de lo que fue la zarzuela en el siglo XIX.

Con la llegada de los Borbones, el italianismo invade la vida musical española. El cantante Farinelli, llega a ser protagonista de la vida política. El año 1703 viene a Madrid la primera compañía italiana de ópera y desde entonces se plantea la lucha entre los dos teatros.

 
No puede olvidarse que los mismos compositores españoles se pliegan totalmente al patrón italiano. Paralelamente la guitarra de Fernando Sor (1778-1839) recoge toda la música dieciochesca y el instrumento español cumple una perfecta misión cortesana.

 La tonadilla, típico teatro español del siglo XVIII, tiene su origen en los clásicos entremeses del teatro español. Asume en el siglo XVIII aires de descarada y castiza protesta contra el italianismo, y es un episodio más de aquella lucha divertida y pequeña que políticamente simboliza el motín de Esquilache.

 Don Ramón de la Cruz, al construir obras de Teatro despojadas de toda mitología, obras de costumbres, prestó su inestimable apoyo al teatro lirico popular. Entre el italianismo, los entremeses, las danzas y el sainete, se fragua la tonadilla escénica, que sin lograr un acento de hondo nacionalismo, tiene la viveza, la gracia, el donaire de lo espontaneo.

 La tonadilla es una breve obra de teatro, un monologo a veces, montado sobre caricatura de costumbres de la época. Usa  la orquesta como acompañamiento, desterrando la guitarra. Lo que más puede interesar hoy no es el italianismo en su acompañamiento sino los acentos populares, las danzas, la adaptación lirica al verso castellano.

La gran zarzuela del Siglo XIX, la menos italianizada, la que da origen al género chico, la más teatral por tanto, encuentra su fuente de vitalidad en la tonadilla, cuyo estudio debemos a  Subirá y Cotarelo.

 
La Música instrumental.

Tarde y muy débilmente, llega la música de Viena. La música de cámara de Carlos IV, que gustaba de tocar en el cuarteto, recoge un poco de la corriente europea simbolizada en Haydn.

Es cierto que una serie de catástrofes hacen casi imposible la formación de un panorama de la música instrumental en siglo XVIII, catástrofes que resume así Anglés : “ Con la quema del Palacio Real de Madrid en 1734 y la del conservatorio madrileño con su riquísimo archivo musical y con la repetida quema del teatro de Santa Cruz en Barcelona, de los archivos musicales de Montserrat a principios del siglo XIX, durante las guerras napoleónicas, y la de tantos monasterios  españoles del año 1835, se redujo a cenizas el patrimonio instrumental de nuestra música del siglo XVII y XVIII.”

Las capillas de las catedrales siguen siendo el centro de la actividad musical.

Los organistas pasan un poco a segundo plano, derrotados por la entrada de las orquestas. Fray Antonio Soler (1729-1783) es la figura más interesante del siglo. Sus obras de clavecín y de órgano recogen con mucha personalidad y no sin algún rasgo de casticismo el estilo italiano. Maestro de capilla del Escorial, hace también muy digna y muy fina música religiosa. Las sonatas y los quintetos se incluyen en la mejor música de la época. De las sonatas del padre Soler a las de Mateo Albeniz, por ejemplo hay una misma línea de italianismo con una pequeña progresión hacia expresiones más castizas.

En cuanto a la estancia madrileña de Doménico Scarlatti  y de Boccherini,  aún está  por hacer respecto del primero un estudio de su españolismo, estudio que ha tentado a Manuel de Falla y a Joaquín Rodrigo. Ese españolismo ha permitido dar un cariz especial a toda la música española del siglo XX. Menos influencia tuvo en este sentido la música de Boccherini, aunque en el aspecto puramente instrumental la música de cámara española durante todo el siglo XIX, gire en torno a ese pálido neoclasicismo que solo en el malogrado Juan Crisóstomo Arriaga estuvo a punto de superarse.