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viernes, 18 de abril de 2014

Mozart: Serenatas y Conciertos - Musica de camara y Sonatas para piano


  • Serenatas y Divertimentos. Serenata nocturna, Serenata Haffner y Posthorn y Pequeña música nocturna
  • Los Conciertos y Obras Concertantes. Conciertos para violín. Sinfonía Concertante. Conciertos para piano. Concierto para clarinete
  • Oberturas Operísticas
  • Música de Cámara. Cuartetos. Adagio y fuga en do menor K 546 y Oda fúnebre
  • Sonatas y Fantasias para piano
  • Las Influencias de Mozart. Johann Christian Bach y Haydn
  • Estilo musical

 Serenatas y Divertimentos

En el siglo XVIII se emplearán de forma indiferente ambos términos. En este género con Mozart tenemos la impresión de encontrarnos en la frontera de otras cosas: la formación requerida puede ser reducida e incluso reservada a algunos instrumentos, especialmente los de viento o poner en marcha medios que son casi los de una sinfonía. La confusión es fácil. La pequeña música de noche, es el canto del cisne de un género que iba a ir desapareciendo poco a poco ante la sinfonía. Culminación de un género, obra maestra de equilibrio y elegancia. Las dos grandes serenatas, Haffner y la Posthorn, son extraordinarias por su chorro melódico y por su exuberancia y marcan las cimas de un itinerario tan atractivo como apasionante.

Serenata nocturna en re mayor K 239
Serenata Nocturna K 239


Serenata Posthorn en re mayor K 320


Eien Kleine Nachtmusik (Pequeña música de noche) en sol mayor K 525



 Los Conciertos y Obras Concertantes

Los siete conciertos para violín son composiciones destinadas a su uso personal. En ellos Mozart se muestra menos innovador que en sus conciertos para piano, pero se adapta con una asombrosa habilidad al gusto del día, al estilo galante influido por Francia. El concierto nº 5 es sin duda el más célebre y el más acabado de la serie. Las posibilidades del instrumento son explotadas al máximo y más que en los anteriores, pero siempre sin llegar a un virtuosismo ostentorio e inútil.


La Sinfonía Concertante en mi bemol mayor K 364. Está escrita para violín y viola. Esta página celebre y magistral muestra hasta que punto la estética de Mozart evoluciona sin cesar. A la riqueza de la escritura orquestal, magnificada por esa tonalidad en mi bemol mayor tan amada por el músico, solamente le iguala la belleza de las melodías desplegadas en un dúo de una gran nobleza por los instrumentos solistas. El segundo movimiento es una canto casi elegiaco, uno de los momentos más bellos e inspirados de la música de Mozart que nos sumerge de pleno en el romanticismo. Cuando se escucha repetidamente podemos evocar los recuerdos del segundo movimiento del Concierto para violonchelo en la mayor Wq 172 de Carl Philipp Emanuel Bach.


El Concierto para clarinete y orquesta en la mayor K 622. Año 1791, a Mozart solo le quedan unos meses de vida. Es el año de las grandes obras maestras, el último concierto para piano, el quinteto de cuerda K 614, al que ilumina una inesperada alegría, el motete Ave Verum K 618, la clemencia de Tito, la Flauta Mágica y el Réquiem.

El clarinete, una de las más bellas conquistas de la orquesta del siglo XVIII y que Mozart  va a explotar al máximo de sus posibilidades en este concierto. Su sonoridad de plenitud inimitable solo igualada por su ternura y la flexibilidad de un canto que nos hace olvidarnos del virtuosismo. Fue escrita para un hermano francmasón y constituye un himno a la fraternidad universal.


 Los conciertos para piano

El concierto para piano es una forma desarrollada por Mozart hasta que adquirió amplitud sinfónica, y después del K.271, no hay uno  solo de sus conciertos que no exhiba una forma especial de elocuencia y de acabado virtuosismo; algunos son alegres y felices, como el concierto en si bemol K.595, o el concierto en la mayor K.488, incluso con su elegante movimiento lento; otros resultan sombríos y románticos, por  ejemplo el concierto en re menor.

Cuando Mozart compone su primer concierto para piano a los diecisiete años, el género ya tenía medio siglo y estaba repartido en tres escuelas: Alemania del Norte, en la que reinaba Carl Philipp Emanuel Bach y que atribuía al solista y a la orquesta un papel equivalente y las de Viena y Londres cuyos portavoces, Wagenseil y Johann Christian Bach, daban preferencia al solista. Al contrario que los compositores galantes que destierran el movimiento lento, juzgado demasiado serio, Mozart adoptará por regla general una estructura tripartita: un primer movimiento en forma de sonata, exposición-desarrollo-reexposicion, estando concebido el desarrollo como una transición antes de la relación de la tensión propia del final; un movimiento lento, andante, andantino, romanza, con variedad de formas de expresión desde lo elegiaco hasta la lo trágico; y un final por lo general un rondó, donde el solista se luce como virtuoso.

Más numerosos que en cualquier otro compositor los conciertos de Mozart son de una variedad y una riqueza que constituyen un ejemplo en la historia de la música y van a ser los padres del concierto moderno.

En algunos conciertos (el de flauta y arpa en do mayor K 299 y los últimos para piano) se llega a una tensión  expresiva muy cercana al romanticismo.









 
Oberturas Operísticas

Se puede discutir lo fundado o no de separar una obertura de una ópera de su contexto dramático para llevarla al concierto. Sea como fuere Mozart no se oponía a tal práctica.

Incluso cuando se está cansado de oírlas aisladas, las oberturas de las óperas de Mozart guardan tesoros en su infinita variedad. Fueron compuestas frecuentemente una vez que la opera estaba acabada. ¿Es esta la razón de su perfecta adaptación musical y expresiva a los dramas de las que son preludio?

El Rapto del Serrallo K 384, Las bodas de Fígaro K 492, Don Juan K 527, la Flauta mágica K 620.


 Música de Cámara

En el fondo la música instrumental cabe dentro del concepto de música de cámara. Si tomamos las ilustraciones de los manuales de historia de la música vemos el mundo cortesano de la música de cámara. Mozart aporta a ese mundo, en primer lugar, la fabulosa riqueza de las combinaciones instrumentales.

No se trata solo de la música en el salón, pues no olvidemos que en el mundo cortesano el jardín como inseparable del palacio, es una prolongación de ese salón. A el van dirigidos tantas músicas de Mozart que se pueden unificar bajo el título de Serenatas

Los instrumentos de viento entran de lleno en este estilo y técnica. A ese mundo cortesano, Mozart aporta no solo una inspiración que rebasa lo puramente ornamental sino también esas intuiciones prerrománticas por las supera el mundo que le rodea. Por ejemplo una obra construida con apariencia de serenata, como el quinteto para clarinete, alcanza una cima de auténtica  expresividad, que será imitada un siglo más tarde por Brahms.

Los cuartetos y tríos de Mozart son de una fabulosa riqueza instrumental. La dedicatoria a Haydn de un buen grupo de ellos, indica la plena adhesión a lo que significa la forma sonata. La vocalidad también es menor  y el ligarse de manera muy honda al mundo instrumental, en su combinación más depurada, supone un gran paso hacia la inspiración temática  de la que tanto aprenderá Beethoven.

El primer gran compositor que realmente significó algo para Mozart fue Haydn y el joven Mozart estudio cuidadosamente los seis cuartetos del Óp. 33 y los usó como modelos de su soberbia serie de seis cuartetos que compuso entre 1782 y 1785. Mozart mostró su agradecimiento dedicando las seis piezas al maestro austriaco. “aprendí de Haydn a componer cuartetos” y cuando Haydn escuchó esos cuartetos en el hogar de Mozart en Viena su reacción fue típicamente generosa “Ante Dios y en mi condición de hombre honesto- le dijo a Leopoldo Mozart- , os digo que vuestro hijo es el compositor mas grande que he conocido personalmente o de nombre.”

Los seis cuartetos 1782-1785 dedicados a Haydn


El Adagio y fuga en Do menor, K 546 se incluye muchas veces en el catálogo de la música masónica de Mozart y, aunque fue interpretado en varias ocasiones para los servicios masónicos, no pertenece estrictamente al canon de la masonería, ya que fue compuesta con otros propósitos. Fue escrita como una reflexión estética sobre una partitura anterior de estilo contrapuntístico.

El Adagio y fuga es una pieza dramática que demuestra el efecto que produjo en la imaginación de Mozart el estudio de la obra monumental de Bach y supone, además, un presagio de muchas de las invenciones de Beethoven, sobre todo en los aspectos más retóricos de la obra del músico de Bonn. Oímos en tres versiones esta maravillosa musica, matrimonio perfecto entre Bach y Mozart


 La oda fúnebre para un funeral masónico.


Sus Sonatas para piano.

El piano ocupa un lugar central en la extensa producción de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), y no solo por las 18 so­natas que compuso, sino también por el centenar aproximado de composiciones destinadas al teclado: variaciones, fugas, pie­zas misceláneas y arreglos de todo tipo, por no mencionar su participación en los géneros de cámara o como solista en los conciertos.

Sin embargo, el corpus de sonatas destaca como un grupo singular que, desde el siglo XIX, forma parte regular del repertorio de todos los pianistas. El éxito histórico de estas obras radica en la naturaleza misma de la música: para el apren­diz son piezas de una dificultad asequible que le proporcionan ejemplos para desarrollar su técnica interpretativa. Pero la sen­sación de facilidad que transmite la escritura mozartiana no se corresponde con la realidad de una música que, como conoce el pianista profesional, exige grandes dosis de delicadeza y clari­dad en su ejecución. Vistas en su conjunto, estas sonatas pueden agruparse en cua­tro colecciones.

El primer grupo corresponde a las seis Sonatas KV 279 a KV 284 compuestas en Múnich a comienzos de 1775 cuando Mozart ya disfrutaba de una considerable fama.

El se­gundo lo conforman las tres Sonatas KV 309, KV 310 y KV 311 escritas en Mannheim y París entre finales de 1777 y principios de 1779, un viaje que a la postre no cosechó los éxitos que espe­raba.

El tercer grupo se enmarca en su etapa vienesa tras la de­finitiva ruptura con Colloredo a comienzos de los años ochenta (y no en la década anterior, como se venía creyendo), y se com­pone de las cuatro Sonatas KV 330 a KV 333.

Tras la Sonata KV 457 de 1785, el último grupo de sonatas data de los años finales, 1788-89, comprendiendo las catalogadas como KV 533, KV 545, KV 570 y KV 576, en las que sintetiza su breve pero intensa ex­periencia en la composición sonatística para el teclado.



Podríamos encontrar en Mozart una música más premonitoria del romanticismo pianístico que esta fantasía en do menor?  Desde el futuro se oyen los ecos de Beethoven y también de Schubert.



 

Las Influencias de Mozart

Johann Christian Bach.- El más cercano en el ideal pianístico de Mozart. Su admiración es evidente cuando cita algunos de los temas de J.C. Bach en su música. Sentía gran respeto por él, y al parecer era mutuo.

Joseph Haydn.- Su segunda gran influencia después de J.C. Bach. Más en los cuartetos de cuerda y las sinfonías que en la música para piano. Se dice que las sonatas para piano de Haydn son más revolucionarias que las de Mozart, y que Mozart busca la perfección dentro de la estructura. Sus progresiones tonales son moderadas comparadas con las de Haydn, en cuyas sonatas la tonalidad es vaga, buscando la sorpresa y variedad, y sus armonías resultan en cambios de tonalidad dentro de un movimiento. Las modulaciones de Mozart, (con pocas excepciones como las fantasías y la sonata K.310, por ejemplo) siempre se encuentran dentro de la lógica de la estructura y emplea pocos efectos sorpresivos. Sus tonalidades más usadas son Do, Re, Fa, Mib y Sib.

Las obras de madurez de Mozart parecen un cuadro de honor: El quinteto para clarinete, el divertimento  en mi bemol, las Misa en do menor y el Réquiem, los dos cuartetos para piano, los diez últimos cuartetos para cuerdas, los cinco grandes quintetos para cuerdas, las sinfonía concertante para violín y viola, la serenata para trece instrumentos de viento, las seis últimas sinfonías, el concierto para clarinete, el adagio y fuga en do menor. Estas obras reunidas forman un cuerpo musical en el cual la forma, la expresión, la técnica y el gusto alcanzan una altura sin precedentes

Estilo musical

Oír la música de Mozart es simultáneamente fácil y difícil. Fácil a causa de su elegancia, su melodía interminable, su organización clara y perfecta; difícil, por su profundidad, su sutileza y su pasión. Parece extraño decir de un compositor que comenzó a componer a los seis años y vivió solo hasta los treinta seis, que se desarrolló tardíamente, pero así fue.

Pese a su elegancia, pocas obras tempranas del genio exhiben la personalidad, la concentración y la riqueza que se manifestaron en su música después de 1781. Obras como la pequeña sinfonía en la mayor (K 201) y la Sinfonía en Do Mayor (K 338) son excepciones.

1781 marca su ruptura con Salzburgo y ese año señala el periodo de madurez de Mozart, y prácticamente  todos los trabajos que produjo después son obras maestras. En Viena Mozart ya no está atado a nadie, y parece que desapareció un gran bloqueo psicológico. Su música es ya más segura, profunda, brillante y enérgica. Algunos de sus contemporáneos la califican de una música excesivamente complicada y difícil de seguir.

Veamos el juicio que hace el eminente violinista Karl Ditters Von Dittersdoff (1739-1799) que admiraba a Mozart. Su mente convencional se sentía conmovida y chocada: “Nunca he conocido a un compositor con tal riqueza de ideas. Casi desearía que no las empleara tan generosamente. Deja sin aliento al oyente, pues apenas él ha aprehendido un pensamiento bello, cuando otro de mayor fascinación rechaza al primero, y esto continua a lo largo de toda la obra, de manera que es imposible retener una cualquiera de estas hermosas melodías”.

Ahora, en nuestro siglo, con las grabaciones y los conciertos que incluyen, se tiende a olvidar que durante la década de 1780 el músico no podía tener la certeza de que la primera de que la vez que oía una pieza no fuera la última. No había tantos conciertos. Una obra musical debía ser asimilada de inmediato, probablemente ni siquiera se imprimía. Antes de Beethoven y los románticos, un compositor no podía tener la seguridad razonable de que se publicaran la totalidad de sus principales obras.

Otros opinaban que la música de Mozart era demasiado condimentada, discordante, que sus óperas tenían un pentagrama recargado en exceso. Demasiado bello para nuestros oídos y “excesivo número de notas mi querido Mozart” como dijo Joseph II.

El desarrollo musical de Mozart estuvo condicionado por su padre y por compositores como J.C Bach y CPE Bach. Fueron los años en que el joven Mozart producía enorme caudal de música en el mejor estilo Galante, bien perfilado, melodioso, y no muy impresionante

Después llegó la influencia de Bach y Haendel y sobre todo del primero, cuya música conoció a través del entusiasmo del Barón Gottfried Van Swieten. De esta forma escribe Mozart a su padre: “todos los días a las 12 voy a casa del Barón donde se toca solo a Bach y a Haendel. Cuando Constanze escuchó algunas de la fugas, se enamoró absolutamente de ellas. Ahora solo desea oír fugas…Bien a menudo ella me escucha tocar fugas que acabo de inventar y me pregunta si nunca las escribo y cuando le dije que no, me reprendió severamente porque no registraba algunas de mis composiciones en la más artística y bella de todas las formas musicales.”

Precisamente después de sufrir la influencia de Bach aparece la textura polifónica en la música de Mozart. La polifonía de Mozart no es la de Bach, pero Mozart se inspira en Bach para introducir toda suerte de recursos contrapuntísticos, todos empleados  con seguridad y confianza perfectas. Y la culminación es el último movimiento de la sinfonía Júpiter, donde se alinean temas contrastantes, se los encauza y se los lanza en el tramo final en uno de los más gloriosos resonantes y abrumadores pasajes de la música.

Lo que siempre distingue a la música de Mozart es su proporción y su justeza; su gusto, si así se prefiere. Todo esto, un caudal inagotable de melodía unido a un sentido armónico sumamente audaz, completamente desarrollado, la sensibilidad para la modulación, constituyen la marca infalible del compositor importante. La mediocridad se mantiene cerca del punto de partida, y carece de la imaginación de la audacia necesaria para pasar de una clave a otra. La falta de riqueza armónica es lo que determina que tantas obras del siglo XVIII nos parezcan aburridas, por esa incesante armonía dominante de la tónica. Bach poseía imaginación armónica lo mismo puede afirmarse de Mozart.

En una obra como la Sonata para violín en mi bemol K.481 tocan todas estas claves: la bemol, fa menor,  re bemol, do sostenido menor. Algunas de sus piezas tardías para piano, por ejemplo el adagio en si menor, poseen una textura que realidad anticipa a Chopin, por su variada estructura de claves.

Todas las virtudes de Mozart, su ternura , su alegría y buen humor , su amabilidad y simplicidad que son los rasgos de su carácter se reflejan en su música en la que una fresca melodía , llena de seducción es el elemento esencial. Su fraseo aéreo y limpio, recorre milagrosamente sin esfuerzo aparente toda su música. Sus obras tienen un espíritu ligero y perfectamente equilibrado que llegan en muchos momentos al patetismo. De una desconcertante precocidad que no tiene equivalente en la historia de la música. Dotado de una inagotable facilidad, Mozart sin mostrarse innovador, está dotado de genio tanto para el drama como para la sinfonía. Mozart fue sin duda el milagro de la música. El hombrecito de Salzburgo, más proteico que Bach desde el punto de vista musical, más aristocrático que Beethoven, puede considerarse el músico más perfecto, mejor equipado y más natural que el mundo ha conocido.